domingo, 24 de marzo de 2013

Contando Desde Seis: Surco.


I. ¡Y EXISTE TÚ! ¡ELLA! ¡MI PERDICIÓN CON SU BELLEZA DE DIOSES GRIEGOS! ¡QUE DIOS PERDONE MI DESEO! ¡Y QUE MI AMOR SEA CASTIGADO!

I.I. Existió el Amanecer donde peque, existió el Atardecer donde rogué por perdón y en Alba, la tentación vino a mí.



Se respiraba el silencio, el cielo era del más pulcro azul y las espigas de un verde excesivamente claro se meneaban de un lado a otro por la ligera briza que corría, más allá de la pradera con sus flores silvestres: tulipanes de un intenso rojo, lavandas, lilas y azucenas blancas, se alzaba el mar que no se veía y rugía con furia ciega, la espuma de las olas que se reventaba con ellas, quería alcanzar el pulcro azul del cielo alzándose por el risco. Atrás más allá de la pradera con las espigas verdes, los tulipanes rojos, lavanda y lila se halla una casa, una pequeña casa de una sola planta, su techo de doble vertiente de teja café, tostada por el sol… el sol, alce la mirada al cielo… no había nada, no había sol, pero la tierra estaba tibia y húmeda a la vez. Regrese la mirada a la casita con techo de doble vertiente, con dos ventanas a cada lado de la puerta de madera, debajo de las ventanas que cubrían lo que a dentro había con cortinas blancas había unas pequeñas macetas de barro con rosas blancas, rosas con abundantes pétalos.
En mi pecho una intensa felicidad se albergó, tan intensa que me hizo dar un pequeño salto para correr a la orilla que se hallaba más allá de la pradera junto al mar, note que mis pies estaban descalzos y que la punta de mis dedos tacaban las espigas al pasar, podía respirar como no recordaba haberlo hecho y tenía una leve sonrisa en los labios.
La sonrisa se hizo risa, risa leve que precedía lo que sentía. Note que llevaba  un vestido blanco sin mangas que se movía al vaivén del  viento. Me detuve en el filo del risco para ver una ola estallar justo frente a mí y subir al cielo.
-¡Mamá! –grito una voz infantil, gire en puntas y la vi, una pequeña pelirroja de ojos negros y brillantes caminaba casi  saltando hacia a mí, con un ramo de tulipanes y una corana de pequeños frutos rojos en el pelo. Di un paso hacia ella, antes de que una sombra invadiera el lugar y todo, todo quedara completamente gris y así enfrente lo impensable se fijó en mí, y me hizo dar un paso hacia atrás donde una ola me abrazo y llevo al fondo, al fondo del furioso mar.
Desperté con la sensación de estar ahogándome, me lleve una mano a al cuello y vi el techo blanco de la habitación.
Y sentí las lágrimas correr saladas por mis mejillas hasta la raíz de mi cabello.
Me levante de la cama y camine a al baño sin pensar ni un segundo en el sueño, había algo que quería conservar de él... La sensación de poder respirar.
Abrí la llave y deje que la tina se llenara con agua caliente hasta más de la mitad después con fría tan solo un poco. Tome una pequeña botella de esencia de vainilla y otra de lavanda. Mientras me metía suspire al sentir el calor llegar a todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo.
Recargue la cabeza en el filo de la tina, cerré los ojos, para no encontrar la oscuridad esperada si no un par de ojos verdes. Bastante expresivos.
Enarque las cejas para después sumergirme completamente en el agua. Vi la luz desde el fondo y como las burbujas salían de mi nariz, la misma sonrisa se formó en mis labios como en el sueño.
Salí de la tina, camine después de secarme al armario. Encontré un short mezclilla que me puse rápidamente, después una camisa color beis de tirantes gruesos y otro color morado sobre esta, encontré una cadena con un montón de brillantitos y me la puse. ¿Quién fregados compro esto?
Salí de mi habitación y mire a un lado, al otro no porque había una pared... Recordé el techo blanco de mi habitación y decidí hacer algo con él.
Ese fue uno de esos impulsos en el que corres al garaje por una escalera que colocas después de mover tu cama justo debajo del techo donde quieres que la pintura dorada y negra que tienes,  por la cual fuiste hasta tu estudio junto un pincel número cinco y otro dos se conviertan en un hermoso árbol, en  parte frondoso y en otra deshaciéndose en pequeños pájaros que emprenden el vuelo y se alzan por el techo hasta que solo hay uno con las alas completamente extendidas.
Delinee a las pequeñas avecillas y remarque de dorado al único árbol, en medio de un mar de arena dorada.
Mire un segundo todo y quise tocar el único pajarillo que volaba en verdad pero me contuve con la punta de los dedos cerca de él, sabiendo que la pintura estaba fresca aun.
Me sobresalto la alarma de mi celular, baje de un salto de la escalara y camine hasta mi cómoda para comenzar con mi medicación.
Vi el fondo del celular mientras tomaba una pastillita color naranja que sabía a mierda, nunca he comido mierda pero por su olor estoy muy segura de que sabe a esta pastilla.
Las doce... Tenía que ir a alguna parte, me dije a mi misma, ¿a dónde? ¡A la playa! ¡Gaby me matara si no voy! Camine para ponerme unos converse blancos rotos... No sé porque me los sigo poniendo, pero me encantan todos rotos.
Corrí hasta las escaleras y salí al jardín donde mi mama estaba cortando unas hojas secas de sus tulipanes rojos, tenía todo su equipo de guarniría ahí y detrás de ella había un montón de flores aun en las bolsas negras del invernadero.
- Mama - llame acercándome un poco con las manos atrás de mi espalda, giro su rostro y me sonrió, después de verme un segundo.
- Buenos días, linda - sonrió a un mas irguiéndose.
- Te puedo pedir un permiso - sus ojos brillaron al escuchar mis palabras y se quitó un guante de gamuza café.
- Por supuesto, querida - enarco unas cejas perfectas-, ¿a dónde iras?
- A la playa con unos compañeros del colegio.
-¿A qué playa? -comenzó a caminar hacia la cocina, yo la seguí, abrí las ventanas y me quede en la barra, busco algo en el ferri.
- La del muelle.
-¿Sabes cómo llegar al muelle? - pregunto girando con una botella de agua mineral de botella de cristal verde en las manos, y un paquete de queso bree.
- Existe el GPS - respondí, sonrió ante mi respuesta después de darme la botella.
- Anda, mi pelirroja, o llegas tarde - no sé qué vio en mi rostro pero rio después de que corrí escaleras arriba.
Me desvestí rápidamente y me puse un traje de baño color blanco de escote cuadrado y con una espalda que comenzaba cuatro milímetros antes de mi trasero, igual esta parte era cuadrada, no mi trasero... Si no la parte de atrás del bañador, me puse todo de nuevo, el short y demás.
Encontré una mochila blanco donde guarde bloqueador, una toalla, ropa seca, unos converse morados, dinero y mi celular junto con mi caja de pastillas.
Corrí de nuevo por las escaleras y me quede justo enfrente del tazón de mármol de las llaves.
- ¿Me prestas el Jeep, mamá? - grite para que me escuchara.
- No me manejes muy rápido, Ali - me pidió.
- No, mi, nos vemos al rato.
- Antes de las diez o te voy a buscar - aviso.
- Si - dije saliendo, mire un segundo el volante del Jeep, encendí el GPS y el carro.
Me llevo el GPS por una carretera que no atravesaba el pueblo sino que rodeaba una gran sierra justo por la orilla del mar azul, sonreí al verlo a través de los lentes cafés que cubrían mis ojos del viento cálido que corría.
Me apetecía cerrar los ojos para sentir el viento golpear mi rostro y ver la luz del sol roja detrás de los parpados. Sonreí respirando con soltura.
Llegue al muelle a las doce y media, vi una gran aglomeración abajo en la playa. Así que no baje nada, solo active la alarma del Jeep después de cerrar el puerto suela, baje las escaleras de madera del muelle hasta donde estaba la gran bola de gente. Había paramédicos, periodistas y policías incomodos.
-¿Qué paso? - pregunte tratando de abrirme paso para ver lo que todos veían o vieron con ceño fruncido, y ojos llenos de lágrimas.
- No veas - dijo alguien tomándome de la mano casi cuando alcanzaba llegar donde los policías ya cercaban el área, gire para ver a Gaby que me negaba con la cabeza. Regrese la mirada ahí donde el paramédico se comenzaba a inclinar y el policía ordenaba que diéramos unos pasos hacia atrás, otros comenzaban a despejar toda la playa. Pero yo me quiero traumar, pensó mi fuero interno con sarcasmo.
- Okay - acepte saliendo de la aglomeración de chicos, camine con ella hasta que subimos las escaleras que acababa de bajar, ahora ahí había dieciséis chicos que ya me resultaban familiares, excepto esa chica de grandes ojos cafés, pelo perfecto y piel blanca que se llamaba Dydime, siempre se comportaba de una forma grosera conmigo.
- ¡Hola, Alice! - grito Alan dando un paso, un gran paso, hacia mí para plantarme un beso en la frente.
- Hola, Alan - dije sin mucha emoción comparada a la emoción que el había expresado.
- Creíamos que no venias... - dijo Stephanya.
- Soy nueva, ¿recuerdas? Me perdí un poco en el pueblo y después el comando del GPS me mando por una ladera así que me costó un poco de trabajo llegar.
- Hubieras llamado y te hubiéramos guiado - dijo Jamie sonriendo con los ojos verdes...
- No tengo el numero celular de ninguno - respondí, mi fuero interno estaba callado.
- Pues, haberlo dicho antes, pelirroja, préstame tu celular que yo te guardo el numero celular de todos - pidió Gaby, lo saque del bolsillo trasero de mi short y se lo tendí,- después se los mando a todos, el de ella - sonrió, sonreí de vuelta.
Un policía se acercó a nosotros y todos parecieron cerrar filas, más bien todos estaban apiñonados contra todos como si así nos pudiéramos proteger.
- Chicos, ustedes estaban aquí cuando encontraron el cadáver, así que necesito que testifiquen... No tendrán que ir a la comisaria, ni a ninguna parte, mi compañero se acercara y tendrán que responder a unas simples preguntas de rutina, ¿entendido? - todos asintieron.
Entre al Jeep para bajar las ventanillas y dejar que se oreara después de que me hicieran las preguntas de rutina, de las cuales solo nombre, domicilio, edad y a qué hora llegue pude responder. Estaba sentada en una banca viendo el mar a un metro del Jeep cuando alguien se sentó a mi lado y paso un brazo por mis hombros.
- He notado que no te molesta el contacto físico de extraños - dijo, puse los ojos blanco aun protegidos por los lentes.
- Con Alan no se puede hacer nada - dije, me recorrí hasta que su brazo cayo-, pero de hecho, si me molesta y mucho.
- Ah... Bueno, al menos no te ha tratado de besuquearte como a todas.
- Si, porque yo no soy todas y prefiere que quien le realice la vasectomía sea un profesional y no unos cuantos cientos de patadas.
- ¿Lo has pateado?
- Solo dos veces.
- Ah! Okay - sonreí por su tono.
-¿De qué era el cadáver? - pregunte girando para verlo, torció el gesto un poco.
- Era una chica, como de quince o dieciséis años, había una bolsa de basura cuando llegamos, debajo de la escalera del muelle... Entonces un turista venía con su perro corriendo y lo llevo a la bolsa de basura, la cual comenzó a romper y ahí estaba... Llamamos a la policía y... Y bueno.
-¿Extendieron el cuerpo?
- Nosotros no, unos chicos que la querían ver, idiotas - susurro.
-¡Es un cadáver! - señale. ¡Jehova! , ¿no les enseñaste respeto?
- Estaba desnuda y calva, dijeron algo de un asesino en serie, Ted Bund o algo así - respondió viendo hacia el mar.- Que bueno que no viste - agrego sonriendo y regresando a verme.
- Okay, ya terminamos - aviso de pronto Gaby saltando enfrente de mí, apretó los labios cuando me entrego mi celular-, ahora hay que irnos - me extendió una mano que tome.
-¿A dónde? - pregunte poniéndome de pie.
- Bueno, hay una playa como a unos cuarenta minutos de aquí, se llama de Running Forest.
-¡Esta a una hora! - recalco Jamie mientras negaba.
- La playa la van a cerrar, así que no hay a donde ir.
- Pues, okay, yo los llevo - cedió Jamie.
- Yo puedo llevar a algunos más - propuse.
Yo lleve a Paris, Benjamin, Alan, Martha, Fernanda y a Sepia, los demás se fueron con otras personas, antes de irnos llego una camioneta cerrada y blanca de la cual bajaron Regina y Alexander, Regis fue la única que se fue con él, los demás declinaron la propuesta diciendo que preferían irse con Jamie, en el mini coopera de Gaby o en la enorme moto de Dydime.
-¿Por qué no vas un poco más lento? - me propuso Alan.
-¿Pero por qué? Si voy a una velocidad perfectamente razonable - respondí tomando una curva en la que chirriaron las llantas-, ahora, ¿hacia a dónde?
- A seiscientos metros, a la izquierda - respondió Sophia, a seiscientos metros... Gire a la izquierda.
-¿Y ahora?
- Todo derecho, y giras a la izquierda. Alice, es una curva muy cerrada - enfatizo.
- Está bien - asentí viendo al frente, una curva muy cerrada, si la tomo a un promedio ascendente desde esta punto me ahorraría seis segundos. El tiempo es muy importante.
-¿Sabes? Ni siquiera Jamie esta detrás de nosotros y el maneja como alma que persigue el diablo - comento Benjamin por encima del ruido de la briza.
- Ah, bueno... Yo manejo de esta manera, Bejamin, ¿no te gusta? - pregunte distraídamente acelerando un poco más, tiene que ser de manera ascendente.
- Sí, sí, me gusta - dijo con deje de asombro.
Entonces, cállate.
- A mí me parece estupenda tu forma de manejar - dijo Paris recargándose en la parte de atrás de mi asiento, sonreí viéndole por el espejo retrovisor y cambiando de velocidad para tomar la última curva, ¡ja! Le gane seis segundos.
Le gane solo... Estacione el carro en un lugar bastante peculiar. Aquel estacionamiento era de concreto cuarteado y estaba cubierto de arena en su mayoría. Ni una alma se asomaba ahí y el mar era perfectamente tranquilo, casi se podría decir que no había olas. Después del mar y la arena, la briza cálida y el olor a sal, había algo frio, gire el rostro para encontrar un espeso bosque.
- Wow…- susurre bajando del carro, espere a que todos bajaran y mientras los ayudaba a instalar una parrilla y una red para voleibol llegaron los demás, primero Jamie, después Dydime, Alexander y al final Gaby.
-¿Pues cómo venían? , ¿Volando? , ¿o qué? - pregunto bajando del carro.
- Alice venia volando - dijo Martha sonriendo mostrando unos perfectos dientes,  le pase un gran tubo que era el poste para la red.
- Lo más seguro, yo iba a ciento sesenta y no te pude alcanzar- comento Jamie.
- No disminuía la velocidad en la curvas - explico Paris sonriendo-, es bastante buena manejando, ¡nunca había visto a ninguna mujer manejar así! ¡Era como de won! ¡Y el Jeep tiene doble tracción, Jamie! ¡Un Jeep con doble tracción! ¿¡Cuándo has visto eso!?
- No puede ser - negó Jamie-, ese modelo apenas va a salir el próximo año, a finales.
- Pues este tie...
-¿Paris, me ayudas? - pregunte interrumpiendo su charla de doble tracción, que un coche o un Jeep tenga doble tracción no es gran cosa, no noto que en lugar de seis velocidades son siete, tampoco pregunto por los caballos de fuerza, ni siquiera se preguntó por los cilindros y el peso del motor para la estabilidad cuando dimos las curvas, tampoco el diseño de las llantas que contribuían a esa estabilidad, tampoco noto que el coche funciona con alconafta y la velocidad de este es como la de un coche que funciona con gasolina. ¡No noto nada de eso!
- Si, Ali - acepto de buena gana.
Gaby se robó a Paris después de que nos ayudara con la red, se alejaron tanto que los perdí de vista. Otros chicos comenzaron a azar salchichas y carne de hamburguesas, mientras otros jugaban y nadaban. Este tipo de salidas fomentaba la comodidad entre nosotros porque nos veíamos en ropa interior, en sentido literal y obviamente con otro nombre, así nos respetábamos al vernos de esa forma.
- Vamos a nadar, Alice, vamoooooooooos - pidió Martha por enésima vez.
- Pero...
- Vamos - pidió de nuevo haciendo pucheros.
- Esta bien - acepte-, adelántate - dio un saltito de emoción y corrió al agua.
Aun me faltaban tres pastillas que durante el trayecto no logre tomar, solo dos fueron suficientes para que preguntaran si eran tic tacs, el pretexto de una gripe sirve solo con dos pastillas.
Me trague una capsula morada, me comencé a quitar las blusas y el short lo más rápido que pude, junto con los tenis.
Uff… que bueno que en la playa no hay espejos, que si no me quitaba nada.
- ¡Alice, apúrate! - grito Martha, gire para verla con Regina y Fernanda chapoteando.
- Ya voy- baje la mirada a mi cuerpo, no esta tan mal, me dije cerrando los ojos.
Gire y camine a paso medio rápido hacia el agua. Y me quede en la orilla.
Cuando tenía seis años, estaba en alta mar con mi abuelo Leonardo, recuerdo que me emocionaba ir a bordo de su nuevo yate. Aquello era increíble, incluso me había prometido que yo misma izaría una vela, una increíble vela en forma de globo de centolla color blanco.
Recuerdo haber visto un pez color negro, el mar estaba tan cristalino que pude verlo perfectamente al asomarme por la borda, parecía una piedra, pero me incline demasiado y caí golpeando mi cabeza contra el costado del yate, quede inconsciente. Lo que recuerdo después de eso es que mi sangre se unía al agua de mar.
Exhale fuertemente cuando me alzaron para colocarme sobre el hombro sujetando mis manos para que no  cayera.
-¡Bájame! - grite. ¡Odio cuando me cargan de esa forma! -. ¡Jamie, bájame en este instante! Jamie! - chille cuando entro al agua seguía caminando, su forma de caminar salpicaba mucho. - ¡Esto es una falta de respeto completa a mi espacio personal! - dije molesta y desesperada.
- No creo que haya faltas de respeto a medias.
-¡No es gracioso! - me queje, pero el solo rio.
¡No sé porque acepte venir!
Grite una vez más cuando caí de espaldas al agua, me tomo por sorpresa y al estar abajo, no era el área perfecta para nadar si no mas allá, me sorprendió cuán lejos me había lanzado. En lugar de salir a tomar aire, hice uso de las sesiones terapéuticas en agua de hace seis meses y nade hasta encontrar sus piernas y tirar de una de ella. Escuche su exclamación al sumergirse completamente en el agua.
Comencé a nadar a la supervise y apenas salí para tomar aire, tiro de mi talón para el fondo, de nuevo. ¡Hijo de puta! Pensé, haciendo lo mismo. Si me estoy muriendo, pero aún tengo fuerzas.
- Ya... - tomo aire-, ya, entendí, no lo volare a hacer - dijo entre bocanadas de aire, asentí nadando hacia donde estaban Martha, presintiendo que volvería a jalar de mí, mejor comencé a caminar.
No tenía nada de ganas de estar ahí, pero cuando comenzaron a hablar no se me quito.
- Pareces bástate enojada... - comento Fernanda.
-¿Se me nota? - pregunte viéndola.
- Tienes el ceño completamente fruncido - comento Regina.
- Estoy un poco molesta, pero  ya se me pasa - dije sonriendo.
- Al menos no aceptas que te traten así, tienes tu carácter, ¿eh?
- Creo... - moví mi hombro arriba abajo.
- Pensé que estabas jugando con Jamie, pero cuando lo volviste a sumergir, pensé: Se va a vengar... ¡Agohagandolo! - reí un poco.
- No eres nada predecible.
Cuando pensaste en que estaba jugando con él, de seguro pensaste algo como: a que está puteando con él, puntualizo mi fuero interno.
- Gracias - sonreí abiertamente.
- ¿Y tú, que, Regina, con Pechir? - pregunto Martha, se sonrojo bástate a comparación de su tono de piel y sonrió a la gran dona color morado que Martha tenia abrazada, me apoye en ella porque me estaba cansando de patalear para mantenerme a flote.
- Es fantástico - susurro.
- ¿Ya lo hicieron? - pregunto Fernanda.
- No, ¡Fer! Tú siempre con eso.
- Bueno, pues tú has dicho que es fantástico, eso deja bastante a la imaginación –dijo viendo hacia otro lado, mientras enarcaba las cejas.
-¡Es fantástico en muchas otras cosas! Toca el violín y habla francés. A parte, ¡de ser todo un cuero! - cerré los ojos dejándome llevar por la marea y el sol que caía sobre mi espalda y mi rostro.
- Dicen que está muy grande - dijo Martha.
-¿Cuál grande? ¡Si tiene diecisiete! Lo de los veinte que se carga, se lo ha inventado la puta de Gaby! - dijo con desprecio, no reaccione pero mi garganta se llenó de bilis.
- Gaby no es ninguna puta - dijo Martha.
-¿Cómo no? ¿Tú crees que con Paris juegan a las escondidas? No, o tal vez sí, pero es reinventado.
- Tener intimidad con tu novio no te convierte en ninguna puta, es su decisión.
- Di lo que quieras, no es una puta por hacerlo con Paris, si no por algo que ni te imaginas.
- Lo que digas...
- Creeme, que es bien zorra, tú no sabes lo que hace en su casa- dijo viéndola significativamente. Mi fuero interno omite comentarios…
- ¿Y según tú, que hace?
- Que no hace - puntualizo con sarna.- La muy desaforada tiene dildos en su cuarto.
Entorne los ojos.
- ¿Qué son dildos? - pregunto Fernanda en un susurro, a la vez que mi fuero interno.
- Vibradores - respondió con suficiencia Regina.
- ¡Que mojón más grande estas diciendo! ¡Ni tú te crees toda la mierda que estás! hablando - dijo Martha jalando la dona y a mí. Me alce precipitadamente.- ¡Vámonos, Alice, al coño de aquí! –Dijo en tono enojado, camine tan rápido como ella porque me estaba arrastrando en sentido literal. Decir que sentí un alivio cuando salí del agua es poco. Me senté sobre una gran toalla blanca y me cubrí con una que me pasó Martha.
- No sabía nada de lo que hablaba Regina - dije poniéndome los lentes cafés.
- Es un poco... Rara, no - cerró los ojos y negó con la cabeza-, ¡es una mitómana! - puntualizo.
- Okay.
- No sé qué le ocurre, además Pechir ni la toma en serio, así que no sirve de nada que se crea muy sofisticada y madura.
-¿Están juntos? - pregunte sin mucho interés.
- Algo así, creo que sí, la verdad el no da signos de estar con alguien.
-¡Hey, Martha! - grito Jorge-, ¡vengan a jugar! - Martha asintió y se puso de pie.
- Tengo que hablar con Gaby - dijo mientras me ponía el short y ella se amarraba un pareo de azul marino, me hice los lentes hacia atrás a modo de diadema, parpadeo una vez al verme.
- Que? - pregunte.
- Nada, te bronceaste - señalo un lado solamente, entorne los ojos.
- De un solo lado? - pregunte alarmada, asintió.- ¡No puede ser! - exclame.- ¿Se nota mucho?
- Pues, de este lado estas tostadita y de este bien pinche pálida – y se comenzó a morir de la risa, la mire mientras se reía a carcajadas, apreté la boca en un mohín, pero la sonrisa comenzó a ceder y también reí-
- Ah... Gracias.
- Pues recuéstate bajo el sol unos veinte minutos, pero protegiéndote la parte que ya está tostadita.- Recomendó, queriendo reír de nuevo.
- Okay, ahora voy a jugar entonces - dije sentándome de nuevo, cerrando la sombrilla que nos protegía del sol. Me puse encima la tolla y me acosté baca abajo mostrando al sol la parte a broncear, cerré los ojos y vi solo la luz roja detrás de los parpados.
Solo escuchaba el viento soplar a mí alrededor.
¿Has escuchado hablar de la eutanasia? Ahora será mi mejor nueva amiga.
No podía concebir el sueño así que supe perfectamente que habían pasado veinte minutos, saque el IPhone y me vi. Me veía bastante uniforme de color, active la cámara delantera para observarme mejor, estoy decente de color.
Pero ahora no quería ir a jugar, mire hacia al bosque y después donde estaban todos los demás. No se darían cuenta si desaparecía unos treinta minutos. Me puse en pie con mi bolsa y camine hacia el gran bosque.
Me adentre demasiado, pasando incluso un tronco caído, uno muy grande y ancho que salte. La luz del sol se filtraba por las hojas de los grandes árboles de formas increíbles. Traspasando las telarañas y haciéndolas ver como una unión perfecta de diamantes y agua.

Alcance a llegar hasta un lago perfecto, ahí donde solo había un árbol frondoso y enorme. Me recargue en su tronco para contemplar todo aquello, el lago extendiéndose hasta el horizonte donde nada lo interrumpía, ni una montaña, ni un risco solo el firmamento tiñéndose de rojo y naranja. 


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