domingo, 24 de marzo de 2013

Contando Desde Seis: Surco.


I. ¡Y EXISTE TÚ! ¡ELLA! ¡MI PERDICIÓN CON SU BELLEZA DE DIOSES GRIEGOS! ¡QUE DIOS PERDONE MI DESEO! ¡Y QUE MI AMOR SEA CASTIGADO!

I.I. Existió el Amanecer donde peque, existió el Atardecer donde rogué por perdón y en Alba, la tentación vino a mí.



Se respiraba el silencio, el cielo era del más pulcro azul y las espigas de un verde excesivamente claro se meneaban de un lado a otro por la ligera briza que corría, más allá de la pradera con sus flores silvestres: tulipanes de un intenso rojo, lavandas, lilas y azucenas blancas, se alzaba el mar que no se veía y rugía con furia ciega, la espuma de las olas que se reventaba con ellas, quería alcanzar el pulcro azul del cielo alzándose por el risco. Atrás más allá de la pradera con las espigas verdes, los tulipanes rojos, lavanda y lila se halla una casa, una pequeña casa de una sola planta, su techo de doble vertiente de teja café, tostada por el sol… el sol, alce la mirada al cielo… no había nada, no había sol, pero la tierra estaba tibia y húmeda a la vez. Regrese la mirada a la casita con techo de doble vertiente, con dos ventanas a cada lado de la puerta de madera, debajo de las ventanas que cubrían lo que a dentro había con cortinas blancas había unas pequeñas macetas de barro con rosas blancas, rosas con abundantes pétalos.
En mi pecho una intensa felicidad se albergó, tan intensa que me hizo dar un pequeño salto para correr a la orilla que se hallaba más allá de la pradera junto al mar, note que mis pies estaban descalzos y que la punta de mis dedos tacaban las espigas al pasar, podía respirar como no recordaba haberlo hecho y tenía una leve sonrisa en los labios.
La sonrisa se hizo risa, risa leve que precedía lo que sentía. Note que llevaba  un vestido blanco sin mangas que se movía al vaivén del  viento. Me detuve en el filo del risco para ver una ola estallar justo frente a mí y subir al cielo.
-¡Mamá! –grito una voz infantil, gire en puntas y la vi, una pequeña pelirroja de ojos negros y brillantes caminaba casi  saltando hacia a mí, con un ramo de tulipanes y una corana de pequeños frutos rojos en el pelo. Di un paso hacia ella, antes de que una sombra invadiera el lugar y todo, todo quedara completamente gris y así enfrente lo impensable se fijó en mí, y me hizo dar un paso hacia atrás donde una ola me abrazo y llevo al fondo, al fondo del furioso mar.
Desperté con la sensación de estar ahogándome, me lleve una mano a al cuello y vi el techo blanco de la habitación.
Y sentí las lágrimas correr saladas por mis mejillas hasta la raíz de mi cabello.
Me levante de la cama y camine a al baño sin pensar ni un segundo en el sueño, había algo que quería conservar de él... La sensación de poder respirar.
Abrí la llave y deje que la tina se llenara con agua caliente hasta más de la mitad después con fría tan solo un poco. Tome una pequeña botella de esencia de vainilla y otra de lavanda. Mientras me metía suspire al sentir el calor llegar a todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo.
Recargue la cabeza en el filo de la tina, cerré los ojos, para no encontrar la oscuridad esperada si no un par de ojos verdes. Bastante expresivos.
Enarque las cejas para después sumergirme completamente en el agua. Vi la luz desde el fondo y como las burbujas salían de mi nariz, la misma sonrisa se formó en mis labios como en el sueño.
Salí de la tina, camine después de secarme al armario. Encontré un short mezclilla que me puse rápidamente, después una camisa color beis de tirantes gruesos y otro color morado sobre esta, encontré una cadena con un montón de brillantitos y me la puse. ¿Quién fregados compro esto?
Salí de mi habitación y mire a un lado, al otro no porque había una pared... Recordé el techo blanco de mi habitación y decidí hacer algo con él.
Ese fue uno de esos impulsos en el que corres al garaje por una escalera que colocas después de mover tu cama justo debajo del techo donde quieres que la pintura dorada y negra que tienes,  por la cual fuiste hasta tu estudio junto un pincel número cinco y otro dos se conviertan en un hermoso árbol, en  parte frondoso y en otra deshaciéndose en pequeños pájaros que emprenden el vuelo y se alzan por el techo hasta que solo hay uno con las alas completamente extendidas.
Delinee a las pequeñas avecillas y remarque de dorado al único árbol, en medio de un mar de arena dorada.
Mire un segundo todo y quise tocar el único pajarillo que volaba en verdad pero me contuve con la punta de los dedos cerca de él, sabiendo que la pintura estaba fresca aun.
Me sobresalto la alarma de mi celular, baje de un salto de la escalara y camine hasta mi cómoda para comenzar con mi medicación.
Vi el fondo del celular mientras tomaba una pastillita color naranja que sabía a mierda, nunca he comido mierda pero por su olor estoy muy segura de que sabe a esta pastilla.
Las doce... Tenía que ir a alguna parte, me dije a mi misma, ¿a dónde? ¡A la playa! ¡Gaby me matara si no voy! Camine para ponerme unos converse blancos rotos... No sé porque me los sigo poniendo, pero me encantan todos rotos.
Corrí hasta las escaleras y salí al jardín donde mi mama estaba cortando unas hojas secas de sus tulipanes rojos, tenía todo su equipo de guarniría ahí y detrás de ella había un montón de flores aun en las bolsas negras del invernadero.
- Mama - llame acercándome un poco con las manos atrás de mi espalda, giro su rostro y me sonrió, después de verme un segundo.
- Buenos días, linda - sonrió a un mas irguiéndose.
- Te puedo pedir un permiso - sus ojos brillaron al escuchar mis palabras y se quitó un guante de gamuza café.
- Por supuesto, querida - enarco unas cejas perfectas-, ¿a dónde iras?
- A la playa con unos compañeros del colegio.
-¿A qué playa? -comenzó a caminar hacia la cocina, yo la seguí, abrí las ventanas y me quede en la barra, busco algo en el ferri.
- La del muelle.
-¿Sabes cómo llegar al muelle? - pregunto girando con una botella de agua mineral de botella de cristal verde en las manos, y un paquete de queso bree.
- Existe el GPS - respondí, sonrió ante mi respuesta después de darme la botella.
- Anda, mi pelirroja, o llegas tarde - no sé qué vio en mi rostro pero rio después de que corrí escaleras arriba.
Me desvestí rápidamente y me puse un traje de baño color blanco de escote cuadrado y con una espalda que comenzaba cuatro milímetros antes de mi trasero, igual esta parte era cuadrada, no mi trasero... Si no la parte de atrás del bañador, me puse todo de nuevo, el short y demás.
Encontré una mochila blanco donde guarde bloqueador, una toalla, ropa seca, unos converse morados, dinero y mi celular junto con mi caja de pastillas.
Corrí de nuevo por las escaleras y me quede justo enfrente del tazón de mármol de las llaves.
- ¿Me prestas el Jeep, mamá? - grite para que me escuchara.
- No me manejes muy rápido, Ali - me pidió.
- No, mi, nos vemos al rato.
- Antes de las diez o te voy a buscar - aviso.
- Si - dije saliendo, mire un segundo el volante del Jeep, encendí el GPS y el carro.
Me llevo el GPS por una carretera que no atravesaba el pueblo sino que rodeaba una gran sierra justo por la orilla del mar azul, sonreí al verlo a través de los lentes cafés que cubrían mis ojos del viento cálido que corría.
Me apetecía cerrar los ojos para sentir el viento golpear mi rostro y ver la luz del sol roja detrás de los parpados. Sonreí respirando con soltura.
Llegue al muelle a las doce y media, vi una gran aglomeración abajo en la playa. Así que no baje nada, solo active la alarma del Jeep después de cerrar el puerto suela, baje las escaleras de madera del muelle hasta donde estaba la gran bola de gente. Había paramédicos, periodistas y policías incomodos.
-¿Qué paso? - pregunte tratando de abrirme paso para ver lo que todos veían o vieron con ceño fruncido, y ojos llenos de lágrimas.
- No veas - dijo alguien tomándome de la mano casi cuando alcanzaba llegar donde los policías ya cercaban el área, gire para ver a Gaby que me negaba con la cabeza. Regrese la mirada ahí donde el paramédico se comenzaba a inclinar y el policía ordenaba que diéramos unos pasos hacia atrás, otros comenzaban a despejar toda la playa. Pero yo me quiero traumar, pensó mi fuero interno con sarcasmo.
- Okay - acepte saliendo de la aglomeración de chicos, camine con ella hasta que subimos las escaleras que acababa de bajar, ahora ahí había dieciséis chicos que ya me resultaban familiares, excepto esa chica de grandes ojos cafés, pelo perfecto y piel blanca que se llamaba Dydime, siempre se comportaba de una forma grosera conmigo.
- ¡Hola, Alice! - grito Alan dando un paso, un gran paso, hacia mí para plantarme un beso en la frente.
- Hola, Alan - dije sin mucha emoción comparada a la emoción que el había expresado.
- Creíamos que no venias... - dijo Stephanya.
- Soy nueva, ¿recuerdas? Me perdí un poco en el pueblo y después el comando del GPS me mando por una ladera así que me costó un poco de trabajo llegar.
- Hubieras llamado y te hubiéramos guiado - dijo Jamie sonriendo con los ojos verdes...
- No tengo el numero celular de ninguno - respondí, mi fuero interno estaba callado.
- Pues, haberlo dicho antes, pelirroja, préstame tu celular que yo te guardo el numero celular de todos - pidió Gaby, lo saque del bolsillo trasero de mi short y se lo tendí,- después se los mando a todos, el de ella - sonrió, sonreí de vuelta.
Un policía se acercó a nosotros y todos parecieron cerrar filas, más bien todos estaban apiñonados contra todos como si así nos pudiéramos proteger.
- Chicos, ustedes estaban aquí cuando encontraron el cadáver, así que necesito que testifiquen... No tendrán que ir a la comisaria, ni a ninguna parte, mi compañero se acercara y tendrán que responder a unas simples preguntas de rutina, ¿entendido? - todos asintieron.
Entre al Jeep para bajar las ventanillas y dejar que se oreara después de que me hicieran las preguntas de rutina, de las cuales solo nombre, domicilio, edad y a qué hora llegue pude responder. Estaba sentada en una banca viendo el mar a un metro del Jeep cuando alguien se sentó a mi lado y paso un brazo por mis hombros.
- He notado que no te molesta el contacto físico de extraños - dijo, puse los ojos blanco aun protegidos por los lentes.
- Con Alan no se puede hacer nada - dije, me recorrí hasta que su brazo cayo-, pero de hecho, si me molesta y mucho.
- Ah... Bueno, al menos no te ha tratado de besuquearte como a todas.
- Si, porque yo no soy todas y prefiere que quien le realice la vasectomía sea un profesional y no unos cuantos cientos de patadas.
- ¿Lo has pateado?
- Solo dos veces.
- Ah! Okay - sonreí por su tono.
-¿De qué era el cadáver? - pregunte girando para verlo, torció el gesto un poco.
- Era una chica, como de quince o dieciséis años, había una bolsa de basura cuando llegamos, debajo de la escalera del muelle... Entonces un turista venía con su perro corriendo y lo llevo a la bolsa de basura, la cual comenzó a romper y ahí estaba... Llamamos a la policía y... Y bueno.
-¿Extendieron el cuerpo?
- Nosotros no, unos chicos que la querían ver, idiotas - susurro.
-¡Es un cadáver! - señale. ¡Jehova! , ¿no les enseñaste respeto?
- Estaba desnuda y calva, dijeron algo de un asesino en serie, Ted Bund o algo así - respondió viendo hacia el mar.- Que bueno que no viste - agrego sonriendo y regresando a verme.
- Okay, ya terminamos - aviso de pronto Gaby saltando enfrente de mí, apretó los labios cuando me entrego mi celular-, ahora hay que irnos - me extendió una mano que tome.
-¿A dónde? - pregunte poniéndome de pie.
- Bueno, hay una playa como a unos cuarenta minutos de aquí, se llama de Running Forest.
-¡Esta a una hora! - recalco Jamie mientras negaba.
- La playa la van a cerrar, así que no hay a donde ir.
- Pues, okay, yo los llevo - cedió Jamie.
- Yo puedo llevar a algunos más - propuse.
Yo lleve a Paris, Benjamin, Alan, Martha, Fernanda y a Sepia, los demás se fueron con otras personas, antes de irnos llego una camioneta cerrada y blanca de la cual bajaron Regina y Alexander, Regis fue la única que se fue con él, los demás declinaron la propuesta diciendo que preferían irse con Jamie, en el mini coopera de Gaby o en la enorme moto de Dydime.
-¿Por qué no vas un poco más lento? - me propuso Alan.
-¿Pero por qué? Si voy a una velocidad perfectamente razonable - respondí tomando una curva en la que chirriaron las llantas-, ahora, ¿hacia a dónde?
- A seiscientos metros, a la izquierda - respondió Sophia, a seiscientos metros... Gire a la izquierda.
-¿Y ahora?
- Todo derecho, y giras a la izquierda. Alice, es una curva muy cerrada - enfatizo.
- Está bien - asentí viendo al frente, una curva muy cerrada, si la tomo a un promedio ascendente desde esta punto me ahorraría seis segundos. El tiempo es muy importante.
-¿Sabes? Ni siquiera Jamie esta detrás de nosotros y el maneja como alma que persigue el diablo - comento Benjamin por encima del ruido de la briza.
- Ah, bueno... Yo manejo de esta manera, Bejamin, ¿no te gusta? - pregunte distraídamente acelerando un poco más, tiene que ser de manera ascendente.
- Sí, sí, me gusta - dijo con deje de asombro.
Entonces, cállate.
- A mí me parece estupenda tu forma de manejar - dijo Paris recargándose en la parte de atrás de mi asiento, sonreí viéndole por el espejo retrovisor y cambiando de velocidad para tomar la última curva, ¡ja! Le gane seis segundos.
Le gane solo... Estacione el carro en un lugar bastante peculiar. Aquel estacionamiento era de concreto cuarteado y estaba cubierto de arena en su mayoría. Ni una alma se asomaba ahí y el mar era perfectamente tranquilo, casi se podría decir que no había olas. Después del mar y la arena, la briza cálida y el olor a sal, había algo frio, gire el rostro para encontrar un espeso bosque.
- Wow…- susurre bajando del carro, espere a que todos bajaran y mientras los ayudaba a instalar una parrilla y una red para voleibol llegaron los demás, primero Jamie, después Dydime, Alexander y al final Gaby.
-¿Pues cómo venían? , ¿Volando? , ¿o qué? - pregunto bajando del carro.
- Alice venia volando - dijo Martha sonriendo mostrando unos perfectos dientes,  le pase un gran tubo que era el poste para la red.
- Lo más seguro, yo iba a ciento sesenta y no te pude alcanzar- comento Jamie.
- No disminuía la velocidad en la curvas - explico Paris sonriendo-, es bastante buena manejando, ¡nunca había visto a ninguna mujer manejar así! ¡Era como de won! ¡Y el Jeep tiene doble tracción, Jamie! ¡Un Jeep con doble tracción! ¿¡Cuándo has visto eso!?
- No puede ser - negó Jamie-, ese modelo apenas va a salir el próximo año, a finales.
- Pues este tie...
-¿Paris, me ayudas? - pregunte interrumpiendo su charla de doble tracción, que un coche o un Jeep tenga doble tracción no es gran cosa, no noto que en lugar de seis velocidades son siete, tampoco pregunto por los caballos de fuerza, ni siquiera se preguntó por los cilindros y el peso del motor para la estabilidad cuando dimos las curvas, tampoco el diseño de las llantas que contribuían a esa estabilidad, tampoco noto que el coche funciona con alconafta y la velocidad de este es como la de un coche que funciona con gasolina. ¡No noto nada de eso!
- Si, Ali - acepto de buena gana.
Gaby se robó a Paris después de que nos ayudara con la red, se alejaron tanto que los perdí de vista. Otros chicos comenzaron a azar salchichas y carne de hamburguesas, mientras otros jugaban y nadaban. Este tipo de salidas fomentaba la comodidad entre nosotros porque nos veíamos en ropa interior, en sentido literal y obviamente con otro nombre, así nos respetábamos al vernos de esa forma.
- Vamos a nadar, Alice, vamoooooooooos - pidió Martha por enésima vez.
- Pero...
- Vamos - pidió de nuevo haciendo pucheros.
- Esta bien - acepte-, adelántate - dio un saltito de emoción y corrió al agua.
Aun me faltaban tres pastillas que durante el trayecto no logre tomar, solo dos fueron suficientes para que preguntaran si eran tic tacs, el pretexto de una gripe sirve solo con dos pastillas.
Me trague una capsula morada, me comencé a quitar las blusas y el short lo más rápido que pude, junto con los tenis.
Uff… que bueno que en la playa no hay espejos, que si no me quitaba nada.
- ¡Alice, apúrate! - grito Martha, gire para verla con Regina y Fernanda chapoteando.
- Ya voy- baje la mirada a mi cuerpo, no esta tan mal, me dije cerrando los ojos.
Gire y camine a paso medio rápido hacia el agua. Y me quede en la orilla.
Cuando tenía seis años, estaba en alta mar con mi abuelo Leonardo, recuerdo que me emocionaba ir a bordo de su nuevo yate. Aquello era increíble, incluso me había prometido que yo misma izaría una vela, una increíble vela en forma de globo de centolla color blanco.
Recuerdo haber visto un pez color negro, el mar estaba tan cristalino que pude verlo perfectamente al asomarme por la borda, parecía una piedra, pero me incline demasiado y caí golpeando mi cabeza contra el costado del yate, quede inconsciente. Lo que recuerdo después de eso es que mi sangre se unía al agua de mar.
Exhale fuertemente cuando me alzaron para colocarme sobre el hombro sujetando mis manos para que no  cayera.
-¡Bájame! - grite. ¡Odio cuando me cargan de esa forma! -. ¡Jamie, bájame en este instante! Jamie! - chille cuando entro al agua seguía caminando, su forma de caminar salpicaba mucho. - ¡Esto es una falta de respeto completa a mi espacio personal! - dije molesta y desesperada.
- No creo que haya faltas de respeto a medias.
-¡No es gracioso! - me queje, pero el solo rio.
¡No sé porque acepte venir!
Grite una vez más cuando caí de espaldas al agua, me tomo por sorpresa y al estar abajo, no era el área perfecta para nadar si no mas allá, me sorprendió cuán lejos me había lanzado. En lugar de salir a tomar aire, hice uso de las sesiones terapéuticas en agua de hace seis meses y nade hasta encontrar sus piernas y tirar de una de ella. Escuche su exclamación al sumergirse completamente en el agua.
Comencé a nadar a la supervise y apenas salí para tomar aire, tiro de mi talón para el fondo, de nuevo. ¡Hijo de puta! Pensé, haciendo lo mismo. Si me estoy muriendo, pero aún tengo fuerzas.
- Ya... - tomo aire-, ya, entendí, no lo volare a hacer - dijo entre bocanadas de aire, asentí nadando hacia donde estaban Martha, presintiendo que volvería a jalar de mí, mejor comencé a caminar.
No tenía nada de ganas de estar ahí, pero cuando comenzaron a hablar no se me quito.
- Pareces bástate enojada... - comento Fernanda.
-¿Se me nota? - pregunte viéndola.
- Tienes el ceño completamente fruncido - comento Regina.
- Estoy un poco molesta, pero  ya se me pasa - dije sonriendo.
- Al menos no aceptas que te traten así, tienes tu carácter, ¿eh?
- Creo... - moví mi hombro arriba abajo.
- Pensé que estabas jugando con Jamie, pero cuando lo volviste a sumergir, pensé: Se va a vengar... ¡Agohagandolo! - reí un poco.
- No eres nada predecible.
Cuando pensaste en que estaba jugando con él, de seguro pensaste algo como: a que está puteando con él, puntualizo mi fuero interno.
- Gracias - sonreí abiertamente.
- ¿Y tú, que, Regina, con Pechir? - pregunto Martha, se sonrojo bástate a comparación de su tono de piel y sonrió a la gran dona color morado que Martha tenia abrazada, me apoye en ella porque me estaba cansando de patalear para mantenerme a flote.
- Es fantástico - susurro.
- ¿Ya lo hicieron? - pregunto Fernanda.
- No, ¡Fer! Tú siempre con eso.
- Bueno, pues tú has dicho que es fantástico, eso deja bastante a la imaginación –dijo viendo hacia otro lado, mientras enarcaba las cejas.
-¡Es fantástico en muchas otras cosas! Toca el violín y habla francés. A parte, ¡de ser todo un cuero! - cerré los ojos dejándome llevar por la marea y el sol que caía sobre mi espalda y mi rostro.
- Dicen que está muy grande - dijo Martha.
-¿Cuál grande? ¡Si tiene diecisiete! Lo de los veinte que se carga, se lo ha inventado la puta de Gaby! - dijo con desprecio, no reaccione pero mi garganta se llenó de bilis.
- Gaby no es ninguna puta - dijo Martha.
-¿Cómo no? ¿Tú crees que con Paris juegan a las escondidas? No, o tal vez sí, pero es reinventado.
- Tener intimidad con tu novio no te convierte en ninguna puta, es su decisión.
- Di lo que quieras, no es una puta por hacerlo con Paris, si no por algo que ni te imaginas.
- Lo que digas...
- Creeme, que es bien zorra, tú no sabes lo que hace en su casa- dijo viéndola significativamente. Mi fuero interno omite comentarios…
- ¿Y según tú, que hace?
- Que no hace - puntualizo con sarna.- La muy desaforada tiene dildos en su cuarto.
Entorne los ojos.
- ¿Qué son dildos? - pregunto Fernanda en un susurro, a la vez que mi fuero interno.
- Vibradores - respondió con suficiencia Regina.
- ¡Que mojón más grande estas diciendo! ¡Ni tú te crees toda la mierda que estás! hablando - dijo Martha jalando la dona y a mí. Me alce precipitadamente.- ¡Vámonos, Alice, al coño de aquí! –Dijo en tono enojado, camine tan rápido como ella porque me estaba arrastrando en sentido literal. Decir que sentí un alivio cuando salí del agua es poco. Me senté sobre una gran toalla blanca y me cubrí con una que me pasó Martha.
- No sabía nada de lo que hablaba Regina - dije poniéndome los lentes cafés.
- Es un poco... Rara, no - cerró los ojos y negó con la cabeza-, ¡es una mitómana! - puntualizo.
- Okay.
- No sé qué le ocurre, además Pechir ni la toma en serio, así que no sirve de nada que se crea muy sofisticada y madura.
-¿Están juntos? - pregunte sin mucho interés.
- Algo así, creo que sí, la verdad el no da signos de estar con alguien.
-¡Hey, Martha! - grito Jorge-, ¡vengan a jugar! - Martha asintió y se puso de pie.
- Tengo que hablar con Gaby - dijo mientras me ponía el short y ella se amarraba un pareo de azul marino, me hice los lentes hacia atrás a modo de diadema, parpadeo una vez al verme.
- Que? - pregunte.
- Nada, te bronceaste - señalo un lado solamente, entorne los ojos.
- De un solo lado? - pregunte alarmada, asintió.- ¡No puede ser! - exclame.- ¿Se nota mucho?
- Pues, de este lado estas tostadita y de este bien pinche pálida – y se comenzó a morir de la risa, la mire mientras se reía a carcajadas, apreté la boca en un mohín, pero la sonrisa comenzó a ceder y también reí-
- Ah... Gracias.
- Pues recuéstate bajo el sol unos veinte minutos, pero protegiéndote la parte que ya está tostadita.- Recomendó, queriendo reír de nuevo.
- Okay, ahora voy a jugar entonces - dije sentándome de nuevo, cerrando la sombrilla que nos protegía del sol. Me puse encima la tolla y me acosté baca abajo mostrando al sol la parte a broncear, cerré los ojos y vi solo la luz roja detrás de los parpados.
Solo escuchaba el viento soplar a mí alrededor.
¿Has escuchado hablar de la eutanasia? Ahora será mi mejor nueva amiga.
No podía concebir el sueño así que supe perfectamente que habían pasado veinte minutos, saque el IPhone y me vi. Me veía bastante uniforme de color, active la cámara delantera para observarme mejor, estoy decente de color.
Pero ahora no quería ir a jugar, mire hacia al bosque y después donde estaban todos los demás. No se darían cuenta si desaparecía unos treinta minutos. Me puse en pie con mi bolsa y camine hacia el gran bosque.
Me adentre demasiado, pasando incluso un tronco caído, uno muy grande y ancho que salte. La luz del sol se filtraba por las hojas de los grandes árboles de formas increíbles. Traspasando las telarañas y haciéndolas ver como una unión perfecta de diamantes y agua.

Alcance a llegar hasta un lago perfecto, ahí donde solo había un árbol frondoso y enorme. Me recargue en su tronco para contemplar todo aquello, el lago extendiéndose hasta el horizonte donde nada lo interrumpía, ni una montaña, ni un risco solo el firmamento tiñéndose de rojo y naranja. 


viernes, 15 de marzo de 2013

VII. CAPÍTULO. ÉL. PARTE III.



- Juro que no te lastimare - se apresuró a decir, trague saliva-, solo quiero sentarme hablar contigo, solo hablar - repitió, levante una ceja-. ¿Puedo? - pregunto, asentí una vez.
Para que te perdone tendrías que lamber mis zapatos y el suelo que piso por los próximos cinco meses.
- Te ofrezco mis más sinceras disculpas - comenzó, extendiendo sus brazos por la mesa, lo mire directamente a los ojos como él estaba haciendo-, sé que no me he portado como es debido y no te he tratado como de seguro te tratan... -continuo, frunció sus cejas -; es solo que te veo y no... No entiendo como... Yo lo siento, Alice, no sé qué me paso, yo nunca había reaccionado de esa forma...
- Suenas como una persona violenta ofreciendo disculpas y lo peor es que... La persona violenta comete su error una y otra vez.- Sonreí con amargura.
- No, yo nunca... - dijo, cerró los ojos-, yo no soy violento... Es que el simple hecho de que tú me pudieras ignorar, me altero.
- Te lo mereces - sus ojos brillaron dolidos. Baje la mirada-. ¿Escuchaste cómo me hablaste? - pregunte lacónicamente-, te aseguro que ignorarte no es suficiente - agregue, levantándome, cerré mis libros para después tomarlos.
-¿Que necesito hacer para que aceptes mis disculpas? - pregunto en un susurro, levantándose.
- Acepto tus disculpas, Alexander - abrace los libros.
- Por favor - rogo.
-¿No has escuchado? - pregunte endureciendo la mirada -, he dicho que acepto tus disculpas - dije con algo acido al final.
Es que no entiendo cómo te atreves...
Mire directamente a sus ojos, para después apartar la mirada con displicencia.
No soy como la gente con las normalmente tratas, de las que les dices lo siento y fingen que nada paso, y yo...  yo tengo que pensar en cómo tratar contigo.
Tome la pluma y el lápiz, di media vuelta y salí de la biblioteca.
Tratar... No era la palabra, la palabra era convivir, lidiar, tolerarte, soportarte porque me costaría tanto trabajo tolerar su presencia, convivir con el como con los demás, lidiar con su carácter, soportarlo. No estaba exagerando, si así lo parecía, era un error. Me había herido el ego, el orgullo, me había humillado y era tan osco conmigo como si fuera una especie de enfermedad que se expande.
Yo no soy ninguna enfermedad, dentro de mí hay una, pero hago todo lo posible para que ella o al menos, lo que provoca que sientas por mí... No se expanda, por ello sonrió, me rio de las bromas tontas de todos, trato de estar de buen humor cuando estoy con las personas.... Y cuando sé que no puedo fingir más esa estabilidad, porque mi corazón está a punto de dejar de contener todo el dolor que guarda, me alejo.
Yo no trataba de herir a nadie, no quería terminar sabiendo que lastime a más corazones de los necesarios. No quería esparcir más mi pena, ni mostrar que tenía esta carga, estaba suficientemente herida por dentro como para que alguien me hiriera más, y el solo lo había hecho más real.... Había hecho más real ese dolor, lo había expuesto y... No podría soportar su presencia... Él había hecho verse así mismo como todo lo prohibido que tengo para mí misma. Todo lo que yo no quiero y oculto.
Suspire.
Sonó la campana mientras caminaba por el pasillo, guarde los libros en el casillero y mire mi único adorno: mi horario. Tenía clase de Trigonometría, cerré los ojos, apretando la mano sobre la puerta gris, abrí apenas los ojos en una rendija, tenía Química, después, inhale viendo la siguiente clase: Historia, bueno... Al menos, estaría con Gaby.
-¿Me acompañas por mis libros? - pregunte a Gaby, caminando por el pasillo de regreso la clase de Química, en la cual abriríamos animales, el miércoles.
- Si - canto, empujándome levemente con sus hombros, sonreí-. Mira - dijo mostrándome la manzana que Alexander había puesto en la mesa de la biblioteca o si no... Una idéntica-, dice 'sonríe', no te vendría mal hacerlo más seguido, tienes una sonrisa preciosa, preciosa - sonrió abiertamente, asentí y sonreí.- Ves, hasta te brillan tus ojos viscos - sonreí aún más.
-¿Donde las compran? - pregunte viendo como la abría y me pasaba el papel de sonríe. Esperaba que no hubiera sido tan estúpido para dársela.
- Eh... La verdad no sé, me la dio Alexander hace rato, cuando termino el almuerzo, se le veía muy apurado - respondió distraídamente, me gire para abrir mi casillero para evitar que viera como se me crispaba la cara por una acción tan estúpida, guarde el papelito entre las páginas de un libro y saque los de Historia-. ¿Podría guardar mis libros en tu casillero? - pregunto, asentí, tomando los libros de sus brazos, excepto la carpeta blanca y el libro rojo que eran de Historia, estaba ocupada ensartando el palillo de madera en la manzana, lo hundió profundamente y después tiro de el rompiéndola a la mitad.- ¿Quieres? - alzo y bajo las cejas.
- Si, gracias - respondí sonriendo, tome la mitad que estaba ofreciéndome en la esfera de plástico abierta a la mitad. Era una manzana verde cubierta de una dulce y agridulce cubierta color oxido, cuando la mordí me invadió el sabor de sal, dulce, algo picante y el ácido del jugo de la manzana, sabía muy bien.
- ¿Ya hiciste los deberes de Filosofía? - pregunto cuando íbamos para la clase de Historia.
- Sí.
-¿De dónde sacaste las respuestas? El tema no viene en el libro.
- Investigue un poco en la web y de un libro viejo de la biblioteca, creo que el libro lo tengo aun en el casillero, te lo doy más al rato.
- Gracias, ¿las respuestas que conseguiste en la web, no las encontraste en Wikipedia, verdad? - pregunto, reí en voz baja.
- No, de hecho, eran de libros on-line de filósofos que están retomando las ideas de Santo Tomas de Aquino y  Sor Juana Inés de la Cruz.
- Ah... Okay, creo que ya lo poder hacer. Odio la Filosofía, no me gusta para nada.
- Es interesante.
- Si, bueno... No odio la filosofía, odio a Ives... Es un cretino.
- Muy cierto, amiga.
- Lo sé, amiga.
Ives se creía tan gracioso, como cualquier maestro, creía que estaba siendo genial, pero era un verdadero idiota, aunque daba muy bien su clase.
Camine sin mucha prisa a la clase de Psicología que era después de la de Historia, Gaby se había despedido de mí y se había ido medio saltando a su clase de Trigonometría... Me gustaría tener más clases con Gaby.
El profesor de psicología era un hombre de poco menos de treinta y cinco años, usaba esos sacos que iban del negro al azul lustroso, con las camisas que iban del blanco al gris -no usaba corbata-, con pantalones de vestir, mocasines negros o cafés, siempre olía a fresco y era tan educado. Me agradaba más que Ives, se llamaba Mateo y no le gustaba que le llamaran profesor o maestro, además le gustaba que le hablaran de tu, según el, era para fomentar la cofinancia.
Entre al salón justo al tiempo que otras cuatro alumnas entraban, aquí la clase era de veinte niñas y dos varones.
Me gustaba sentarme en la segunda banca de todos los salones, así evitaba la mirada inquisidora de los maestros, pero no me perdía nada de la clase. Por raro que parezca, las materias me parecían interesantes y la forma en que enseñaban me gustaba, tal vez es porque me sentía cómoda en el colegio.
Me senté a lado de Martha, una chica de cabello negro, piel aceitunada y ojos cafés, tenía unas largas pestañas y unos bonitos labios color fresa. Su normalidad la hacía extraordinaria, no hablaba mucho, pero era simpática, me ayudo hace una semana cuando perdí la línea de la lectura y el maestro me pidió que continuara con ella.
- Hola, Martha - dije sonriendo.
- Alicia - contesto también a la sonrisa-, hoy no te vi en el almuerzo... ¿Otra vez haciendo deberes?
- Si, no me quiero atrasar con los de Trigonometría.
- Cierto.... - dijo recordando que tenía deberes y anotando que los que tenía en la parte superior de su libro, su letra era de trazos delgados y angostos.- ¿Cómo te van a calificar?
- No me van a pedir las firmas de la primera semana y le darán 5% más de valor al examen del trimestre, en mi caso.
- ¿No hubo opción?
- Nicolle tomo la decisión.
- Nuestra directora siempre velando por nuestros intereses - dijo sarcásticamente, en el momento que el maestro entro.
El día en sí, transcurrió tranquilo y cuando llego la hora de la salida mi mama estaba puntual esperando por mí del otro lado de la reja, veía con ceño fruncido el Upad, como si estuviera leyendo algo imposible.
- Cambiaron la fecha de la semana de la moda en Brasil - dijo girando sobre sí misma y dejando el Ipad en el asiento de atrás.
- Es un beneficio para ti? - pregunte al ver que sus ojos estaban serios.
- Tendré que salir un mes antes de lo planeado para arreglar la colección, ya lo habíamos organizado con tu papa - respondió, viéndome a intervalos-, íbamos a ir los tres, juntos - agrego.
-¿Cuándo es?
- En Junio, se suponía que debía de ser en Julio - apretó los labios-, ahora tendré que trabajar en serio en los diseños - dijo sonriendo, sonreí igual que ella-. Dibujar bocetos, hacer los bocetos, reunir modelos, arreglar la ropa para los modelos, reunir estilistas, construir la imagen, reunir fotógrafos, hacer la sesión de fotos, transportar la colección, los modelos, los estilistas y al diseñador. 
- Suena divertido - sonreí, ella también y asiento varias veces.
Comimos carne de ternera, con una ensalada que tenía pequeños tomatillos ácidos, la ensalada sabía muy bien y puré de papas, había pan recién hecho sobre la mesa con ajonjolí y una especie de mantequilla de aguacate especias, mi mama me ofreció vino tinto para la carne, pero preferí tomar agua mineral con hielos.
- No crees que estamos muy solas - comento cuando me paso la sal, estamos frente a frente separadas por la comida. La mesa del comedor era muy grande para que nos sentáramos como debíamos, ella a la cabeza y yo en el tercer asiento a su izquierda.
- Si, pero él está mas solo - dije viendo la botella de vino.
Mi mama se la pasaba pensando en mi papa, suspiraba por toda la casa y hablaban horas por teléfono cuando llamaba por las noches, parecían novios. Yo también lo extrañaba y aunque nunca lo dijera... Prefiero tenerlo cerca y morir dentro de un mes a tenerlo tan lejos...
Mis padres aun fuera de España me plantearon la posibilidad de mudarnos, tan solo considerarlo me destrozo... Como se les ocurría llevarme lejos de lo que conozco, de la gente que quiero, lo justo era que pasara ahí mis últimos días... hasta que regresamos de México y note que yo ya no podía vivir en Madrid, todos hablaban de lo que iba a pasar, me daban las condolencias, ¡se las daban a ellos! Y yo aún estaba a su lado. Así que hui, yo les dije que me llevaran lejos de Madrid.
Y me trajeron al otro lado del país, porque quería morir en España junto al mar.
-... ¿Anthony? - escuche, la mire directamente a los ojos.
- No te escuche, mama - me disculpe.
- ¿Que si te dijeron que dejo la universidad Anthony?
-¿Entro a la universidad? - pregunte sorprendida.
- Si, iba a estudiar Astronomia - dijo divertida, enarque las cejas y alce la barbilla.- Lo mismo pienso.
- Bueno, no es tan descabellado... Siempre le gusto estudiar el firmamento, ¿recuerdas ese gran telescopio que tenía?- aunque lo usaba para otra cosa que nada tenía que ver con el firmamento, si no con la habitación de nuestra vecina.
- Lo que me sorprende es que haya querido acabar la preparatoria un año antes, para ingresar a la universidad y dejarla un mes después.
- Fue un pretexto.
- ¿Por qué?
- Porque el termino la preparatoria antes para tener su año sabático antes - explique cortando la carne -, solo me hubiera gustado ver la cara de Natalia cuando se enteró de que su principito iba a dejar la escuela - mi mama entorno los ojos mientras medio se ahogaba con su vino.
Anthony Frenchmann es mi primo, es dos años mayor que yo y crecimos, en sentido literal, juntos. Es hijo de Natalia, hermana mayor de mi papa, se casó a los treinta y cinco años con un hombre veinte años mayor que ella, que se había divorciado tres veces y tenía tres hijas y era violento.
En una ocasión casi mata a mi tía, entre el divorcio, el hospital y la intervención psicológica declararon a su padre mentalmente incompetente para ocuparse de él y de sus tres medias hermanas. Las tres hermanas se fueron con sus madres, Anthony se quedaría con nuestra abuela Josefina hasta que su madre se repusiera y esto coincidió con la época en que yo vivía con ella y con el abuelo Leonardo.
Ayude a mi mama con sus diseños, haciéndole de perchero, me ponía las telas, veía como contrastaba con mi piel y combinaba texturas.
Su ropa siempre me parecía como si hablara de una historia de amor, creaba poesía con ella. Ella era pura poesía, jugaba con que mi papa era melodía y juntos crearon un hermoso soneto, lo que me ponía la piel de gallina y me hacía entornar los ojos.
- Digamos que vas a un baile de primavera - comenzó-, si en verano usas durazno, en invierno usas azul, en primavera usarías blanco... - observo viéndome con tul color durazno, satín azul y angora    blanca-, no... - susurro-, usas rojo - comprobó poniéndome un tono de rojo que nunca había visto en un vestido-. Quien te diga que evites el rojo por ser pelirroja, lo que te dice es que te verías demasiado sensual y peligrosa para él o... Ella - agrego.
- Mamá, soy heterosexual - repuse mientras me sunchaba con la tela.
-Sí, lo sé, pero hay personas que no lo son y pues, que tú seas heterosexual, no impide que personas que no lo son, no se enamoren de ti – dijo con voz cariñosa.- ¿De verdad eres heterosexual? – pregunto después de un momento, alce la mirada a sus ojos verdes.
-De verdad, ¿por qué? – pregunte curiosa.
-Tenía mis dudas… mis serias dudas – dijo viendo con cejas enarcadas un pliegue de la tela-. Este es el color, la tela y la modelo – sonrió.
-Sí, por supuesto – mi sarcasmo salió como agua del grifo, río una vez y se giró a su mesa de trabajo, alta y gris.
-Bueno, tal vez, un poco más grande para el tipo de vestido que haré… tu todavía tienes cara de “no soy inocente de nada, pero tampoco puedes probarlo” – sonrió maliciosamente. ¿Mamá, que te estás imaginando? Sonreí. Camine hasta la cama de mis papas y me deje caer sobre el edredón dorado, aferrando una almohada. Ya me había cambiado llevaba el pantalón de un pijama rojo de seda y un suéter gris de lana, me quite las pantuflas grises y me hice un ovillo en el centro de la cama viendo el cabello rojo de mi madre caer sobre su espalda. Mostraba su perfil a contra luz y los ojos se me llenaron de lágrimas… mamá. Cerré los ojos y los abrí, suspire y los volví a cerrar.
-Linda… -susurro mi mamá, al abrir los ojos lo único que pude ver fue un reluciente y claro verde como el de un árbol ficus, que brillaban con una sonrisa no pronunciada-, aférrate a mí, linda – murmuro, alzándome de la cama.
Caminaba en un bosque oscuro, frío y apagado de vida, los árboles se la robaron hace siglos, estaba tan oscuro, sin luna, sin estrellas, sólo una luz azul cobalto me guiaba a la más profunda oscuridad hecha de sombras y miedo. Camine por aquel bosque viendo al frente y alrededor, el suelo de tierra estaba repleto de troncos, ramas, o cojal y pasto salvaje y dócil a la vez.
Llegue en tiempo a un río de corriente rápido, aquel tiempo fue tan brusco que no me dio la oportunidad de evitar que mi cuerpo se hundiera en el agua; esta era tan fría, se clavaba con saña en mi piel como pinchazos de agujas, el dolor de los pinchazos, me hizo consciente de que iba descalza y sin chamarra, estaba hundida hasta el pecho. El fondo del rio constaba de guijarros planos, negros, eran tan planos que mis pies resbalaban; la corriente me empujaba al centro del río, alejándome de ambas orillas. Mis pies resbalaron sobre los guijarros y me hundí totalmente en las aguas, debajo de ella abrí los ojos para ver las copas oscuras de los árboles y un cielo completamente lleno de estrellas, relucientes, rompiéndose en destellos por el agua. Mi cabello se elevaba… quería alcanzar las estrellas, pero yo no quería, no le encontraba sentido. De mi nariz pequeñas burbujas salían y por imposible que pareciera sentía una sonrisa en los labios.
Cuando mi espalda toco el fondo, moviendo unos cuantos guijarros, una mano largo con uñas plateadas me tomo del centro del pecho de la blusa, tirando de mi con fuerza para sacarme del fondo de aquellas aguas.
Me encontraba en la orilla de un circulo hecho por árboles, el centro de este era un gris absoluto, en el cielo solo se hallaba una luna llena, emanando luz de perla y en el centro de aquel circulo formado por delgados arboles con  puntas hacia el cielo, se encontraban tres piedras oscuras y perfectas, una sobre la otra y en la cima había un joven boca abajo, mostrando su piel de un dorado apagado completamente desnuda y solo protegida por dos inmensas alas hechas de perfectas plumas blancas con puntas doradas, en su espalda había marcas de látigo, recién hechas, emanando sangre plateada.
Sentí un calor con centro tibio en medio de mi pecho, es una tristeza profunda la que me lleno al verlo, di una paso al centro del círculo, él sabía que estaba ahí, que me acercaba a él, que le quería tocar y yo sabía que eso lo hacía sufrir, sabía que estaba apretando sus manos con fuerza y cerrando los ojos. Me lleve una mano al pecho y enrede en un puño la tela sobrante de la blusa, abrace mi cintura con el otro brazo e hice lo mismo, de mis ojos resbalaban lagrimas tibias, gruesas, amargas…
Cuando estuve tan cerca de él para escucharlo suspirar... primero una pluma dorada se desprendió  de su cuerpo, después otra y al final un mar de ellas se elevaban dejando nada de él, el ángel se destruyó por mí. Un grito que formaba su nombre salió de mi boca con todo el dolor que estaba encerrado en mi pecho.
-¡NO! – grite aun reclamando su acto.
Era mío, él era mío…
Desperté por el sonido confuso de un cantante con melodiosa voz, me costó un momento procesar que esa era mi alarma y otro saber que ya era hora de levantarse; mire el techo del cuarto poco iluminado por el reciente amanecer.
No recordaba el nombre, pero si el pensamiento que se había formado a su alrededor y el sentimiento que me dejo, era mucho más intenso que mi propia lástima, más intenso que mi tristeza… pero no sabía que era… ni quién era, ni porqué era.
¿Cómo te llamas, Ángel? He pronunciado tu nombre y me ha gustado tenerlo en la boca. Quiero decirlo mil veces y conseguirte.
El ángel me pertenecía, pensaba incesantemente mientras caminaba por el colegio, tomaba notas, escuchaba clases y hablaba palabras que carecían de sentido… las únicas que lo tenían eran esas…. él era mío y lo quería… Mi ángel. Un ángel hermoso me pertenecía… estaba sufriendo en el sueño, ¿por qué sufría? Si era mío... si se mantenía a mi lado, no sufriría nunca más.
-¿Alice? – pregunto una voz femenina y dulce pero con un deje de irritación-, ¡ALICE! – grito a mi oído, cerré los ojos, notando que no había parpadeado, trague saliva y dirigí lentamente mi mirada a unos ojos cristalinos y azules. Los de Gaby.
-¿Sí? – pregunte en tono educado, parecía bastante irritada.
-¿Qué acabo de decirte por décimo quinta vez, Alice?- exigió, abrí la boca, pero la volví a cerrar,  recorrí con la mirada primero su mano cerrada en mi brazo con un poco de fuerza, mis brazos estaban cruzados enfrente de mí sobre la mesa, enfrente de estos estaba una bandeja con una pechuga de pollo sin tocar. ¿Qué hora era? , ¿Ya era la hora de la comida? Fruncí el ceño… seguí mirando, ahora más allá de mi comida, vi a Jamie que tenía una sonrisa y una mirada divertida y expectante.- Has dicho que… -comencé con seguridad, mirando a todos, que tenían una mirada similar. Mierda, ¿Qué ha dicho?
-Has dicho que – reconstruí todo el día, desde la mañana cuando todavía estaba medio presente… menciono algo… se escuchaba muy lejano, ella se veía lejana y en este momento ellos se veían borrosos con toques rosas, exagerando un amarillo opalino que brindaba seguridad. Sentí la brisa del jardín, me rozo las mejillas que las sentía calientes a comparación del viento frio y salado que corría. Olía a mar.- Has dicho que quieres que vayamos a la playa – dije asintiendo para mí misma y para ella, me encogí levemente de hombros,  gire para mirarla, sus ojos se iluminaron y presiono suavemente mi brazo  al tiempo que sonreía.
-¡Sí! – exclamo emocionada, parecía que quería aplaudir. Ella tenía un no sé qué, que se yo, tan maternal, te hacia quererla de inmediato, contagiaba su ánimo y todos parecían estar dispuestos a lanzarse del risco si se los proponía, yo también, por imposible que pareciera.- ¿No te parece una excelente idea? – me pregunto con una sonrisa y unas cejas enarcadas.
-Me parece una excelente idea – confirme acercándome mi almuerzo, corte un pedazo de pechuga de pollo con pimienta y mantequilla, que se deshizo en mi boca.
-Entonces, estaba pensando en que fuéramos todos juntos, sería lindo y sería este sábado – siguió hablando para todos-, Alice, vendrá, por supuesto – agrego.
-Sí, yo iré – acepte sin apartar la mirada de la comida. Quería comer. Escuche algunas de las respuestas afirmativas y vi como Paris miraba a Gaby, con absoluta devoción, parecía que llevaran años juntos, no sólo un par de años o un par de meses, pero supongo que así se ve el amor cuando eres joven… como devoción.
Suspire abrazando mis libros de Historia, iba hacia ese salón, no me había topado a Gaby  y hoy era ese día en el que nos tocaban clases muy distintas, a excepción de Historia.
-Te ves sonrojada – dijo una voz suave, un poco ronca, como el canto de un pájaro lleno de vida y elegancia al emprender el vuelo, alce la mirada a unos ojos verdes intensos y profundos.
-Hola – conteste.
-Me ahorre la pena de saludarte, sabía que no me escucharías si me andaba con formalismos, parece que no te agradan mucho –comento sonriendo.
-Son formalismos, no te tienen que agradar.
-Hay gente que ama los formalismos, son la base de la sociedad –comento con cierta ironía pero con algo que me decía que incluso él amaba a los formalismos.
-Bueno… a mí no me agradan, ni me desagradan.
-Oh! Indiferencia habla de una joven de carácter fuerte, rebelde y que está dispuesta a romper unas cuantas leyes.
-¿La indiferencia habla tanto? –pregunte, sonrió un poco y sus ojos se derritieron.
-No – respondió- normalmente – agrego inmediatamente-, pero cuando hablamos de ti, la lengua se le suelta.
-¿Hablas muy seguido sobre mí con ella?
-Todo es cosa de ella, yo siempre estoy dispuesto a hablar de política o cualquier tema interesante y controversial, pero… parece que eres bastante interesante para ella y como también lo eres para mí, no opongo queja.
-Te gusta parlotear, ¿cierto?
-Solo cuando voy a decir algo que no es agradable, me hace dulce y perdonable –sonrió abiertamente, enarque las cejas.
-¿Me lo estás diciendo en serio? –pregunte con el ceño un poco fruncido.
-Sí, yo no miento –sonrió con los ojos, me estaba insinuando una gran verdad.
-Ni yo –mi tono fue tan convincente como si te estuviera diciendo que la fórmula del agua es  H2O.
-Me caes muy bien, Alice – río.
-¿Y qué dirás, que es tan terrible, para que parlotees tanto?
-Mmm... Nada, aun no tengo nada tan terrible que decirte, solo me llamo la atención que hoy tuvieras algo de color - respondió.
-Ah... ¿Gracias?
-De nada, y siéntete especial, no te voy a estar haciendo cumplidos todo el tiempo.
-Me siento especial - dije cerrando los ojos, burlándome de él. 
-Qué bueno que despertaste, Alice, hoy ha sido tu día más callado.
- Tengo clase de Historia, Jamie, nos vemos - dije cuando las pocas palabras que tenía para entablar una conversación se desvanecieron con la punzada que surco mi pecho. ¿Cuántas no habré contado?... lo cierto es que me alegro de no haberlo hecho.
Las clases no fueron mucho más divertidas de lo que fueron el día de hoy, poniendo o no atención, me parecían absurdas, mientras hacía los trabajos me preguntaba como esto me podría servir en la vida diaria… todo por un ángel. Todo me lo cuestionaba por él, cuando trataba de recordarlo, los contornos ya no era precisos… se estaba desvaneciendo. Mi respiración se detuvo un segundo con el pensamiento de poder perder su recuerdo.
Saque una hoja en blanco, la puse sobre la carpeta y después de esculcar tome el carboncillo, empecé haciendo los trazos largos de su espalda, alargándolo un poco más para que se convirtiera el brazo que tenía descansando completamente sobre las piedras. Al llegar al salón de pintura, mire un segundo el resultado, las piedras no eran ni la mitad de lo que fueron y el parecía estar acostado boca abajo… si tan solo me hubiera mostrado sus facciones… su nombre… ¿Cómo voy a buscarte?
Oculte el dibujo entre las hojas,  no quería que lo vieran… me sentiría… dejarlo ver tan vulnerable, frágil como se había mostrado ante mi… no lo permitiría.
-Alice, podemos ver tu trabajo de esta semana – pidió la maestra, asentí distraídamente y mostré el lienzo, sin prestar mucha atención.-Es muy real, Alice –comento la maestra, la mire directamente a los ojos.
-Gracias – respondí y los últimos restos del ángel se esfumaron.
Está bien… está bien.
Me puse los audífonos y los conecte al IPhone, una hora y media era lo que tenía para vestir esos muñecos móviles y ver a unos extravagantes ensayar con ellos, sonreí cuando Sia comenzó a aullar, y sin poderlo evitar moví la cabeza ligeramente de lado a lado cuando Flo Rida comenzó a cantar. La canción se llama Wild Ones, es uno de mis gustos culposos.
-Lose, lose after tomorrow … true is everything we know – susurre, mientras pasaba los brazos por la seda-, with you… Wild ones, wild ones– es todo lo que me sabía de la canción, lo demás lo pronunciaba después de ellos o no lo cantaba. Estaba sola tras vestidores, mientras alzaba el penúltimo muñeco móvil para verlo vestido, enorme y bien hecho. 
Lo seguía observando, aunque ya estaba complacida con el resultado, pero la canción no me dejaba pensar porque escuche que tú eres uno de los locos y que hoy regresabas a casa, algo presiono mi hombro sacándome de la ensoñación que había creado la canción, salte apartándome y girándome para ver quien había sido. Alexander me observaba con ojos divertidos y  una ligera sonrisa, me quite los audífonos, algo amargo me subió a la garganta, pero me lo trague.
-Me asustaste – dije pasándome los audífonos detrás del cuello.
-No gritaste – sonrió abiertamente, haciendo que sus ojos chispearan. Era tan raro verlo sonreír, aunque no lo conocía, quizá sonría mucho más de lo que crees o de lo que te has llegado a imaginar por estas dos semanas, porque claro… conoces  cuanto sonríe alguien en dos semanas, pensé sonriéndole a mi fuero interno, hoy no quería mandarlo al carajo.
-No soy buena gritando –medio gire cruzando un brazo sobre otro sobre el estómago para ver al muñeco móvil y no verlo a él, aun no me agradaba-, y… ¿ustedes no saludan o algo así?
-No quise interrumpir la serenata que le estabas dando – respondió, sonreí, estaba a punto de sonrojarme, así que trague saliva apretando los labios, le dirigí una mirada a Alexander que tenía una mano sobre la boca y las cejas enarcadas.
-¿Te estás riendo de mí? – pregunte enarcando las cejas.
-No – dijo bajando la mano de su boca y mirando el suelo, estaba tratando de contener la risa, apretó los labios-. No –dijo alzando la mirada a mis ojos, ya más serio, carraspeo levemente y sonrió-, ¿Qué canción interpretabas tan maravillosamente? – pregunto, al final apretó los labios, sonriendo solamente.
-Fucker One –respondí y sonreí, enarco las cejas y sonrío.
-Ah… es muy bonita –dijo en una mezcla rara de sarcasmo y pura diversión. No cantas tan mal, me aseguro mi fuero interno tratando de reconfortarme-, no cantas mal –me aseguro a su vez Alexander-, fue interesante escucharte.
-¿Cante tan alto?
-A penas murmurabas –respondió parpadeando una vez lentamente.
-Promételo.
-Lo prometo – dijo en voz baja.
-¿Por qué te reías, entonces? –Se formó de nuevo su sonrisa, aparto la mirada al techo y abrió la boca aun con una sonrisa en los labios.
- ¿Te ayudo? –pregunto en su lugar señalando el muñeco móvil que estaba recostado desnudo en el suelo de madera del auditorio cerca de los vestidores.
-Por favor –acepte, lo comenzamos a vestir pasando la manta y después la seda haciendo que ambas se vieran y contrastaran una sobre otra, al terminar lo levantamos y colocamos a lado del que vestí sola.
-Me habían dicho que eras talentosa – susurro, yo miraba mi trabajo terminado, ya sin audífonos, concentrada en él, me reconfortaba verlo realizado, era una sensación tan buena, era agradable, inhale profundamente-, pero me no me dijeron cuan talentosa eras – agrego. Aparte la mirada de mi trabajo y lo mire a él con sus brazos cruzados sobre el pecho, miraba uno de los muñecos pasando su mirada después a los demás, de pronto, como sintiendo que le miraba, bajo  su mirada a mí y sonrió.
-Gracias.
-Eres buena aceptando cumplidos – dijo con fingida sorpresa-, si fueras tan buena aceptando disculpas- comento al aire, tomo una bocanada viendo mi trabajo - o… cantando – agrego soltando el aire.
-Has dicho que no canto mal.
-Pero no dije que cantaras bien – ladeo la cabeza a un lado-, no cantas mal… no cantas de una manera excelente, cantas con armonía pero no para estar en el coro – explico después de un momento.
-Gracias… creo – dije mirando a otro lado.
-Tu voz…, sin cantar, es como la de Lula Boats y Gabrielle Aplin, pero más alegre y más ronca – comento sonriendo levemente-, o sea no cantes – sonrió abiertamente.
-Tu personalidad es como la del doctor Crane y el Guason pero sin Cillian Murphy y sin Heath Ledger - sonreí,- o sea… ponte un saco de arpillera en la cabeza – sonreí abiertamente, río moviendo ligeramente la cabeza.
-Eres tan simpática – dijo recargando la palabra “tan” y poniendo los ojos en blanco.
-Lo mismo digo.
-¿Me podrías decir la hora? – metí la mano en el saco para sacar el celular.
-Seis cincuenta – respondí, viendo distraídamente la hora.
-Gracias – asintió, regrese después de eso la mirada al reloj del celular al escuchar el eco de mi voz pronunciando la hora.
-¿¡Por qué no preguntaste antes!? – reclame caminando apresuradamente por mis cosas.
-Me estaba divirtiendo mucho – contesto detrás de mí.
-¿Por qué? – pregunte encarándolo y poniendo mi mochila sobre mi hombro, sonrío.
-Bueno… como empezar – dijo viendo más allá-, que te parece si te acompaño a la salida y te lo voy explicando- ofreció sin hacer una pregunta en concreto.
-¿Sin abuso físico? –pregunte enarcando una ceja,  me miro directamente a los ojos.
-Prometido – respondió alzando su mano derecha.
-Okay, vamos –comencé a caminar-, ¿Por qué siempre eres el único en la escuela? – pregunte cuando caminábamos por el jardín.
-¿No sé, Alice, si alguna vez has escuchado hablar sobre presidentes de clase? - ¿y eso qué?-, bueno aquí es sinónimo de vigilante de colegio o de niñeras, ya que el colegio es tan grande hay muchos y yo tengo la mala suerte de encontrarte corriendo por tu edificio o dando serenatas a objetos inanimados y como eres una paranoica...–agrego, estreche los ojos pero sentí una punzada de remordimiento aunque luego se borró cuando recordé lo de hace una semana.
-Ah… lo siento, pensé que eras un acosador.
-Eh… no, pero gracias por la adjudicación de tan generosa cualidad - reí.
-¿Ustedes son siempre tan elocuentes? - pregunte un poco hastiada de tanta perfección al hablar.
-¿Nosotros? - pregunto con el ceño ligeramente fruncido.
-Si… tú, Jamie… -me encogí de hombros, aparto la mirada y miro hacia enfrente.
-Me gustaría creer que cuando pienses en elocuencia solo pienses en mí, no en… todos - dijo, sentía la boca un poco entre abierta, así que la cerré, trague saliva y también mire hacia enfrente.
No se… pero creo que esos dos no se llevan bien, pero es mera creencia, ninguno de sus comentarios me lo ha confirmado.
-Alice - llamo bajo, lo mire inquisitivamente. Ya habíamos salido y en el estacionamiento había mucho movimiento, aun, pero no veía a mi madre por ninguna parte. - Que pases una linda tarde - sonrió y sus ojos se iluminaron.
Dentro de esos ojos hay un par de luciérnagas, pensó mi fuero interno.
-Gracias - respondí retirando la mirada para el estacionamiento, vi como mi madre entraba-, me tengo que ir… gracias -dije sin verlo porque ya estaba muy atrás.
Grosero, osco y abusivo… no porque le hablara significaba que ya había olvidado, simplemente estaba tratando de ser educada con él y el también, estábamos siendo corteses uno con el otro.
Me acerque al coche y abrí la puerta ya con una disculpa preparada, no podía creer que había hecho esperar a mi madre veinte minutos o más.
- Lo siento, linda, no me di cuenta que ya era hora de venir por ti, me entretuve con el trabajo y el tiempo se me fue volando... Espero que no te moleste pero tendremos que comer comida china -dijo cuándo planeaba también yo, soltar un mega chorote.
- Si, ma, no te preocupes, y ¿en dónde vamos a comer?
- Esa es una buena pregunta – sonrió, sonreí también. ¿Qué más debía hacer?
Me senté derecha con las piernas dobladas enfrente del sillón blanco viendo el tazón repleto de fideos, y la salsa de soja. Mi mamá me paso un plato blanco con unos palillos y sonrió, yo le regrese la sonrisa, sabía que estaba hablando de algo que me podría hacer sonreír, pero no me quería concentrar en las sonrisas con sentido… hoy no.
Después de cenar y sonreír falsamente un centenar de veces más viendo esa tonta serie en la televisión, una excusa de la tele de paga para transmitir porquerías más grotescas, subí a mi estudio.
Sentí que por fin me podía derrumbar, caí silenciosamente sobre mis rodillas y deje caer  mi cabeza hacia enfrente que pesaba por el dolor que no procedía de los nervios, si no del alma. En mi mente se comenzaron a formar grandes nubes negras, haciendo que el frio interior se acrecentará.
Me puse de pie y camine hacia el piano, suspire con lágrimas contenidas en la retina, y las teclas… las teclas que entonaban mi llanto, un sollozo perdido comenzaron a sonar, cerré los ojos y ahí continuaron, pareciendo destinadas a solo mostrar lo que no me permitía… ¡LO QUE NUNCA ME PERMITIRIA!, me dijo el fuero interno con rabia, lo único que no me permitiría demostrar.
Vi mis dedos tocar las teclas para producir la notas y sentía como corrían a través de mis dedos, la rápida energía que de ellas se escapaba, mi rápida profecía se convertía con ellas al transcurrir los segundos en rápida verdad, pero en rápida pasión por la vida, la que me restaba y me componía los granitos de la arena de mi alma que aún estaban de pie.
Rápido los dedos comenzaron a moverse al lado de lo que más quería para mí: abundancia, abundancia de cualquier momento, momento, momento, vida… mi vida.
Esta es lo único que me queda.
Me levante y cruce hasta colocarme enfrente de los espejos, vi mis hombros clavarse en mi piel y recorrí su línea… no estaba tan mal, ¿cierto?, vi mis ojos querer refulgir más de lo que hacían y sonreí por su esfuerzo. Estoy bien…
Mis pensamientos se diluyeron en el susurro que normalmente siempre eran.
No quería regresar a mi habitación pero lo hice dando vueltas incluso en las escaleras, aferrada del barandal, evitando caer, llegue y me deje caer en la cama, hundiéndome en el colchón que cedió fácilmente a mi peso y mis parpados al peso de mi anhelo.

viernes, 8 de marzo de 2013

VII. CAPÍTULO ÉL. PARTE II.



Me desperté como si el tiempo me estuviera esperando para continuar con su camino, abrí los ojos parpadeando una vez, tome el celular y vi la hora: seis con cuarenta y dos minutos, el sueño se me callo hasta... ¡Joder! Me levente, ya lanzándome contra el baño y abriendo la llave.
Corrí hasta la entrada del colegio, agarre a alguien del brazo muy fuerte, haciéndome el cabello para atrás, hecho una mirada al horario que tenía en la mano.
- ¿Salón de Filosofía? - pregunte.
- Caminas derecho, a la izquierda, es la tercera puerta - respondió apresuradamente. ¡Joder!, ¡Joder!, ¡Joder! Pensé mientras corría y abofeteaba a mí fuera interno. Así no hablas, ¿verdad? Llegue tarde a la clase por nueve minutos. Genial, Alice, segundo día y llegas tarde, abrí la puerta mientras maniobraba por colocarme el blasón en el  cuello y arreglarme el cabello que estaba chorreando y goteando.
- Que bueno que nos acompañas, Alice - dijo alguien, medio gire ajustando el blasón, debí de haber tocado, apreté los labios y sonreí después ante la mirada de veinte varones expectantes y dos niñas sorprendidas. ¿¡Esto era su puta idea de una clase mixta!? Respira, encomiéndate a Jehová. Relájate, deja de pensar en groserías. Respira.
- Buenos días - dije improvisadamente.
- ¿Piensas quedarte ahí o te nos vas a unir? - pregunto enarcando más las cejas. El profesor no debía de tener más de veinticinco años, tenía una coleta de caballo sujetando su cabello que era rubio-castaño-negro. ¡YO QUE COÑO SÉ!, sus ojos verdes y de piel blanca, llevaba una camisa blanca de lino con un pantalón de mezclilla y unas alpargatas cafés, tenía acento francés pero hablaba bien el español. Asentí varias veces, pasando al salón, cerrando la puerta detrás de mi.- No tan rápido, Alice - dijo cuando caminaba ya al asiento del fondo, el único vacío.
-¿Si? - dije deteniéndome ahí donde estaba, se escuchó como se cerraba un libro. ¿Ayer guarde los libros? Si, los guarde porque la mochila me estaba machacando el hombro.
- ¿Sabes?, puedes llegar tarde a mi clase, por mí no hay problema... Pero para ganarte ese derecho, tienes que responder a todas las preguntas que te hagamos hasta que te diga que te sientes, es el precio de llegar tarde, puede tardar toda la clase o solo puede tomarnos unos cuantos minutos.
-¿Qué clase de preguntas serán? - pregunte sintiendo que el salón se convirtió de un horno a una hoguera. Respire con normalidad, haciendo que mi espalda se enderezara, levante la barbilla y coloque mis manos detrás de mi espalda.
- De cualquier tipo - respondió, exhale al tiempo que asentía, yo considero esto bullying y abuso de poder pero aun así... fingí que me encontraba en casa tomando limonada.- Comiencen, alumnos.
-¿Tienes novio? - pregunto alguien desde atrás haciendo que muchos rieran, incluso el maestro.
- No - respondí inmediatamente.
-¿Free?
- No.
-¿Eres heterosexual?
- Sí.
-¿Te tiñes el cabello?
- No.
-¿Tienes un trastorno alimenticio?
- No.
-¿Te drogas? - esa si la pensé un momento.
- No - respondí con seguridad fingida.
-¿Cuánto mides?
- Uno sesenta y nueve.
-¿Cuánto pesas?
- Mmm... Cuarenta y siete kilos.
- ¿De dónde eres?
- Madrid.
- ¿Trabajas?
- No.
-¿Tienes hermanos? - pregunto una niña de cabello oscuro, sonreí.
- Tengo primos.
-¿Tienes hermanas?
- Primas -, ya nadie pregunto nada, así que gire para ver al maestro, que estaba medio sentado en el escritorio.- ¿Ya me puedo sentar?
- No - dijo imitando mi tono. Pendejo... Canto mi fuero interno.
-¿Tu segundo nombre es Desalineada? - pregunto una voz refinada, sonreí, reconocía esa voz.
- Ay, joven Farrell, me sorprende escucharlo participar en clase - comento el maestro viendo el fondo del salón-. Tal vez necesite cambiarlo para que nos deleite más con esa melodiosa voz.
Pendejo, canto mi fuero interno otra vez.
- No, gracias, ya me canse de Empedocles - dijo quitándole el acento al nombre, muchos se rieron, el maestro solo miro el techo.
- Graciosito - susurro negando con la cabeza-. Bueno... Ya te hicieron preguntas ellos, es mi turno.
Que no me pregunte nada de Filosofía, que no me pregunte nada de Filosofía, pensé esperando su pregunta de Filosofía.
- Cual es el acto más fácil que conoces, Alice? - pregunto.
- Morir - respondí después de repasar todos lo que los humanos éramos capaces de hacer. Mire al maestro a los ojos, que entrecerró un poco los suyos y cruzo los brazos sobre el pecho.
- No le parece un poco extremo, pensé que diría: amar o una cursilería - sonreí mientras negaba con la cabeza-. No, ¿qué?
- Amar no es fácil - respondí.
- ¿Y hacer el amor? - pregunto alguien. Trate de ver quien fue pero le quite importancia.
- Tampoco, morir no conlleva seducción, ni mucho menos pasión, es simple e incluso, barato.
-¿Barato? - pregunto el maestro -. Sonreír es barato, sentir es barato.
- Morir no cuesta y no la sientes, pasa, sonreír cuesta energía, respirar es un proceso complicado, vivir es difícil. Morir es fácil y rápido.- Y sin querer una sonrisa se me formo en los labios.
-¿Lo crees?
- No lo creo, lo sé... Para quien muere - agregue después de pensar las palabras en mi cabeza-. Morir es el acto más sencillo y desinteresado. El acto en sí mismo, es el más fácil que conozco - respondí, el profesor asintió una vez.
- Puede sentarse - ordeno con un ademan displicente de la mano-. No, espere... - gire para verlo-, ¿Y, el suicidio?
- La acción fue el acto de cortarse las venas, la reacción es el acto de morir. Y nosotros le llamamos suicidio.
- Alumnos, sigamos con la lectura - dijo.
Supongo que ahora si me puedo sentar.
Mi semana fue mejorando con los días: no llegue otra vez tarde a ninguna clase, comencé a ubicar los salones,  los talleres: me aceptaron en pintura y música. No tenía deportes porque no podía acelerarme tanto, pensé con sarcasmo.
No puedes acelerarte tanto, dije en mi cabeza mientras almorzaba, afuera, sentada al frente de unas mesas de madera redondas, el sol estaba en lo alto del cielo haciéndole de calefacción, el día estaba agradable con el aire tibio.
No puedes acelerarte tanto, dije ahora con la voz de Erick, deformando su tono hasta que lo hizo parecer un retrasado mental, le puse los ojos en blanco al fetuccini con pedazos de pollo.
-¿No hablas? - escuche, me callo un pedazo de jamón serrano en el ojo haciéndome un parche. Qué asco, pensé quitándolo de mi cara, alce la mirada y no me sorprendió-. Que, Desliñada, ¿no hablas? - pregunto de nuevo.
Pase la tira de jamón serrano por mis manos y lo lance a su ensalada de nuevo. Lo clavo junto con una lechuga en el tenedor y se lo comió. Lo mire parpadeando. Qué asco.
- Esta bueno, un poco más salado, pero bueno - sonrió Jamie, yo también sonreí.
- Si, hablo - dije bajando la mirada a mi comida.
- Parecías tener un dialogo interno bien cabrán - puntualizo, reí por el tono que uso.
-¿Se notó? - pregunte entrecerrándole los ojos a la pasta.
- No, casi no, solo se alejaron de ti por miedo a que comenzaras a atacarnos con el tenedor, pero no, no se notó - dijo sin nada de sarcasmo lo que lo hizo gracioso, volví reír.
-¡Ah! Gracias - enarque las cejas.
- En... Alice - comenzó serio, alce la mirada, el veía su ensalada con el ceño fruncido-, discúlpame por haberte dejado sola el otro día, no tenía idea de que no te hubieran mostrado la salida - continuo, al final alzo la mirada.
- No te preocupes, no fue tu culpa que yo hubiera salido corriendo.- Lo que fue algo muy estúpido de mi parte y que no va a volver a pasar.
- Es normal sentir pánico cuando vez a Pechar, no es tan gracioso y buen mozo como yo - dijo como si me estuviera diciendo algo tan obvio, puso los ojos en blanco. Sonreí.
- No sentí pánico - comente escuchando más esa palabra que la broma en sí.
- Bueno, alguien que habla de morir como si estuviera hablando de Justin Beiber, no debe de sentir pánico por Pechir.
-¿De quién?
- De Justin Beiber - respondió, parpadeo sorprendido y después sonrió-. No sabes quién es Justin Beiber, ¿cierto?
- Nope - rasco su mejilla y después sonrió divertido.
- Eres toda una calamidad - asintió para sí mismo.
- Me tomare eso como un cumplido.
Trato de no sonreír apretando los labios, seguí comiendo, notando a la vez que no había visto a Alexander, a Gaby la tenía a mi lado en dos horas de Historia y al final de todas las clases haciendo que enarcara las cejas y riera confundida por cada comentario que decía.
- O sea... Sé que puedes considerar que soy una desgraciada del mal, pero me gustaría más que me consideraras una perra, hay gente que necesita que le digas la verdad sin miedo. Pero, no te preocupes, solo me porto así con quienes son tan perras como yo, o sea que contigo no me portaría así.
- Eh... ¿Gracias?
- De nada.
- Yo no diría algo tan feo de ti - dije caminando a su lado hasta del edificio de talleres-. Perra, es una forma un poco brusca para describirte, es mejor que digas que eres directa y que no tienes miedo de decir lo que piensas. Te hará sentir mejor contigo misma - agregue, me miro un instante-. Eres muy linda, simpática y te  la pasas sonriendo, no eres una perra, tal vez... Cruel, sí, pero todos lo somos.
- ¿No crees que soy una perra?
- No.
- Regina si lo cree.
- Pero de juego, ¿no? Se ríe cuando te lo dice o de seguro se dice después a sí misma y se ríen de eso, ¿no?
- No - respondió lentamente viendo a la izquierda, regreso su mirada azul a mi.- No, no lo dice de juego. Tu también eres muy linda - me aseguro tan seria que parecía haberse dado cuenta de esto la había herido. Yo no quería herirla.
Aprieto los labios y continúo su caminata al área deportiva. Mierda... Pensé, inhale profundamente y entre a mi taller de pintura.
Los salones del taller solo tenían dos paredes de concreto blanco, la pared principal era de cristal junto con la puerta, la chapa era de latón, la pared norte era un gran ventanal, el salón era en sí, un perfecto y enorme rectángulo con piso de madera continua y pálida.
El de pintura como el de danza, no se veía nada inmaculado, pero aun así era perfecto, los lienzos blancos estaban apilados en una pared de concreto, había caballetes de diferentes tamaños y materiales ya sea plegados o desplegados a través del salón. En la otra pared había mantas y todos los materiales imaginables, siempre había flores silvestres frescas en jarrones blancos sobre esa estantería.  Había perchas para las batas a entrada y un espacio para los zapatos, porque a muchos les gustaba quitarse los zapatos.
Teníamos lienzos pintados que estaban sobre caballetes, expuestos o por las paredes de cristal. Había unos que eran doble cara, esos estaban pegados a la pared-puerta principal siendo exhibidos, había de todos estilos y técnicas como alumnos.
Esta escuela en verdad me comenzaba a gustar, ni siquiera me molesto cuando me dijeron que no me podía ir temprano a casa los jueves y viernes, en su lugar podía ayudar al Taller de Teatro que se uniría con el de danza para hacer una obra titulada: "El Crack que sufrirá tu corazón".
- Artistas, son incomprendidos y remilgosos - decía una chica en pleno primer ensayo y lectura de la obra -. ¡No voy a decirme a mí misma remilgosa! - se quejó, reí junto con los demás  recargándome en la pared, mientras la veía actuar. Puso los ojos en blanco y sonrió-. Okay... Artistas, son incomprendidos y remilgosos, tienen esa necesidad de mostrar lo que pueden hacer, ¿por qué no se guardan su "arte vanguardista"? Hay reglas y ellos las quieren trascender.
- El arte se hecho para trascender, Sussan - dijo un actor, parando un poco para leer el nombre del personaje de la chica.
- ¿Pero no con mafufadas que necesitan la explicación de su progenitor? - pregunto la chica mirando a la guionista, que le hizo un exagerado gesto de que siguiera con la soltura que estaba mostrando.
- El artista es libre de plasmar lo que quiera, en la forma que quiera.
- El artista tiene que complacer al público.
-¡No! ¡El arte fue hecho para complacerse a sí mismo! Por ende... ¡el artista debe de complacerse, sin dar cuenta al espectador! ¡Solo a su ser, a su alma y  así mismo!
- ¡Tú no te dirijas a mi como si estuvieras hablando con los cerdos! ¡Hablas con tu reina!
-¡Dejaras de ser mi reina, si permites que la sociedad trasgreda  en tu ser como lo hace en tu arte!
- ¡Mi arte no ha sido agredido por la sociedad consumista!
- ¡Pero si por la moralista!
- Y después sigue lo del baile de expresión en movimiento, el acto de las esas cosas que no entiendo cómo hacerlas pero que nuestra queridísima pelirroja Alice está haciendo - dijo Alan, el chico alto y delgado, de piel oscura y ojos de un brillante café, que era el director de la obra. Era súper gracioso y se la pasaba dando un poco de Alan a todo mundo, como el decía. A veces me daba miedo, porque daba de sí mismo mucho a todos.
Veía a un gato y le decía algo como: Oh! ¡Miau-Miau! Ven que te quiero dar un poco de Alan!, corría por el gato y a pesar de que el gato lo rasguñara y lo orinara, Alan lo seguiría abrazando y besando como si su vida dependiera de ello.
La guionista se llama Fabiola, tenía una nariz respigada donde unos lentes cuadrados de armazón roja le caían, era blanca como la leche, tenía unos ojos oscuros, cabello abundante y negro como la noche y ondulado, siempre llevaba labial rojo carmín sobre los labios y ocultaba muy mal el tatuaje de sol rojo que tenía en la nuca, en el pulgar y en el hueso de la muñeca. Me gustaban sus tatuajes y a ella le gustaba Alan y el color rojo y al parecer habían fusionado su alma en la pasión del amor y tenían el futuro arreglado. ¡David, ayúdalos!
La actriz principal se llamaba Stephanya, tenía unos lindos ojos rasgados de un gris resplandeciente, su cara era pequeña, ella era pequeña, su cabello castaño siempre lo llevaba en un moño del cual se le escapaba un fleco muy asimétrico, tenía una sonrisa como de "yo sé que tú quieres saber lo que yo sé pero no te diré para que no lo sepas" y a todos los llamaba por su color de caballo. Sabia muchos colores y los que no sabía se los inventaba.
El martes pasado me llamo Rojo Menstruación.
El protagonista era un chico llamado Benjamin, era un desastre, se comportaba como alguien decente solo cuando estaba en escena, afuera era un huracán categoría cinco. El chico era rubio, bronceado, de ojos azules, dientes blancos, metro ochenta y cinco, perfecto para ser modelo o actor de Hollywood, podría ser actor de Broadway, era muy bueno.
Cada vez que hablaba sentías que en verdad su madre lo había dejado por crack, su padre lo había cambiado por una noche con una prostituta barata, su proxeneta lo dejo después de abusar de él y había terminado debajo de un puente en silla de ruedas y después salía de escena y era un desmadre.
- ¿Cómo vas, Alice? - pregunto Alan, pasándome un brazo por los hombros mientras veía el baile.
- Ah... Ya los termine - respondí.
Me habian hecho ver diez veces imagenes del fotógrafo Nick Brand “para que me fijara en todos los detalles que querian para los muñecos móviles, para que reflejara la sensibilidad de los rostros humanos en lo plástico del mi arte embellecida por estímulos capitalistas proporcionados por la mercadotecnia y sus estereotipos” Los estoy citando textualmente.
No me molesto, lo que me molesto es que primero me dijeron SOLO blancos y después me dijeron SOLO blancos y rojos y terminaron siendo SOLO blancos, rojos y negros.
- ¡Esa es nuestra pelirroja favorita! - dijo emocionado, apretándome contra su costado y dándome un beso en la mejilla. Después de su segundo ataque y su segundo rodillazo en los cojones entendió que no debía intentar besarme en la boca. Era de mente abierta, no zorra, además había fundido su alma con Fabiola.
- Gracias - dije con los dientes bien apretados. No lo hace con mala intención, me repetí a mí misma, cruzando los brazos sobre el estómago.
- No cruces los brazos, Alice - pidió, lo mire de reojo y baje los brazos.
- Necesitaremos a dos actores por cada uno - avise, el asintió-, mañana solo traeré la seda para vestirlos.
- ¿Seda? - pregunto dirigiendo su brillosa mirada a mí.
- Sí.
-¿Compraste seda?
- No, mi mama nos la presta cuanto tiempo queramos, pero asegúrate que no se rasgue, ni se ensucie, ni se incendie - respondí enarcando las cejas y sonriendo, sonrió y asintió.
- Tenlo por seguro. - Froto mi brazo con su larga mano y salió a ser "director"-. ¡A ver! ¿Qué entienden por "Crack"? No es lo que se meten por el fundillo todas las noches, significa "rompimiento", esto - dijo haciendo una exagerada imitación de brazos viniendo y yendo al pecho-, no es un rompimiento, busquen otro paso... por favor - sonrió abiertamente ante la mirada sorprendida de todos y todos rieron en voz baja y asintieron.
Dos semanas en Roses&Marie, había sido de lo más interesante, comenzaba a formar una rutina. Ya no me costaba tanto trabajo levantarme a las cinco y media, ni tampoco me tenía que presionar tanto para ir a la biblioteca entre clases y hacer mis deberes. Erick me había dicho que, tal vez, dentro de un mes podría tomar clase de deportes y que todo se vería a partir de mi estabilidad.
Cruce mis brazos sobre el estómago y aferre mi saco, quería sentir algo de compasión por mí.
Cada día, sentía mas temor de cerrar los ojos, cada vez que decían Tiempo, mi corazón se detenía un poco más. Temía tanto, quería dormir tal vez así el Tiempo se detendría para verme, creyendo que sería buena idea sorprenderme...
No... Yo... No... Quiero, no quiero...
Cerré los ojos, no fuerte, solo los cerré un poco, solo tenía... Quería pensar que el Tiempo se detendría si cerraba los ojos.
Los abrí sorprendida por un golpe justo enfrente de mí, ahí, había una manzana dentro de una esfera de plástico, parecía tener una capa de algo agridulce a la vista, tenía un palillo de madera sujeto a un costado, estaba dentro de una bolsa de celofán, junto con una nota que decía: "Sonríe".
Alce la mirada de la manzana, se suponía que estaba sola en la biblioteca a la hora del almuerzo, no quería estar con nadie y durante este horario solo Ninna, la bibliotecaria, y yo estábamos ahí; pero esta vez... un joven de cabello gris, ojos del mismo color y una sonrisa contenida me miraba de pie tomando el respaldo de una silla. Apreté mis manos sobre mi saco.
- Juro que no te lastimare...