jueves, 3 de enero de 2013

VI. Capítulo. Enfrentarse a la Vida.



Regalo del universo, enfrentarte a ella... Casi imposible, esta desgracia nos la brinda en un principio la escuela, donde nos enseñan a enfrentarnos a la vida para principiantes.

La alarma de mi celular sonó y un escalofrió me recorrió la espina dorso comenzando en la vertebra treinta y ocho, mire un segundo la penumbra de mi habitación iluminada por una fría luz del amanecer, espere a que mi corazón dejara de intentar de escapar de mi cuerpo en busca de uno sano. Me levante apresuradamente tomando mi bata que descansaba en el respaldo de la única silla que había.
Tenía un efímero color y mejor aspecto que hace una semana pero seguía teniendo una cara, parpadee ante tal repulsivo pensamiento, no podía ser tan sarcástica con una moribunda. Cerré los ojos con fuerza aferrando la barra del lavabo, trague saliva.
Me llamo Alice Fontain, tengo quince años, nací en Madrid, mi antiguo colegio es Argos, mi color favorito es ¿violeta? Y mi equilibrio mental está inclinado a locura, así que mantente alejado o ¿alejado?...
Salí del baño y fui a tomarme mi farmacia. Había medicamentos nuevos: unas pastillas de un rojo apacho que servían para algo, estaban unas capsulas azules que contrarrestaban el efecto secundario de las pastillas rojas y había unas inyecciones nuevas: una de un líquido azul que tenía que hacer que mi pulso se normalizara y una transparente que era para frenar hemorragias internas o externas, juntas salvarían el mundo. Bueno... Juntas tenían que evitar un colapso.
En bata todavía y solo con la ropa interior, me inyecte en la pierna la inyección azul, apreté con fuerza los dientes mientras hacía que el liquido entrara a mi cuerpo. Saque la aguja con los ojos cerrados y avente cuerpo de la jeringa al bote de basura.
 Los cuerpos eran de cristal y los números eran rojos, se suponía que las podía volver a usar pero yo no las quería volver a ver.
Me puse el uniforme rápidamente, sin reparar mucho en la cara del espejo, ni en los huesos que se encajaban en mi piel tratando de atravesarla, peine mi cabello así nada mas e hice el intento de partirlo con una raya en el costado pero no quiso y cayo como se le dio la gana. Suspire...
Baje con más cuidado las escaleras, con la mochila al hombro, alce la mirada al desayuno que consistía en una tostada con media cucharada de mantequilla y media cucharada de mermelada y te verde. El té verde sin cafeína, INSIPIDO y yo no somos amigos, somos conocidos y sentimos resentimientos el uno por el otro. En pocas palabras: no me gusta.
Mi mama esta vez fue quien se levanto primero y dadas las instrucciones de Erick, yo no podía comer, ni beber nada con cafeína así que no había forma de poder robar un café caliente, la boca se me hizo agua mientras pensaba en café caliente.
- Hola - salude sentándome en un banco de afuera, mi mama giro y me sonrió.
- Buenos días, linda, ¿cómo dormiste?
- Bien, no recuerdo si pesadille - sonreí y a ella le brillaron los ojos.
- Que tal el uniforme? - pregunto con una sonrisa burlona.
- Esta muy de monja - me queje viendo los restos de la tostada.
- Créeme hasta las monjas tienen más estilo, fui a un colegio católico... Ellas usan Dolce - sonrió y así un sin fin de bromas comenzaron acerca de lo horrible que son los uniformes de las escuelas.
Camino a la escuela mi mama me enseño un montón de lugares bonitos, había senderos entre los bosques y pesados arboles que seguro eran muy viejos, me imagine a mi misma caminando entre la tierra mojada, descalza y la imagen me pareció reconfortante.
- Ya llegamos - anuncio mi madre, haciéndome ver a mi alrededor, la sangre se me congelo, mi corazón dejo de latir y el miedo se abrazo a mis huesos. La escuela era un monstruo de piedra gris, reja de fierro forjado rodeado de un bosque pesado.
- Mama - exhale, quería decirle: enciende el carro, nos vamos de aquí... Parecía un reformatorio o un castillo, parecía todo menos una escuela, incluso parecía que ahí el cielo se nublaba y el sol se rehusaba a salir, pero claro... Eran las seis con cincuenta minutos, el sol todavía no salía.
-  Tranquila, linda, esta es tu escuela -, aparte mi mirada de la prisión de Azkaban a los ojos de mi madre.
- Mama... Es tétrica - dije haciendo una ademan con la mano al edificio de piedra caliza.
- Si, pero tú la escogiste, además la educación de Santander es incomparable y eso se debe a Roses - dijo citándome sonrió-. Todo saldrá bien - me aseguro, asentí dos veces, una para animarme a mi misma y otra para animarme a mí misma. Salí del coche con la mochila en la mano, trague saliva mientras caminábamos a Azkaban.
Necesito una religión, así cada vez que necesite algo de un dios, se lo pediré a él. Buda, ayúdame a superar mi primer día, pensé.
Entramos a una recepción que parecía más la entrada a una casa residencial, demasiado para describirlo. Una joven con blusa de encaje blanco, pantalón de vestir negro y zapatillas color hueso, miraba atentamente una lista, alzo la mirada cuando nos acercábamos. Su cabello era de un bonito color chocolate estaba suelto y perfectamente peinado, sus ojos eran de un café musgo, sobre su cuello caía un blasón que se veía pesado y caro con el escudo de la escuela.
- Buenos días - dijo con una voz un poco ronca y suave, dejo la lista sobre un escritorio y se acerco a nosotras-. Soy Nicolle Brown, la directora - continuo sonriendo, me adelante para tomar su mano.
- Alice Fontain - dije con el tono más formal que pude improvisar, pensé que quien nos recibiría seria una secretaria no la directora extremadamente joven y guapa con olor a fresas y limpio que tenía enfrente.
- Mucho gusto, Alice - dijo en tono formal - y usted debe de ser su madre -soltó mi mano y mi mirada para ver a mi madre.
- Sussan Dufour - dijo mi madre estrechando la mano de Nicolle.
- Igual, es un gusto conocerlas - sonrió cálidamente-, por favor, pasen a mi oficina - hizo un ademan para indicarnos la dirección a una puerta de una pesada madera que abrió en un elegante movimiento y nos hizo pasar primero.
Lo único que se veía común en esa habitación eran las ventanas que daban al bosque con unas cortinas de un azul cobalto y una puerta que estaba alado de una estantería con enciclopedias y libros de cuero.
- Tomen asiento, por favor - dijo detrás de nosotras, vi los dos sillones de cojín rojo, me vería minúscula en el, cuando me senté recargue toda mi espalda en el respaldo, puse mis brazos sobre mis piernas dobladas una sobre otra.- Muy bien... - comenzó Nicolle después de cerrar la puerta y sentarse enfrente de nosotras con una leve sonrisa, en su escritorio se leía Doctor Nicolle Brown, oh... Doctor,- se que nos hemos atrasado con las clases, por lo cual no se debe preocupar - dijo viéndome a la vez que revisaba unos folders-. Hablando con su antiguo director sobre su historial académico, la exentaremos de inglés, por el programa avanzado que ha llevado desde kínder - dijo como un suspiro, así de suave.-. ¿Está de acuerdo?
-¿En exentar inglés? - pregunte enarcando un poco las cejas, ella asintió débilmente-. Sí, estoy de acuerdo.
- En Roses insistimos que nuestros estudiantes desarrollen todas las habilidades, es la misma filosofía que en todos los colegios... Por eso me preocupa que usted haya desarrollado tan bien en materias técnicas como lo son matemáticas, algebra, trigonometría, biología, física, química, computación... O historia, pero que su interés por literatura y lingüística sean mínimas... ¿No le gusta leer? Sé que es trillado, pero la escritura y la lectura son la base de todo- dijo.
- Me encanta leer - respondí en tono firme, lo que no me gusta es escribir.
- Ah... Bueno, no lo creíamos así...
- Disculpe, pero ¿creíamos? - pregunte, sabía que me estaba excediendo pero hablaba en plural y salvo que tuviera un problema de múltiple personalidad, eso daba miedo.
- Si, el consejo académico y yo - respondió sonriendo, o sea que si tiene un problema de múltiple personalidad, susurro mi fuero interno a mi psique-, ningún estudiante es admitido en el colegio sin una investigación minuciosa en su historial académico y familiar. No sé si ha escuchado que la escuela no hace al estudiante, si no el estudiante a la escuela... Nosotros queremos ser los mejores por eso solo tenemos a los mejores - sonrió - en todo aspecto - agrego.
- Muy bien.
- Bueno... Ya que las habilidades en estas materias son solo muy buenas y no excelentes, tendrá dos clases de literatura y dos clases de lingüística todos los días, las clases de lingüística ya estaban en su programa, solo sustituimos ingles por literatura - dijo y siguió con la lectura del documento. Dúper, dos horas de literatura todos los días...
- Me parece excelente - me esforcé en decir con soltura.
- Hermosa actitud, señorita Fontain - sonrió, dirigió la mirada a mi madre conservando su sonrisa-. La buena educación que ha llevado su hija no se verá afectada en ningún aspecto con este drástico cambio - le aseguro. ¿Drástico?
- Lo único que me preocupa un poco es esto de la educación religiosa - dijo mi madre. Ay, no me J-O-D-A-S! Pensé sonriendo.
- No se ve afectada en las materias de ninguna forma, no mezclamos la religión con lo académico, no es conveniente - estaba seria.
-¿Pero está dentro del horario?
- De ninguna manera - respondió-, solo nos ayuda con nuestra filosofía y la conservamos porque son las raíces de Roses&Marie, nuestra fundadora tenía una idea maravillosa sobre el mundo y la vida que se fundaba en la creencia de la existencia de Dios, era una idea poco ortodoxa para su época pero que se adapta de una manera sutil en la nueva cultura globalizada a la que nos enfrentamos y a la que nuestros estudiantes se integran con gusto. Además las actividades misioneras y de ayuda son muy bien recibidas por nuestra comunidad estudiantil.
- Muy lindo, pero quiero saber concretamente, donde está ahora el catolicismo dentro de la escuela - no era una pregunta, era un exigencia. Nicolle sonrió.
- Durante el mes de Mayo se celebra una misa en honor a la hermana Marie y durante solo una semana de este mes, media hora al día se da la clase de Fe. - ¿Te enseñan a tener fe? Rarito.
- Te gusta eso? - me pregunto mi mama. Me da igual.
- Es interesante - susurre. Aunque yo ya había perdido la fe y la religión.- Me gustaría probar.
- No son forzosas, puedes seguir con tu horario normal - me aseguro Nicolle.
- Perfecto - sonreí, mi madre asintió, aunque si la escuela era religiosa me hubieran dicho... Aunque sea me hubieran avisado.
- Tienes alguna duda? - pregunto Nicolle.
- No.
- Si durante el transcurso del día o cuando sea y lo necesites, siempre estaré para ayudarte, este es tu colegio y queremos que te sientas cómoda en el - sonrió, asentí sonriendo de vuelta-. Me encantaría darte un recorrido por el colegio yo misma pero necesito hablar con tu madre, así que - dijo inclinándose debajo del escritorio, saco un paquete de libros de pasta dura que variaban del marrón al rojo y al negro, solo un pequeño libro blanco y delgado-. Aquí están tus libros y tu horario - agrego poniendo el paquete al frente con una hoja blanca sobre el libro pequeño.- Por favor, sal, la señora Linn llamara a un compañero para que te muestre el colegio - dijo firmando la hoja, asentí. Me levante y ella se levanto al mismo tiempo-. Bienvenida, Alice - sonrió extendido su mano, la tome estrechándola y poniendo la otra mano sobre los libros.
- Gracias - dije, tome los libros y me incline al girar para besar en la mejilla a mi mama, al cerrar la puerta, suspire muy bajito mirando la puerta. Camine a donde estaba la señora Linón detrás de un escritorio alto.
La señora Lynn era regordeta, blanca y se veía excesivamente sonriente, demasiado, llevaba un suéter rosa, su cara era redonda, de cabello blanco, lentes de cordón dorado sobre su cuello y redondos sobre sus ojos de un castaño viejo, tenía un labial color melocotón sobre los labios.
- Hola - dije-, me llamo Alice, usted es quien me proporcionara a mi ¿guía? - pregunte sin prestar atención a las palabras que usaba.
- Si, linda, soy la señora Lynn - dijo sonriendo-, ¡pero mira que pesados libros llevas ahí! ¡Déjame ayudarte! - exclamo abalanzándose sobre el escritorio por los libros, la escena me pareció graciosa pero me contuve de reír ya que se veía a leguas que sabía lo que sucedía conmigo. Su tono me molesto.
- Gracias - dije a regañadientes.
- Toma asiento, querida, en seguida traeré a alguien - sonrió, asentí y me dirigí a los muidos sillones de cuero negro que había ahí.
Lynn escribió algo en un papel rápidamente, llamo a un chico que pasaba por ahí, este me miro de arriba abajo y salió corriendo después de ello. Suspire sentándome y hundiéndome en el sillón negro, notando que las manos me sudaban. ¿En qué me había metido? Suspire de nuevo.
Mire a la señora Lynn detrás de mostrador metiendo y sacando papeles, tecleando quien sabe que cosas en una computadora de pantalla plana con rapidez.
Comencé a imaginar que se detenía, que de su cabeza crecían ramas grandes y largas de las que crecían unas más pequeñas con hojas verdes, en una rama había un nido de o cojal con pajaritos de alas azules, su madre en la orilla se inclinaba para alimentarlos, la madre era larga y sus alas de un azul brillante, su ojo era negro; los pies de Lynn se convertían en ramas que se clavaban en el suelo de guijarros planos y perfectamente redondos de todas las tonalidades de gris, era un rio delgado cuya agua era transparente y su corriente era rápida.
Sonreí débilmente, si seguía imaginando así, dejaría la música y la pintura y me dedicaría a escribir un libro.
La puerta se abrió despacio y un chico de andar ligero entro como si conociera el lugar.
- Me llamo, señorita Lynn - dijo no pregunto, a Lynn los ojos se le iluminaron y asintió.
- Si, querido - asintió otra vez, hizo un ademan señalándome, el chico se giro y a mí, las manos se me convirtieron en fuentes. Me miraba como un idiota... Bueno no como un idiota, pero me caía mal.... Bueno no, ¡ash! Con el tiempo se conoce a la gente, Alice, dijo aquella única voz sensata que tenia.
Espere que Lynn no dijera lo que iba a decir.
- Alexander, ella es Alice Fontain - y dijo lo que no quería que dijera saliendo de detrás del escritorio, camino tomando mis libros hacia mi.- Es nuestra alumna nueva - lo dijo otra vez - y me gustaría que le enseñaras el colegio - y yo que creía que no odiaría a nadie en este colegio...
- Claro, señorita Lynn, con gusto le enseñare a nuestra nueva alumna el colegio- dijo sonriendo, me puse de pie tomando mi mochila y extendiendo los brazos por los libros.
- Bienvenida, Alice, el joven Pechir es uno de nuestros mejores alumnos - dijo cuando me entrego los libros, enarque las cejas y apreté los labios.
- Muchas gracias - no se puede evitar el sarcasmo en casos así.
Alexander hizo el ademan para que pasara primero y justo cuando iba abrir la puerta, el lo hizo y la sostuvo para mí. No hablamos, hablo, hasta que estuvimos afuera en un enorme jardín bien cuidado que daba al bosque.
-¿Te gustaría que te ayudara? - pregunto refiriéndose a los libros, asentí, entregándoselos, algo me parecía raro en su ropa... En su uniforme.
- Gracias - susurre.
- No hay de que - dijo.- ¿Quieres que te enseñe  sección por sección o las partes que más te interesan? - pregunto. Las partes que más me interesan.... ¿Cómo la salida?
- Sección por sección - respondí recorriendo la mirada edificio por edificio que se extendían hasta convertirse en un punto borroso en forma de cuadrado.
- Muy bien - dijo-, el edificio más alejado - prosigue señalando el borrón - es la sección de Kínder, le sigue el edificio de Primaria, después se encuentra el de Secundaria - dijo señalando progresivamente los edificios, a lado del de Secundaria había uno que era bajo a comparación de los otros y se veía casi negro y a comparación de los otro este era mucho más largo-. Ese edificio es la biblioteca - lo mire mientras el sonreía-, a lado esta preparatoria - giro un poco para señalar los que seguían-. Tenemos los edificios de talleres, después el GYM, el auditorio y aquella torre - dijo señalando un edificio muy gótico-, es la facultad.
- Facultad?
- Tiene algo de prestigio, mas en carreras empresariales - respondió.- Ven, vamos a dejar tus libros - dijo comencé a caminar seguido de él que me dirigió al edificio que era la biblioteca-. Tenemos cancha de Tenis, de vóley ball, básquet ball, alberca y gimnasio.
- Ya me lo habías mencionado - dije.
- GYM, el GYM es un enorme cuarto con caminadoras, pesas, y un montón de cosas cuyos nombres no sé y el gimnasio es un espacio monumental que está en el centro del área deportiva donde se hacen las practicas cuando llueve - explico. Buda.... ¡Salvame! -. No te preocupes, te mostrare todo, solo quería mencionártelo - asentí, me abrió la puerta de la biblioteca como en la recepción. Inhale profundamente al entrar, el edificio era alargado, a mi derecha había un inmenso escritorio de roble, que parecía correr esquina a esquina del edificio, había varios libros y solo una señorita muy ocupada explicando donde podría encontrar la manera de hacer una disección a una rana a un estudiante que se veía verde.  Había unos cuantos alumnos que se detenían para mirarme con curiosidad. Se dueña de ti misma, me dije.
Las estanterías estaban acomodadas unas tras otras, había diez seguidas, después había un gran espacio y después se repetían las diez estanterías seguidas. Todas eran largas, excepto las cinco primeras que estaban enfrente de nosotros, estos parecían lockers sin puertas y de madera, de alto tendrían dos metros y de largo unos tres. Alexander dejo mis libros en un hueco y yo deje la mochila, tenía lo que necesitaba en los bolsos del saco.
- Tienes algo en tu ojo - dijo entrecerrando los suyos.
- Que? - pregunte alzando la mirada a él.
- No... - susurro,- lo siento, pero creí que tenías algo, pero así es....
- Ah... Mi pupila - dije-, no te preocupes, se ve raro, cierto?
- No, yo no diría raro - respondió girando para salir de ahí, ¿entonces? Su tono no era el de: yo más bien diría asqueroso, si no algo... Sé que ya lo había escuchado. Me volvió a sostener la puerta para salir, me podía llegar a acostumbrar eso de que me abrieran y cerraran las puertas cuando paso. - Te gusta leer? - pregunto mientras caminábamos hacia la zona de talleres.
- Si.
- Que lees?
- Libros... - respondí viendo el pasto que humedecía mis zapatos, se escucho una
leve risa.
- Que clase de libros? - pregunto ahora con tono divertido, alce la mirada. No había contado ningún chiste.
- Cualquier clase de libros: ciencia ficción, thriller, románticas, comedia....
- Eso me suena a que ningún libro te ha convencido - dijo enarcando deliamente sus cejas-, mencionarme tres libros que en verdad te hayan gustado.
- El Nombre del Viento, el Perfume y el Psicoanalista.
-¿Me podrías decir el autor? - enarque un poco las cejas, pero asentí.
-Patrick Ruthfuss, Patrick Sünskind y John Katzenbach - respond.
- El temor de un hombre sabio - dijo-, es el siguiente de              .
- Y como lo sabes?
- A mi también me gusta la trilogía - sonrió.
- Ah... Y ¿qué tipo de libros lees? - dije burlándome de él.
- Te diría que soy fan de tu género, pero prefiero los clásicos - regreso la vista al frente, ¿a qué se refiere?
Alexander me mostro la piscina cuyo techo estaba hecho de pedazos de cristales con travesaños plateados. Unas niñas en traje de baño rosa, gorra, esperaban a que una clase mixta saliera de la piscina, los alumnos se veían muy jóvenes para ser mis compañeros. El GYM como había dicho tenía todo lo que debía de tener y solo sabía que un aparato era una caminadora. La facultad estaba reconocida a nivel nacional como tu mejor opción en Administración de Empresas, aunque tenia variedad de carreras e incluso medicina, solo llegaba a Maestría, no preste mucha atención a las carreras, aunque me pregunte... Si tal vez tuviera la oportunidad, en un mundo paralelo, me gustaría estudiar algo como Artes Plásticas o Diseño de Interiores... Me llevo al área de los talleres donde pasaría seis horas a la semana, podía escoger uno o dos según me animara, los que más me llamaron la atención fueron danza, pintura y música.
Todas las secciones de la escuela estaban unidas con senderos de piedra de rio, todas te llevaban al gimnasio que estaba rodeado con un círculo de piedra como el auditorio. Había seis secciones de jardines, aéreas verdes y la cafetería se encontraba dentro del edificio de predatoria aunque se podría considerar un edificio aparte.
Cada sección tenía su propio laboratorio, excepto Kínder, que tenía su sección de juegos, este junto con Primaria y Secundaria solo compartían los salones de talleres y la zona deportiva. Ellos tenían su propio comedor, laboratorio y biblioteca. No se nos permitía entrar a sus secciones y ellos no mostraban interés en compartir nuestro espacio.
Después de un largo recorrido me llevo a mi edificio, había 450 estudiantes de primero, tercero y quinto semestre, estaban distribuidos en diferentes niveles del edificio que estaba hecho de suelos blancos pulidos, paredes azules y lockers grises. Las puertas eran de madera de roble de color canela de la salida-entrada a las aéreas verdes, las puertas de los salones eran de un pesado triplay con ventanas, cada maestro tenía su salón.
Una campana chirriante comenzó a sonar lo que me hizo dar un salto al costado de Alexander y pegarme a los casilleros cuando una estampida de estudiantes salió del salón.
- Es hora del almuerzo- dijo, ¿júramelo? -. Tienes dos comidas, aunque si no desayunas puedes pedir un permiso para tener desayuno aquí y casi siempre te venden si vas entre clases... Puedes comer cuando quieras - aclaro después de pensar un segundo-, tienes un descanso de una hora cada tres horas y uno ultimo después del tercer periodo de quince minutos los miércoles y los viernes por deportes. El almuerzo se debería de servir a las doce y media del día y la comida a las tres y media, pero bueno... - se encogió de hombros.
- Okay.... - capte toda la información-, ¿salgo a las seis y media? - pregunte esperanzada porque me dijera: No.
- Si.
-¿Por qué? - pregunte evitando golpear mi cabeza contra los casilleros.
- Horario extendido - susurro en respuesta-, vamos a la cafetería - dijo caminando hacia donde la estampida se había ido, las puertas de esta cafetería eran blancas y tenían esa barra como las de emergencia.- Puedes comer donde quieras, normalmente... La mayoría vaga por todas partes....
Mientras caminábamos los alumnos me miraban de arriba a abajo, con extrañeza, como si fuera un fenómeno. Me imagine a mi misma con un letrero de neón que decía: "espécimen nuevo, tóquenlo gratis" y los alumnos acercando su dedo índice a mí, haciendo gestos exagerados de asco. Reí un poco, que exagerado soy yo.
-¿Conté algún un chiste? - pregunto Alexander enarcando sus cejas.
- No, pero yo si - sonreí, suspire y mire hacia enfrente-. Te puedo hacer una pregunta?
- Pregunta.
-¿Con quién comeré?
- Por supuesto que conmigo- dijo sin rastro de modestia abriéndome las puertas como si hubiera hecho una pregunta estúpida, lo fulmine con la mirada-, pero no me mires así, Alice - pidió-, puedes comer conmigo y que todos vengan a ti o puedes ir a ellos - dijo como si fuera miel. Lo mire un segundo fingiendo que sopesaba mis opciones... Como me dijo que se llamaba...?
- Conoces a Gabriela de la Parra? - pregunte mientras los chicos que pasaban me miraban con extrañeza, era bueno que tuviera esos flashazos de lucidez mi cabeza.
- Si, esta por allá - dijo señalando la barra de ensaladas, estaba junto con una chica de piel morena-. Gracias - dije caminando hacia ella.
-¿A dónde vas? - pregunto.
- A comer y tu puedes esperar a que todos vayan a ti - dije sonriendo y me vio como si él fuera el estúpido y no yo, mire hacia enfrente-. Nos vemos aquí al final del almuerzo.
Camine hacia Gabriela, tenía su cabello hacia atrás sujeto con una diadema negra, la chica a su lado era menuda y mucho más baja que ella, su cabello era del mismo color que su piel y sus ojos que era de un color de café claro. Gaby alzo su mirada de la barra a mí, la volvió a bajar y la subió de nuevo junto con unos ojos que se le iluminaron.
- ¡Alice! - exclamo dejando su tazón lleno de lechuga Lolla Rosa y pedazos de pollo-. Pero si pensé que - me acerque más rápido porque muchos estudiantes estaban alzando la vista y comenzaban a susurrar- me habías mentido - término.
- No, ¿por qué habría de mentirte? - pregunte, me rodeo con sus brazos, sorprendida, le di unas cuantas palmadas en la espalda, se separo y beso mis dos mejillas.
- No, claro que no me mentiste- sonrió abiertamente-, mira, te presento, ella es mi amiga Regina Solar - dijo señalando a la chica de cabello lacio y sonrisa... Mmm... ¿Trabada? -. Regina, ella es mi amiga Alice Fontain - prosiguió, le extendí la mano a Regina que tomo con más fuerza de la debida.
- Mucho gusto - dije, ella asintió. Al parecer tenía un carácter muy fuerte, parecía que no le gustaban muchas cosas porque se quejo de la variedad de comida como mil veces, para mí, había variedad si lo comparabas con otras cafeterías de otros colegios, pero supongo que siempre servían lo mismo.
Gaby nos llevo hasta una mesa larga donde parecía que estaba sentada media escuela, me presento persona por persona con nombre y apellidos.
- El es Paris Forte -, era un chico de cabello esponjado como un cup-cake del color de la avellana despeinado, su piel era de un color lechosa con pecas en la cara sobre la nariz especialmente, sus ojos eran de un café claro y tenía unas largas pestañas.... Ah... Y al parecer tenía algo con Gaby, me saludo tímidamente con la cabeza y se puso tan rojo como un tomate, después de que me sentara a lado de Gaby, me volvió a saludar esta vez con la mano. Sonreí.
- Hola, Alice - dijo una voz tan refinada, mire automáticamente a su dirección-, se que ya te dijeron mi nombre pero no quiero se olvide,  me llamo Jamie Farell - dijo el chico extendiéndome su mano, la tome, la punta de sus dedos estaban frías. Entrecerré los ojos, ya he descrito a muchas personas y Jamie es como todos los humanos: cabello en la cabeza, dos ojos, una nariz con dos fosas nasales, brazos, torso, piernas y brazos, pero nadie puede ser pasado por alto. Jamie tenía un cabello negro azabache y como todos lo llevaban despeinado, sus ojos eran de un verde con la mezcla de un montón de especies de árboles, como un follaje, su nariz era recta y delgada, sus labios eran de un rosa intenso y pequeños y era tan pálido y blanco. Algo me resultaba... Al principio pensé que era un estirado, pero conforme comenzó la plática y el comenzó a hablar, note que solo era chico muy sarcástico y  con un gran problema con la autoridad. Su risa era como su voz. Le coloque una pesada bufanda gris de lana y una sonrisa burlona.
- Eres el niño de las manzanas! - dije en mitad de un chiste, todos se callaron y me miraron mientras lo señalaba, regreso su mirada de auto-suficiencia y la misma sonrisa burlona.
- Y tu eres la niña con el problema de manejo de la ira! - rio.
- No tengo problemas con la ira.
- Me lazaste una manzana a la frente - declaro enarcando las cejas y sonriendo. Mi nuca pico y sentí que me iba a ruborizar así que trague saliva.
- Tú me la lanzaste a la nuca -enarque una ceja.
- Fue para vender.
- No te compre nada - dije lo obvio.
- Si, porque tienes problemas con el manejo de la ira.
- Me lanzaste una manzana a la nuca! - dije riendo un poco, sonrió.
- Si, lo sé, mala táctica - sonrió un poco más, cuando todos regresaron a su plática, yo regrese a la mía con Gaby, alguien tiro de un mechón de mi cabello suavemente, gire para ver y era Jamie inclinado hacia mí, fruncí el ceño. - Yo no diría niño de las manzanas...
- Entonces, ¿qué? - pregunte aun mas confundida que por su cercanía.
- Yo diría que soy el hombre de las manzanas - sonreí y el también mostrando sus blancos dientes, antes de que dijera algo la campana sonó, sonreí débilmente de nuevo y me puse de pie.
- Te acompaño - dijo Gaby, asentí débilmente, camino a mi lado entre los estudiantes que no tenían tanto entusiasmo por volver a los salones. Se me hizo tan corto el receso aunque Gaby me dijo que nos daban cuarenta minutos y que algunas veces se extendían a una hora ya que el estacionamiento de los maestros estaba del otro lado de la escuela, fue el estacionamiento por el que entre hoy. Me explico que todos los días tenia que utilizar el uniforme de gala y que tenía que traer aparte el de gimnasia los jueves y los viernes, era la última hora del periodo de clases de esos días. 
La forma de evaluar de cada maestro variaba según su clase, pero normalmente el examen no podía valer menos de 60% y no podía ser el 100%, salvo en casos particulares, solo podías tener tres faltas o ibas a extraordinario, a menos que estuvieran justificadas. Los talleres también eran calificados aunque entraban en clases extra-académicas.
Me había dicho todo lo que necesitaba en menos de dos minutos.
-¿Quién te está mostrando el colegio? - pregunto.
- Eh... Alexander Pechir - respondí viendo hacia enfrente.
- Uf! Es todo un C-U-E-R-O - deletreo, sonreí por su tono-, pero es todo un F-R-E-A-K-Y - enarco las cejas- y está muy grande - dijo.
-¿Grande?
- Bueno... Viejo - se corrigió.
-¿Cuánto es viejo? - se veía bastante joven, por mucho unos diecisiete y eso porque no sonreía mucho.
- Diecinueve... Creo que ya cumplió los veinte - dijo viendo hacia enfrente mientras a mi me daba un puck.
- Pues que come? - pregunte aunque tenía un montón de expresiones más.
- Que come?
- Si, para verse tan joven.... No, que hace en preparatoria? - rio parsimoniosamente. No que era uno de los mejores estudiantes?
- Esta en la facultad, segundo año de licenciatura.... No sé qué carrera, es muy reservado al hablar - respondió, asentí, ¿qué podía decir? Justo cuando el silencio me estaba dejando en ridículo vi a Alexander hablando con un chico de cabello café, Alexander lo veía medio enarcando las cejas como si no le creyera y tenía los brazos cruzados, negó con la cabeza una vez, dio un paso esquivándolo.
- Hola, Gaby - sonrió.
- Alex - respondió, Alexander se inclino para besar su mejilla, di un paso para situarme a lado de él-. Bueno te dejo a Alice -dijo-, yo si tengo clases - sonrió con pesadez, dio media vuelta para caminar con sus andar único, tenía muy buen manejo de sus extremidades para ser tan alta. Suspire, dirigí mi mirada a el que miraba hacia enfrente, pero no se adonde.
- Eh... Alexander? - pregunte, giro y sonrió débilmente.
- Vamos? - pregunto en respuesta, asentí. Creo que tienes un serio problema psiquiátrico indefinido. Por ahora...  Caminamos en silencio, parecía que aun tomaría las últimas tres clases del día. -¿Cómo te fue en el receso? - pregunto cuando salíamos de la cafetería y caminábamos por un pasillo vacio.
- Muy bien y ¿a usted? - respondí mirando hacia enfrente, dejo de caminar, fruncí el ceño, gire para verlo verme fijamente.- ¿Qué? - pregunte caminando hasta el.
Parpadeo unas cuantas veces, frunció el ceño y trago saliva.
- Dijiste "usted" - enarco un poco las cejas.
- Si.
-¿Por qué?
- Porque respeto a mis mayores - sonreí.
Parpadeo de nuevo pasándose una mano por su cabello gris oscuro.-Pero solo soy mayor que tu por un par de años, no me tienes que hablar de usted - dijo, sonreí aun mas.
- Lo sé, pero estas tan viejito que no me puedes seguir el ritmo - enarque las cejas y gire, solo hubo un silencio hasta que me alcanzo.
- Este es tu casillero - dijo colocándome adelante de un arcaico casillero gris metálico con un candado dorado de combinación -, y esta es tu combinación - saco un papel doblado de su bolsillo, lo tome y mire sin abrirlo -. No te preocupes, no lo vi, pero si no confías... La puedes cambiar.- Se encogió de hombros.
- No importa -. No es como si fuera a traer mi diario y cartas de odio o algo así.- ¿Pero cuando te la dieron?
- Cuando almorzabas.
-¿Fuiste por ella? -. Sonrió e hizo un divertido mohín después.
- No interrumpo mi hora de almuerzo por niñas y sus combinaciones de casillero- dijo en tono amable, pero estaba segura que por alguna palabra dentro de su comentario me tenía que ofender.- Seguimos? - pregunto, aun te tengo que presentar a tus maestros -, asentí. Seguimos caminando por los pasillos, yo un paso atrás dejando que me guiara por Alcatraz o era Azkaban? Por la cárcel que es un doble negocio.
Todo dentro de la escuela se veía tan claro, alce la mirada al techo para ver la razón, la mirada se me torno negra y junto con una garganta cerrada hicieron que mis rodillas temblaran, me desplome de rodillas al suelo golpeando los casilleros con la mano, al tratar de aferrarme a algo que no fuera Vida.
Escuche un sonido que se transformaba en mi nombre.
Me costaba respirar tanto, eche la cabeza hacia adelante poniendo las manos en el suelo, podía salir de esta sin inyectarme, podía salir de esta sin inyectarme. Puedo salir de esta sin inyectarme.
Trate de inhalar profundamente con todas mis fuerzas pero lo único que conseguí fue cerrar mas mi tráquea, me lleve una mano al saco y palpe hasta encontrar mi inhalador.
Uno, corría por el pasto verde con mi rodilla sangrando y una bicicleta verde limón sin ruedas, dos, corría por el sendero a mi casa con un cuervo herido, tres, trepaba el árbol mas alto de mi casa, cuatro, un sonido se transformaba en una alerta para protegerme de la caída, cinco, la rama donde me columpiaba sobre el árbol se rompió, seis, caí de espaldas a la hierba mojada dejándome sin aliento.
Seis disparos hicieron que el aire que hace seis años me dejo los púlmanes regresara a mí, hace seis años ese oxigeno no me había importado.
Enumere lo que me hacía falta para partir porque no cavia duda....
Enderece mi espalda, sentándome en mis pantorrillas, escuche una maldición a mi lado, así que abrí los ojos con una visión demasiado brillante esta vez y nada reconfortante. Alexander estaba  enfrente de mí con ojos llenos de preocupación como todos los que me ven caer.
- Esta manchada - dijo frunciendo el ceño, con tono de reprobación por mostrar que estaba sucia. Me lleve los dedos a la cara-. No, te vas a ensuciar mas - susurro, tomando mi mano antes de que tocara mi cara, acerco su otra mano y limpio algo por encima de mi labio con pañuelo de tela.
- Yo lo hago - susurre tomando el pañuelo de su mano y terminando de limpiar lo que seguro era sangre, carraspee un poco al ponerme de pie, arreglar mi saco. Mire su pañuelo blanco con las manchas alargadas de sangre, cerré los ojos grabando esa imagen.- Gracias - susurre, llevándome una mano al saco, saque un pañuelo de tela casi igual al de él y se lo extendí.
- Necesitas que te lleve a la enfermería - dijo tomando el pañuelo, alce la mirada a sus ojos y sonreí, obligando a mis ojos a centellar, guarde sin pensar el pañuelo en el bolsillo de mi saco.
- No creo que tengan aquí lo que necesito - ladee un poco la cabeza-, además ya me encuentro perfectamente bien - su mirada se congelo en ese instante, parecía que se estaba repitiendo de una forma muy rápida lo que acababa de decir.
- Alice... - dijo entre dientes -, no te encuentras perfectamente bien.- Siseo, parpadee asombrada, pero sonreí aun mas.- No engañas a nadie - continuo como para que borrara mi sonrisa, bajo la mirada un segundo al pañuelo-, nadie te cree eso de que estas perfectamente bien. Desde aquí puedo oler el Captopril, desde aquí puedo ver tu dolor, te estoy viendo agonizar y ¡me dices que te encuentras perfectamente bien!- se burlo enarcando las cejas -. Te estás muriendo y no estás haciendo nada.- Dijo con fuerza dando un paso hacia adelante y clavando su mirada con sus ojos estrechos en los míos. Suspire aburrida ante sus palabras, aparentemente y apreté los dientes, lo siguiente que hice después de bajar la mirada al suelo y alzarla de nuevo, fue inconsciente, rápido y tan fuerte como lo que él me hizo sentir. Estampe mi mano contra su mejilla haciendo que girara el rostro, se llevo una mano a ella para tocar su propia mancha roja y me miro desconcertado.
- Nunca, en tu puta vida, me vuelvas a hablar de esa manera - dije aun con las cejas levemente enarcadas, camine de largo hacia enfrente, hacia unas puertas de madera que me llevaron a las aéreas verdes.

miércoles, 2 de enero de 2013

IV. Capítulo. ¿Esto qué es?


En dado momento lo llegas a preguntar... Cuando no reconoces algo porque nunca lo has visto o porque lo dejaste de ver por mucho tiempo, pero cuando esa pregunta te la haces a ti mismo porque te has dejado de reconocer, ¿cómo responderla?
Me rescate en la cama por la noche y cerré los ojos, no me quería desvelar pero tampoco quería caer en la inconsciencia aunque no logre mantener los ojos abiertos, lo único que pude pensar antes de que la oscuridad me llevara a sus garras fue que la voz razonable me decía que si dormía algo muy malo pasaría.
Desperté con el sonido de la alarma después de una confortable noche de sueño, no había tenido pesadillas. Inhale profundamente sintiendo, trague saliva, tenia nauseas por los nervios. Esta sería la primera vez que iría a la escuela después de un año y medio... Sentía el hormigueo que recorre la punta de los dedos de las manos, las rodillas y el pecho, el frio que te hace sudar las palmas y te deja sin voz. 
Me levante de la cama, no quería llegar tarde. Abrí la regadera, me mire en el espejo.
- Me llamo Alice Fontain, tengo quince años, mi color favorito es - fruncí el ceño, dudando cual era mi color favorito....- ¿marrón? - negué con la cabeza, eso no importaba-. Mi antiguo colegio es Argos, soy de Madrid... - Madrid es mi esposo, puse los ojos en blanco... ¿Qué otra cosa te hacían decir el primer día de clases? Lo peor es que estas personas seguro tenían años conociéndose o al menos seis meses... Y yo sería la nueva a mitad del primer año de preparatoria y hablar sola mientras el agua se desperdicia no es nada humano.
Suspire, girando para meterme a la regadera.
Mi nombre es Alice Fontain, tengo quince años, soy de Madrid, mi antiguo colegio es Argos,  mi color favorito es ¿naranja?, tengo nauseas, odio presentarme y ¿¡por qué coños me tengo que presentar!? Además creo que estas preguntas son de primaria, fruncí el ceño molesta e irritada por preguntas que nadie me había plateado. Pff… que absurda soy.
Me mire en el espejo de cuerpo completo que estaba en el interior de las puertas del closet; el uniforme me quedaba a la perfección, la falda no estaba tan corta... Justo arriba de la rodilla, aun así me hacía sentir incomoda... Mi cabello... Mejor bajo a desayunar.
Baje alistando las pocas cosas que tenía en la mochila estilo militar color gris: cuatro carpetas, dos libretas de cuadro, una de raya, seis plumas, dos lápices... Seis plumas? Me raye el interior de la mano con cada una de ellas, eran de colores diferentes, el estampado era blanco con flores de los colores de las tintas. Colores, lápices, tijeras, resistol en barra, calculadora científica, inhalador, audífonos, celular. Se siente bonito comenzar con todo esto, seguro que termino con un lápiz roto y una pluma negra... Vi la cajita de medicamentos, me lleve una pastilla morada a la boca.
Encendí la cafetera, las gotas de café cayeron poco a poco al principio, después cayeron chorros negros haciéndome agua la boca con su olor, la pansa me rugió, encendí una parrilla y puse al fugo un sartén.
-¿Ya son las seis? - pregunto mi mama, la mire, estaba inclinada con su bata blanca, cabello despeinado, sonreí al tiempo que asintió.-  No puedo creerlo - dijo estirándose en su totalidad al filo del escalón-... ¿Me preparas café? - pregunto bajando las escaleras con tono de "tu tomas leche".
- Si pero el primer café es para mí por levantarme primero - sonreí.
- Esta bien, voy a cambiarme para llevarte - volvió a sonreír, subió las escaleras.
Tome el vaso de la cafetera de cristal abriendo una gaveta para sacar una taza roja. Los contornos del mundo se doblaron, los contornos de mi visión se fruncieron y el nudo en la garganta se cerró junto con la oscuridad sobre mí. Escuche el sonido de algo al romperse antes de que todo desapareciera.
Lo último que escuchaba servía para que mi mente lo transformara en pesadillas.
Todo era color arena, todo era silencioso, solo una respiración frenética de alguien, abrí los ojos dentro de aquel lugar tan claro y otoñal. En el centro había una figura de cabello rojo vistiendo un largo vestido blanco cayéndole a los costados, su cabello se dejaba caer igual. Estaba descalza y se elevaba dejando a sus brazos y pies hacia abajo, la respiración le pertenecía.
Hojas secas cayeron lentamente rozando su rostro mientras ella se alzaba al cielo, rodeada de todo aquello que se volvía aun más frio. El pecho de la criatura ascendía y descendía ahora lentamente, alzando su barbilla al cielo abriendo los labios lentamente dejo que un grito se escapara rompiendo albas en el intento.
Desperté deslumbrada por una luz blanca intensa, olor a desinfictante y un pitido ritmico. Sentí nauseas por algo que descendía por mi tráquea, el pitido rítmico se acelero, las fosas nasales me escocían y me costaba respirar, me lleve una mano a la boca y descubrí que un tubo estaba sujeto con gasa a mi boca, fui despegando lentamente la gasa y saque el tuvo con una serie de arcadas.
Estaba en una habitación de hospital, conectada a diez aparatos que marcaban mis ondas cerebrales, ritmo cardiaco, ritmo de respiración y no sé que mas.  Yo misma respiraba con ayuda de una maquina.
Me enderece en la cama, observe la habitación vacía, con las cortinas blancas corridas, el espantoso sillón verde vomito, la televisión enfrente de la  cama. Cerré los ojos, me quite el oxigeno y me recosté en la almohada.
La puerta se abrió con un clic.
- Creo que ya despertó - susurro la voz de mi mama, se cerró la puerta-. Estará bien, Fernando... Mejor - se escucha solo su respiración-. Okay - y como cierra el teléfono celular, abro los ojos, los contornos borrosos se comienzan a aclarar.- Hola, linda - susurra mi mama acercándose a la cama.
- Hola - trato de decir y me sale un remedo de susurro.- Deje demasiado sucio? - pregunto sonriendo.
- Muy sucio - responde tocando delicadamente mi mano con la canalización y sonriendo débilmente.
- Donde esta mi papa?
- Estaba entrando al hospital... Va a hablar con Erick - asentí suspirando. Después de unos cinco minutos entra Erick seguido de mi padre. Erick ha sido mi pediatra, es conocido de mi papa desde  la preparatoria y amigo de mi madre desde la primaria. Es joven... Y siempre se ve agotado, sus ojos de un marrón que centellan a pesar de todo es cálido y familiar, mostrando el dolor de algo que solo el conocía, tiene unas profundas ojeras debajo, con una nariz fina y pequeña, unos labios delgados y de un rosa apagado. Su cabello es café y el es mas pálido y triste que una tormenta. Camina directo a la tabla que de seguro tiene muchos resultados de muchas cosas que no sabía que mi cuerpo podía hacer.
- Hola, Alice - dijo sonriendo y como solo Erick podía, le regrese la sonrisa, bajo la mirada a la tabla y la dejo al pie de la cama, camino hacia a mí con ojos tristes y sonrisa aun más triste y yo trague saliva-. Necesito que mires la luz, ¿está bien? - pregunto acercándose un poco y mostrándome una pequeña lámpara, la movió de lado a lado y la seguí aunque en mi campo de visión el reflejo de la lámpara al otro lado se quedaba así que regresaba a ver para asegurarle a mi cerebro que solo era el recuerdo y que ahí no había nada.- Alice... - susurro-, diré que te traigan la comida - sonrió después de apagar la lámpara.
- Cuanto tiempo? - pregunte viendo su espalda.
- Una semana - susurro.
Sentí un escalofrió recorrerme en la espalda recorrerme el abdomen, lo suficientemente fuerte para doblarme y abrazarme a mí misma, pero en su lugar sonreí mas.
- No será tan malo - dije viendo como mis padres intercambiaban miradas, su relación funcionaba muy bien más allá de las apariencias, ellos se querían y ahora estaban unidos... Y yo me quería separar de ellos para morir en paz.
Mi papa estrecho el hombro de mi madre, esta dio un paso hacia mi cama y me comenzó a peinar el cabello.
- Todo va estar bien, linda - susurro con voz quebrada.
- Lo sé - dije en tono fuerte, que decía que lo sabía, sabía que todo estaría bien y que me lo creía.
Aunque una semana... sabía que significaba análisis, exámenes y muchas cosas que dolían, una semana aquí significaba sangre y un recordatorio de que yo ya solo respiraba y que no vivía más.
Solo es por ellos, pensé después de casi tres horas cuando me habían desconectado a casi todos los aparatos dejándome la intravenosa con suero y una bolsa de un medicamento que ardía cuando entraba a mis venas.
Me aferre a caminar a paso normal al baño, encendí las luces de este y su potencia me deslumbro, entrecerré los ojos hasta que se acostumbraron a la luz, me acerque al pequeño espejo y deje que mis ojos se acostumbraran a lo que veían.
Ahí estaba el miedo que se convirtió en desesperación, ahí estaba la desesperación que se convirtió en histeria y la histeria se convirtió en tristeza y en un grito ahogado por el miedo que sentía que lo imposible existía.
Mis ojos eran dos cuencas vacías con un azul mediocre, mi cabello era de un patético anaranjado, mi piel estaba pálida, amarillenta y lustrosa, me veía huesuda de la cara y eminentemente rota. Exhale como pude para acercarme al lavabo.
- ¿Esto qué es? - pregunte en un susurro entrecortado. Humano, no humano, no era, gusano, incluso uno así tiene color... Cadáver, eso es posible... Yo era la viva imagen de un cadáver.
Solo necesito un poco más, pensé, un poco más... Pero qué sentido tenía si ya no me gustaba vivir, no sería mejor que yo misma acabara con esto... Para todos, que mi mano lo terminara... No... No por ellos, solo por ellos, porque lo poco que tenia se los daría a ellos... Era justo y necesario.
Viendo lo que ahora soy, solo me lastimo a mi misma... Qué importancia tiene lo que soy... Si solo vivo por ellos? Ninguna.
Alce la vista a mi cara y tire de ella a mis manos para protegerla de la destrucción, corrí de ella queriendo que se quedara en el espejo, con la cara en las manos deje que mis sollozos sin sonido ni voz, corrieran junto con mis lagrimas por todo lo que no habían corrido.
La semana fue mucho más de lo que esperaba, salí del hospital por mi propio pie luciendo lo mejor posible, como me lo habían enseñado, no mostrando mi debilidad a no ser que quisiera lastima de los demás.

III. Capítulo. Vivir en los Momentos.



Vivir en los momentos significa vivir aquello que será inolvidable como si fuera imposible de vivirse, es diferente a vivir el momento que te lleva a vivir ese instante como irrepetible... Los momentos son en lo que siempre tendrás, el lugar en el que siempre vivirás.
Mi primera semana en Santander... Era una suerte no haberme vuelto loca con las pesadillas de la semana, algunas veces solo quedaban atisbos y otras podía reconstruirlas en su totalidad.
Me encontraba en mi Estudio tocando y escuchando música deprimente deprimentemente, me frote la cara con ambas manos y recargue mi frente en el colosal cristal. Afuera el sol brillaba y yo todo lo veía gris, nublado y en un chubasco inmenso.
La puerta se abrió de empujón y mi madre entro con una bandeja sobre la que había una tetera de aluminio con una taza del mismo material, la dejo sobre una de las columnas con una sonrisa, inhale mientras me acercaba.
-Es té - dijo sonriendo un poco más.
-Gracias, mama - susurre, ella asintió y salió con su andar único.
Mire la bandeja, la tetera humeaba mantequilla y manzanilla, las galletas sobre un plato de cerámica negra, eran de nata, había leche, cubos de azúcar y una pequeña jarrita de cristal con labio dorado, en su interior había miel.
No había comido nada en dos días, no era porque no quisiera si no que no podía, cada vez que me llevaba algo sustancioso a la boca hecha agua por el hambre, mi estomago se reducía a una pulga y me hacia vomitar.
Apreté los labios en una fina línea. Es horrible tener hambre y no poder comer, es horrible tener que nutrirte con pastillas y alimentos artificiales porque no puedes comer nada.
Inhale conteniéndome, me mordí el interior de los labios y con manos temblorosas serví té de manzanilla con un poco de leche y miel, lo olí y cerré los ojos de puro gozo. Di un pequeño sorbo y mi estomago rugió de hambre, di otro sorbo hasta que la tetera se encontraba vacía y el platito de galletas solo tenia mil lajas. Saboree el gusto a mantequilla, miel y nata que había dejado mi comida, sentía hambre aun, pero comer algo más pesado solo me traería problemas.
Regrese al banco enfrente de las partituras para el violín y comencé a tocar, ¿lista para el funeral? Pregunto la voz sensata y mordaz de mi cabeza.
-Tal vez - respondí en un susurro y deje que las notas del canto suplicante me llevaran por mis recuerdos.
Mi vida pasaba metafóricamente delante de mis ojos, me detenía en los recuerdos más hermosos que eran casi todos y sin intentarlo me detuve en un recuerdo donde mi abuela me enseñaba la foto de mi tatatatatatatatatatatara abuela. Era idéntica a mí en cuanto facciones, ya que mi abuela aseguraba que ella tenía los ojos negros y el cabello igual. Era una foto antigua, la mujer había sido una de las primeras en llegar de Francia a España, una de las iniciadoras de la dinastía mas desgraciada de España: los Fontain, según mi abuela, una de las familias más importantes de España y el mundo en el Siglo de Oro, según yo, una familia común y corriente en la Siglo XXI, que era lo que importaba.
Mi abuela me mostro la foto para advertirme que la belleza de aquella mujer había traído desgracia y desenhorna a la familia por una larga época, que entre sus e numerables pecados se encontraba ser una mujer promiscua que nunca contrajo matrimonio. Josefina, según ella, me mostraba la foto para señalar que mi parecido a ella me daba un potencial riesgo a ir aparar al infierno.
Me lleno de un terror insensato proclamando que mi condena seria aun mayor que desaparecer sin dejar rastro como lo hizo aquella Fontain, ya que además de ser parecida a ella, era pelirroja y surda, así que estaba fregada y la única forma de salvar mi alma del fuego eterno era aprender a escribir como los humanos y no como las bestias.
Mi abuelita tan encantadora... Aprendí a rezar para redimirme por mis pecados porque lo que ella decía es que me tenía que sentir completamente arrepentida por mi apariencia, pero después el infierno se convirtió en un lugar para los católicos, cristianos y demás y el cielo solo es un lienzo azul con pesadas nubes como algodones.
Me deje llevar.
El lugar que mis padres habían elegido era de lo mas encantador, era tranquilo y silencioso, un día antes de entrar a la escuela, el 7 de enero, salí con un abrigo café de pesada lana de borrego y una bufanda gris rodeándome el cuello. Comenzaba a entibiarse la tierra, pero aun así con sol en lo alto y briza de mar, el viento era tan frio que ponía la nariz roja. Mi madre me dio jugo de naranja con manzanas verdes cortadas a la mitad mezcladas con miel y yogurt, uno de mis desayunos más sustanciosos.
Caminaba por la acera con las manos en los bolsos del abrigo, los audífonos conectados al Iphone, reproducían a Slow Dancing Society, un escalofrió me entro y mientras me encogía oculte mi boca debajo de la bufanda, me sentía cansada, bostece. No me vendría mal un café o un chocolate caliente, en la acera había un deportivo viejo de un reluciente negro. Hermoso. Por la calle solo paso una joven en una bici y nada mas, sonreí al tiempo que algo golpeaba mi cabeza con un impacto seco, justo en la nuca, me encogí y gire en redondo, agachándome por la manzana, alce la vista para encontrarme a un chico con sonrisa burlona encogido y con manos en su chamarra, llevaba una enorme bufanda gris de lana, en serio, era enorme. Me quite los audífonos viéndolo de arriba hasta la cintura.
-¿Comprarías manzanas? - pregunto burlón.
-¿Tú me lanzaste esto? - pregunte mostrándole la manzana.
- No fue el árbol - respondió entrecerrando un poco los ojos, de su boca salió vapor blanco, estaba sentado detrás de una mesa con mantel a cuadros donde un montón de manzanas estaban depositadas en cestos como los que usan para recoger fresas. Mi garganta se lleno con algo acido que me hizo apretar los dientes, cerré la mano entorno a la manzana para lanzarla después directo a su frente, girarme y caminar de regreso a casa sin dejar de escuchar su carcajada.
Gilipollas mal parido, pensé suspirando.
-¿Nos vamos? - pregunto mi madre cuando llegue a casa.
-¿A dónde? - conteste frotándome la nuca porque sentía que la manzana me la había atravesado.
- Al pueblo, hay un cine donde exponen películas viejas - sonrió mostrándome las llaves.- Te dejo manejar - enarco las cejas mientras trataba de ocultar su sonrisa, asentí tomándolas.
Caminamos al coche, separándonos para llegar a las puertas, cerré la mía con un leve jalón. Sentí la ira irse para que lo que siempre estaba conmigo regresara, es un grito inaudible que deja frio los huesos, deja sin aliento la garganta y  sin alma al cuerpo. Trague saliva porque este frio irreconocible para los ojos del inocente llenaba con espesas lágrimas los del pecador.
Quería ser libre de irme olvidando a quien dejaba atrás... Pero mi gran pena seria recordar su sonrisa, su vida y como la compartían. Se supone que debía de hacerme fuerte, pero a mí me debilitaba esta clase de dolor, lo que yo hacía era aparentar ser la persona más fuerte y que sus pasos resonaban en el suelo vacio y por dentro ya me había consumido.
-¿Qué película exponen? - pregunte entrando a las calles intrincadas del centro del pueblo con el peso del acero en el pecho.
- Ángela - respondió.
- Esa no es una película vieja - dije sonriendo un poco a al empedrado.
-¿No?
- No - sonreí aun más.
-¿Ya la viste? - pregunto, la vi enarcar las cejas mientras me estacionaba en un hueco de la calle entre dos coches iguales.
- No.
- Entonces finjamos que es una película vieja - sonrió mientras bajábamos del carro.
- Mama, cerca de aquí hay una cafetería, ¿puedo ir a comprar algo? - pregunte caminando en la misma dirección que ella, aunque tendría que ir en la dirección contraria.
- Mmm... Está bien, regresas por esta calle - comenzó girando para verme directamente a los ojos diciéndome que no me pusiera a observar el lugar-, doblas la esquina y caminas derecho, el cine está sobre la avenida, no hay forma de que te pierdas si me haces caso, de cualquier forma te estaré hablando - enarco un poco las cejas.
- No me voy a perder - sonreí y ella asintió dándome el avionazo.
Camine por la calle alejándome de mi madre con una mano recorriendo la pared con la punta de los dedos, primero se sentía lisa en partes y grumosa en otras, sentí los bordes de las puertas, los barrotes de ventanas bajas. El aire en el pueblo era igual de frio que en casa, pero el sol daba directo a tu cuerpo, tibio, el aire caminaba a tu lado con olor a pan recién hecho y conforme te acercabas a la cafetería se tornaba a un delicioso canela que te hacia agua la boca.
Trate de observar todo, cada detalle, cada roca, cada esquina, la gente que adaptaba al ambiente, yo adaptándome al ambiente, trate de sentir lo que nunca podre volver a sentir, con cada detalle mínimo quiero vivir lo doble para no irme tan rota, para olvidar el irme.
Esta vez no me atendió la amigable chica de ojos azules cuyo nombre no recuerdo y hoy había una promoción de dos cafés por uno y no había forma de decir que no porque aunque no quisieras te iban a dar tu otro café y aunque no quisieras lo tendrías que pagar. Ni Starbucks te hacia eso.
Salí de la cafetería con dos cafés demasiado calientes en las manos y cara de pocos amigos, presione demasiado uno lo que hizo que la tapa se abriera y cayera un poco de café sobre mi mano, abrí la boca solo para decir en voz baja: "au" y bajar la mirada a mi ropa y ver si no estaba manchada, no lo estaba, comencé a caminar por donde había venido.
- ¡Alice! - escuche desde atrás, mi nombre había sido pronunciado por una voz que no conocía, gire lentamente con todo el cuidado para no quemarme, enarque las cejas al ver quien había sido, el chico que me había tirado y causado una herida en la mano se acerco medio corriendo a mí con una brillante sonrisa, por reflejo di un paso hacia atrás sin pensar en el café casi hirviendo que me quemo de nuevo la mano, esta vez sí lo solté, junto con el otro, los mire, ensuciando mis botas.
- Au...  - murmure viendo la piel roja y chorreante de café.
- Uy... Lo siento - dijo, alce la mirada para volverla a bajar, di media vuelta pisando un vaso desechable. ¿Para qué hago caso a desconocidos? Tengo caca en la cabeza.- Oye, espera... Alice - dijo caminando hacia mi.- Quería ofrecerte una disculpa - continuo sin esperar a que lo mirara, camine haciendo caso omiso.- ¿Sabes? Eso se considera una grosería - dijo en tono despectivo, no pude evitar reír en voz baja, pare.
- Ya me habías ofrecido una disculpa - dije sin evitar cargar las palabras, sonreí al final y volví a caminar.
- Pero te respondí.
- Creo que me da muy lo mismo - se detuvo y pareció dejar de respirar, si hubiera estado lo suficientemente atrás no hubiera volteado a verlo, pero estaba a mi costado, así que me vi en la obligación y per obligación de girar y mirarlo para asegurarme de que no estaba sufriendo un ataque al corazón por mi respuesta tan poco refinada. El chico tenia la boca un poco entre abierta y la cerro de prisa.
- No nos hemos presentado, verdad, Alice? - pregunto de ¿forma casual?
- No.
- Me llamo Alexander Pechir - dijo extendiendo su mano derecha de forma horizontal, la vi un segundo recordando algo que mi padre me había dicho sobre tener el poder, extendí mi mano al tiempo que daba un paso hacia enfrente y no le quedaba de otra que colocar la mano ladeada como se supone que debes saludar.
- Alice Fontain - respondí, soltó mi mano antes de que pudiera terminar, bueno... Eso ya no era cosa mía.
- Mucho gusto, Alice - sonrió-, ¿qué te parece si te repongo tu café?.... Esta sería la segunda vez que te quedas sin el por mi culpa - agrego, asentí  mientras él sonreía, yo no soy esa clase de personas que sonríen porque les sonríen así que solo asentí regresando la mirada al frente para abrir la puerta de la cafetería.
El, a diferencia de mi, hizo que el joven que atendía se metiera la promoción de dos cafés por uno por donde quisiera y le cupiera. Se conducía con seguridad en lo que hacía, no en sí mismo y la postura que tomo en la fila denotaba que tenia liderazgo innato, solo lo mire de reojo dos o tres segundos y después me perdí en mi propio mundo haciéndome consciente de lo que si era importante.
Salí de la cafetería con un cappuccino igual a los que había tirado hace unos momentos y camine con el chico a mi lado por la calle, nunca le dije que me acompañara pero tampoco me importaba que lo hiciera.
-¿Cómo sabias mi nombre? - pregunte cuando pasamos mi carro, giro el rostro para verme-. Me refiero antes de que te lo dijera - me explique viéndolo a los ojos, sus labios querían sonreír.
- No sé si te has dado cuenta pero estamos en un pueblo... - dijo como respuesta- pequeño -agrego.
- Ah... Claro y tu eres uno de los clásicos chismosos de un clásico pueblo pequeño- vi hacia enfrente tragándome la saliva amarga que llenaba mi garganta, escuche su relajada risa y me dieron ganas de abofetearlo.
- Puede ser- respondió - Nos vemos, Alice - dijo cuando camine mas rápido para dejarlo atrás. Espero que no, pensé encaminándome al cine sin girarme.
El chico tenia apariencia extraña, se comportaba de manera extraña, hablaba como si no perteneciera a ningún lugar, sin acento y aunque caminaba como si el lugar le perteneciera parecía como si en cualquier momento se fuera a perder en el.
No solo parecía niño rico sino que se comportaba como niño rico y tenia nombre de niño rico, en resumen era niño rico y la respuesta a mi pregunta: su cabello es gris.
Entre suspirando a la sala de cine, fue fácil encontrar a mi mama, me senté a su lado superando de nuevo y tome un puñado de palomitas sin pensar en las consecuencias en mi cuerpo.
La película era francesa y al estar viéndola dude un segundo si era muy vieja o reciente, pero si muy buena, después recordé que era reciente. La vi con mi madre y sus comentarios al no apreciar esta clase de cine y que insinuaban el porqué de que me hubiera tardado tanto, se aproximaban... Pero claro, solo se aproximaban.
Cuando la película término me estire perezosamente en el asiento y después me levante, al café no le di ni un sorbo, lo tome, camine detrás de mi madre, encontré un cesto de basura junto a las puertas negras y deje caer el vaso.
-¿Quieres cenar aquí? - pregunto delante de mí, recupere el ritmo.
-¿En el cine? - pregunte viendo las maquinas para hacer las palomitas, me miro sonriendo y negué-. Prefiero comer en casa - respondí sonriendo como ella,
Tenía sueño así que deje a mama manejar de regreso a casa, sentía como si hubiera llovido por mucho tiempo, pero las aceras estaban secas e iluminadas por el faro universal. Mire el exterior por la ventana, se veía todo tan verde, la primavera pronto arrasaría con los retazos del invierno. El tiempo pronto arrasaría con los tajos que quedaban de pie.
No tenía hambre así que subí directamente a mi habitación, me senté en la silla enfrente de la computadora y comencé a dar vueltas y vueltas y vueltas, tantas vueltas para ver todo borroso como mis recuerdos, me levante haciendo que suelo se moviera un instante. Tuve que alzarme en puntas para alcanzar la caja de metal blanca con tulipanes rojos que estaba sobre mi closet, la abrí y saque los DVD'S que estaban dentro, antes habían sido VHS pero después dejaron de existir, así que hicieron que los convirtieran.
Puse el primer DVD y me senté en la alfombra con las piernas cruzadas, espere hasta que el fondo azul se tornara a un millar de colores. Se veía que había sido grabado con un videograbadora antigua.
- Vamos, linda - decía mi mama extendiendo sus brazos hacia adelante, debía de tener dos años y estábamos en el departamento de Madrid, el de grandes ventanales que tenía dos habitaciones, una cocina, un baño y un pequeño comedor. El de los años donde mama y papa estudiaban y mis abuelos ayudaban con los pañales y la leche. Me apoye en el cristal por el cual entraban los rayos de la tarde dando al piso de madera.- Vamos, linda, tu puedes sola - dijo poniéndose en cuclillas, la miraba como si entendiera lo que decía, me levante, di mi primer paso tambaleante hacia ella, en el tercero me incline tanto para caer y no lo hice y mama ni siquiera se adelanto si no que espero a que yo recobrara el equilibrio, cuando llegue a sus brazos, me rodeo con ellos con fuerza y me alzo besando mi mejilla, se veía mi sonrisa de un diente incisivo solamente cuando me giro a la cámara.- Saluda a papa - sonrió ella también haciendo que sus ojos brillaran-, hola, papa - dijo por mi  tomando mi mano y haciendo que saludara.
Paso a mi primer recital de ballet cuando tenía cuatro años, llevaba el cabello suelto peinado con una tiara, un enorme tutu de mucho tul rosa y un leotardo blanco. Solo alzaba los brazos formando un arco sobre mi cabeza,  me alzaba doblando la punta de mis dedos gordo y ya me daba mis aires de prima bailarina.
-¿No se ve encantadora? - pregunto mi mama aplaudiendo cuando aun no terminaba el acto.
- Se ve como una hadita - respondió mi papa, cuando la cámara lo enfoco, con sus ojos brillantes porque también le emocionaba ver como un moco de niña saltaba como grillo haciendo un círculo con otros mocos de niñas.
Estábamos tomando el sol los cuatros sobre toallas de Hulk, SpiderMan, Harry Potter y El Burro, para hacernos amigos habiamos jurado que a ninguno nos podían gustar las princesas porque eran de cuajos, aunque ahora juego sobre que a Katherine y a mí nos robaron la infancia.... Jugaba. Estábamos en casa de Katherine, con el gran jardín al frente y su casa lo suficientemente grande para dos personas, su madre y ella; ese día estaba perfecto, era verano, medio día y nuestras madres habían llenando una pecina inflable con estampado de estrellas de mar y peces de grandes ojos y frenéticas sonrisas.
Nosotros estábamos acostados debajo de las jardineras, en medio nosotras dos, al costado de Katherine, Nicholas con sus lentes de sol para proteger "los ojos por los que los dioses mueren en el Olimpo" y a mi lado se suponía que debía de estar Daniel, atrás de nosotros estaba la madre de Daniel y la de Nicholas, adentro mi madre preparaba algo y la madre de Katherine nos grababa.
-¿Qué hacen, niños? - pregunto con la sonrisa en la voz.
- Tomando sol - respondió Katherine como la diva que siempre ha sido.
-¡Como lagartijas sin cola! - dije sonriendo, Nicho alzo su pequeño brazo e hizo la seña de rock n'roll.
-¡Daniel, no puedes salir en ropa interior! - decía mi mama riéndose y saliendo detrás del, Daniel salto sobre nuestras cabezas hacia al jardín y corrió con la cortina del baño enredada al cuello, siguió corriendo hasta al árbol de jacarandá donde puso sus manos en sus cacareas.
- ¡Eso no se lo dicen a Superman! - dijo frunciendo el ceño, enfocaron a su madre al tiempo que se daba un golpecito en la frente, suspiraba y se levantaba.
- Daniel, Superman... - sé lo que pensaba, ahora: "Superman tiene pene", pero en lugar de eso dijo-: tiene mallas, vamos a ponerte unas - agrego extendiendo la mano hacia él, mi mama sonrió cuando Danny pasaba con sus bóxers de Bob Esponja dando saltatitos hacia su mama, al tiempo que esta articulaba: "lo siento" con los labios.
Pare el DVD en ese momento y me deje caer de espaldas, tomando una de las posiciones que los humanos no eran capaces de hacer según Daniel. Trague saliva para no hacer lo que mi alma pedía a gritos, ni siquiera estando solo yo, le permitiría un momento de debilidad.
Los recuerdos están hechos para quienes no queremos olvidar. La vida está hecha de lo que no queremos olvidar. Los recuerdos se hacen con la vida que nunca olvidaremos. Después de todo, esa fue tu verdadera vida. Y al final terminas viviendo los momentos.