I. ¡Y EXISTE TÚ! ¡ELLA! ¡MI PERDICIÓN CON SU BELLEZA DE DIOSES GRIEGOS! ¡QUE DIOS PERDONE MI DESEO! ¡Y QUE MI AMOR SEA CASTIGADO!
I.I. Existió el Amanecer donde peque, existió el Atardecer donde rogué por perdón y en Alba, la tentación vino a mí.
Se respiraba el
silencio, el cielo era del más pulcro azul y las espigas de un verde
excesivamente claro se meneaban de un lado a otro por la ligera briza que
corría, más allá de la pradera con sus flores silvestres: tulipanes de un
intenso rojo, lavandas, lilas y azucenas blancas, se alzaba el mar que no se
veía y rugía con furia ciega, la espuma de las olas que se reventaba con ellas,
quería alcanzar el pulcro azul del cielo alzándose por el risco. Atrás más allá
de la pradera con las espigas verdes, los tulipanes rojos, lavanda y lila se
halla una casa, una pequeña casa de una sola planta, su techo de doble
vertiente de teja café, tostada por el sol… el sol, alce la mirada al cielo… no
había nada, no había sol, pero la tierra estaba tibia y húmeda a la vez.
Regrese la mirada a la casita con techo de doble vertiente, con dos ventanas a
cada lado de la puerta de madera, debajo de las ventanas que cubrían lo que a
dentro había con cortinas blancas había unas pequeñas macetas de barro con
rosas blancas, rosas con abundantes pétalos.
En mi pecho una
intensa felicidad se albergó, tan intensa que me hizo dar un pequeño salto para
correr a la orilla que se hallaba más allá de la pradera junto al mar, note que
mis pies estaban descalzos y que la punta de mis dedos tacaban las espigas al
pasar, podía respirar como no recordaba haberlo hecho y tenía una leve sonrisa
en los labios.
La sonrisa se
hizo risa, risa leve que precedía lo que sentía. Note que llevaba un vestido blanco sin mangas que se movía al
vaivén del viento. Me detuve en el filo
del risco para ver una ola estallar justo frente a mí y subir al cielo.
-¡Mamá! –grito
una voz infantil, gire en puntas y la vi, una pequeña pelirroja de ojos negros
y brillantes caminaba casi saltando
hacia a mí, con un ramo de tulipanes y una corana de pequeños frutos rojos en
el pelo. Di un paso hacia ella, antes de que una sombra invadiera el lugar y
todo, todo quedara completamente gris y así enfrente lo impensable se fijó en
mí, y me hizo dar un paso hacia atrás donde una ola me abrazo y llevo al fondo,
al fondo del furioso mar.
Desperté con la
sensación de estar ahogándome, me lleve una mano a al cuello y vi el techo
blanco de la habitación.
Y sentí las
lágrimas correr saladas por mis mejillas hasta la raíz de mi cabello.
Me levante de la
cama y camine a al baño sin pensar ni un segundo en el sueño, había algo que
quería conservar de él... La sensación de poder respirar.
Abrí la llave y
deje que la tina se llenara con agua caliente hasta más de la mitad después con
fría tan solo un poco. Tome una pequeña botella de esencia de vainilla y otra
de lavanda. Mientras me metía suspire al sentir el calor llegar a todas las
terminaciones nerviosas de mi cuerpo.
Recargue la
cabeza en el filo de la tina, cerré los ojos, para no encontrar la oscuridad
esperada si no un par de ojos verdes. Bastante expresivos.
Enarque las cejas
para después sumergirme completamente en el agua. Vi la luz desde el fondo y
como las burbujas salían de mi nariz, la misma sonrisa se formó en mis labios
como en el sueño.
Salí de la tina,
camine después de secarme al armario. Encontré un short mezclilla que me puse
rápidamente, después una camisa color beis de tirantes gruesos y otro color
morado sobre esta, encontré una cadena con un montón de brillantitos y me la
puse. ¿Quién fregados compro esto?
Salí de mi
habitación y mire a un lado, al otro no porque había una pared... Recordé el
techo blanco de mi habitación y decidí hacer algo con él.
Ese fue uno de
esos impulsos en el que corres al garaje por una escalera que colocas después
de mover tu cama justo debajo del techo donde quieres que la pintura dorada y
negra que tienes, por la cual fuiste
hasta tu estudio junto un pincel número cinco y otro dos se conviertan en un
hermoso árbol, en parte frondoso y en
otra deshaciéndose en pequeños pájaros que emprenden el vuelo y se alzan por el
techo hasta que solo hay uno con las alas completamente extendidas.
Delinee a las
pequeñas avecillas y remarque de dorado al único árbol, en medio de un mar de
arena dorada.
Mire un segundo
todo y quise tocar el único pajarillo que volaba en verdad pero me contuve con
la punta de los dedos cerca de él, sabiendo que la pintura estaba fresca aun.
Me sobresalto la
alarma de mi celular, baje de un salto de la escalara y camine hasta mi cómoda
para comenzar con mi medicación.
Vi el fondo del
celular mientras tomaba una pastillita color naranja que sabía a mierda, nunca
he comido mierda pero por su olor estoy muy segura de que sabe a esta pastilla.
Las doce... Tenía
que ir a alguna parte, me dije a mi misma, ¿a dónde? ¡A la playa! ¡Gaby me
matara si no voy! Camine para ponerme unos converse blancos rotos... No sé
porque me los sigo poniendo, pero me encantan todos rotos.
Corrí hasta las
escaleras y salí al jardín donde mi mama estaba cortando unas hojas secas de
sus tulipanes rojos, tenía todo su equipo de guarniría ahí y detrás de ella
había un montón de flores aun en las bolsas negras del invernadero.
- Mama - llame
acercándome un poco con las manos atrás de mi espalda, giro su rostro y me
sonrió, después de verme un segundo.
- Buenos días,
linda - sonrió a un mas irguiéndose.
- Te puedo pedir
un permiso - sus ojos brillaron al escuchar mis palabras y se quitó un guante
de gamuza café.
- Por supuesto,
querida - enarco unas cejas perfectas-, ¿a dónde iras?
- A la playa con
unos compañeros del colegio.
-¿A qué playa?
-comenzó a caminar hacia la cocina, yo la seguí, abrí las ventanas y me quede
en la barra, busco algo en el ferri.
- La del muelle.
-¿Sabes cómo
llegar al muelle? - pregunto girando con una botella de agua mineral de botella
de cristal verde en las manos, y un paquete de queso bree.
- Existe el GPS -
respondí, sonrió ante mi respuesta después de darme la botella.
- Anda, mi
pelirroja, o llegas tarde - no sé qué vio en mi rostro pero rio después de que
corrí escaleras arriba.
Me desvestí
rápidamente y me puse un traje de baño color blanco de escote cuadrado y con
una espalda que comenzaba cuatro milímetros antes de mi trasero, igual esta
parte era cuadrada, no mi trasero... Si no la parte de atrás del bañador, me puse
todo de nuevo, el short y demás.
Encontré una
mochila blanco donde guarde bloqueador, una toalla, ropa seca, unos converse
morados, dinero y mi celular junto con mi caja de pastillas.
Corrí de nuevo
por las escaleras y me quede justo enfrente del tazón de mármol de las llaves.
- ¿Me prestas el
Jeep, mamá? - grite para que me escuchara.
- No me manejes
muy rápido, Ali - me pidió.
- No, mi, nos
vemos al rato.
- Antes de las
diez o te voy a buscar - aviso.
- Si - dije
saliendo, mire un segundo el volante del Jeep, encendí el GPS y el carro.
Me llevo el GPS
por una carretera que no atravesaba el pueblo sino que rodeaba una gran sierra
justo por la orilla del mar azul, sonreí al verlo a través de los lentes cafés
que cubrían mis ojos del viento cálido que corría.
Me apetecía
cerrar los ojos para sentir el viento golpear mi rostro y ver la luz del sol
roja detrás de los parpados. Sonreí respirando con soltura.
Llegue al muelle
a las doce y media, vi una gran aglomeración abajo en la playa. Así que no baje
nada, solo active la alarma del Jeep después de cerrar el puerto suela, baje
las escaleras de madera del muelle hasta donde estaba la gran bola de gente.
Había paramédicos, periodistas y policías incomodos.
-¿Qué paso? -
pregunte tratando de abrirme paso para ver lo que todos veían o vieron con ceño
fruncido, y ojos llenos de lágrimas.
- No veas - dijo
alguien tomándome de la mano casi cuando alcanzaba llegar donde los policías ya
cercaban el área, gire para ver a Gaby que me negaba con la cabeza. Regrese la
mirada ahí donde el paramédico se comenzaba a inclinar y el policía ordenaba
que diéramos unos pasos hacia atrás, otros comenzaban a despejar toda la playa.
Pero yo me quiero traumar, pensó mi fuero interno con sarcasmo.
- Okay - acepte
saliendo de la aglomeración de chicos, camine con ella hasta que subimos las
escaleras que acababa de bajar, ahora ahí había dieciséis chicos que ya me
resultaban familiares, excepto esa chica de grandes ojos cafés, pelo perfecto y
piel blanca que se llamaba Dydime, siempre se comportaba de una forma grosera
conmigo.
- ¡Hola, Alice! -
grito Alan dando un paso, un gran paso, hacia mí para plantarme un beso en la
frente.
- Hola, Alan -
dije sin mucha emoción comparada a la emoción que el había expresado.
- Creíamos que no
venias... - dijo Stephanya.
- Soy nueva, ¿recuerdas?
Me perdí un poco en el pueblo y después el comando del GPS me mando por una
ladera así que me costó un poco de trabajo llegar.
- Hubieras
llamado y te hubiéramos guiado - dijo Jamie sonriendo con los ojos verdes...
- No tengo el
numero celular de ninguno - respondí, mi fuero interno estaba callado.
- Pues, haberlo
dicho antes, pelirroja, préstame tu celular que yo te guardo el numero celular
de todos - pidió Gaby, lo saque del bolsillo trasero de mi short y se lo
tendí,- después se los mando a todos, el de ella - sonrió, sonreí de vuelta.
Un policía se
acercó a nosotros y todos parecieron cerrar filas, más bien todos estaban
apiñonados contra todos como si así nos pudiéramos proteger.
- Chicos, ustedes
estaban aquí cuando encontraron el cadáver, así que necesito que testifiquen...
No tendrán que ir a la comisaria, ni a ninguna parte, mi compañero se acercara
y tendrán que responder a unas simples preguntas de rutina, ¿entendido? - todos
asintieron.
Entre al Jeep
para bajar las ventanillas y dejar que se oreara después de que me hicieran las
preguntas de rutina, de las cuales solo nombre, domicilio, edad y a qué hora
llegue pude responder. Estaba sentada en una banca viendo el mar a un metro del
Jeep cuando alguien se sentó a mi lado y paso un brazo por mis hombros.
- He notado que
no te molesta el contacto físico de extraños - dijo, puse los ojos blanco aun
protegidos por los lentes.
- Con Alan no se
puede hacer nada - dije, me recorrí hasta que su brazo cayo-, pero de hecho, si
me molesta y mucho.
- Ah... Bueno, al
menos no te ha tratado de besuquearte como a todas.
- Si, porque yo
no soy todas y prefiere que quien le realice la vasectomía sea un profesional y
no unos cuantos cientos de patadas.
- ¿Lo has
pateado?
- Solo dos veces.
- Ah! Okay -
sonreí por su tono.
-¿De qué era el
cadáver? - pregunte girando para verlo, torció el gesto un poco.
- Era una chica,
como de quince o dieciséis años, había una bolsa de basura cuando llegamos,
debajo de la escalera del muelle... Entonces un turista venía con su perro
corriendo y lo llevo a la bolsa de basura, la cual comenzó a romper y ahí
estaba... Llamamos a la policía y... Y bueno.
-¿Extendieron el
cuerpo?
- Nosotros no, unos
chicos que la querían ver, idiotas - susurro.
-¡Es un cadáver!
- señale. ¡Jehova! , ¿no les enseñaste respeto?
- Estaba desnuda
y calva, dijeron algo de un asesino en serie, Ted Bund o algo así - respondió
viendo hacia el mar.- Que bueno que no viste - agrego sonriendo y regresando a
verme.
- Okay, ya
terminamos - aviso de pronto Gaby saltando enfrente de mí, apretó los labios
cuando me entrego mi celular-, ahora hay que irnos - me extendió una mano que
tome.
-¿A dónde? - pregunte
poniéndome de pie.
- Bueno, hay una
playa como a unos cuarenta minutos de aquí, se llama de Running Forest.
-¡Esta a una
hora! - recalco Jamie mientras negaba.
- La playa la van
a cerrar, así que no hay a donde ir.
- Pues, okay, yo
los llevo - cedió Jamie.
- Yo puedo llevar
a algunos más - propuse.
Yo lleve a Paris,
Benjamin, Alan, Martha, Fernanda y a Sepia, los demás se fueron con otras
personas, antes de irnos llego una camioneta cerrada y blanca de la cual
bajaron Regina y Alexander, Regis fue la única que se fue con él, los demás
declinaron la propuesta diciendo que preferían irse con Jamie, en el mini
coopera de Gaby o en la enorme moto de Dydime.
-¿Por qué no vas
un poco más lento? - me propuso Alan.
-¿Pero por qué?
Si voy a una velocidad perfectamente razonable - respondí tomando una curva en
la que chirriaron las llantas-, ahora, ¿hacia a dónde?
- A seiscientos
metros, a la izquierda - respondió Sophia, a seiscientos metros... Gire a la
izquierda.
-¿Y ahora?
- Todo derecho, y
giras a la izquierda. Alice, es una curva muy cerrada - enfatizo.
- Está bien -
asentí viendo al frente, una curva muy cerrada, si la tomo a un promedio
ascendente desde esta punto me ahorraría seis segundos. El tiempo es muy
importante.
-¿Sabes? Ni
siquiera Jamie esta detrás de nosotros y el maneja como alma que persigue el
diablo - comento Benjamin por encima del ruido de la briza.
- Ah, bueno... Yo
manejo de esta manera, Bejamin, ¿no te gusta? - pregunte distraídamente
acelerando un poco más, tiene que ser de manera ascendente.
- Sí, sí, me
gusta - dijo con deje de asombro.
Entonces,
cállate.
- A mí me parece
estupenda tu forma de manejar - dijo Paris recargándose en la parte de atrás de
mi asiento, sonreí viéndole por el espejo retrovisor y cambiando de velocidad
para tomar la última curva, ¡ja! Le gane seis segundos.
Le gane solo...
Estacione el carro en un lugar bastante peculiar. Aquel estacionamiento era de
concreto cuarteado y estaba cubierto de arena en su mayoría. Ni una alma se
asomaba ahí y el mar era perfectamente tranquilo, casi se podría decir que no
había olas. Después del mar y la arena, la briza cálida y el olor a sal, había
algo frio, gire el rostro para encontrar un espeso bosque.
- Wow…- susurre
bajando del carro, espere a que todos bajaran y mientras los ayudaba a instalar
una parrilla y una red para voleibol llegaron los demás, primero Jamie, después
Dydime, Alexander y al final Gaby.
-¿Pues cómo
venían? , ¿Volando? , ¿o qué? - pregunto bajando del carro.
- Alice venia
volando - dijo Martha sonriendo mostrando unos perfectos dientes, le pase un gran tubo que era el poste para la
red.
- Lo más seguro,
yo iba a ciento sesenta y no te pude alcanzar- comento Jamie.
- No disminuía la
velocidad en la curvas - explico Paris sonriendo-, es bastante buena manejando,
¡nunca había visto a ninguna mujer manejar así! ¡Era como de won! ¡Y el Jeep
tiene doble tracción, Jamie! ¡Un Jeep con doble tracción! ¿¡Cuándo has visto
eso!?
- No puede ser -
negó Jamie-, ese modelo apenas va a salir el próximo año, a finales.
- Pues este
tie...
-¿Paris, me
ayudas? - pregunte interrumpiendo su charla de doble tracción, que un coche o
un Jeep tenga doble tracción no es gran cosa, no noto que en lugar de seis
velocidades son siete, tampoco pregunto por los caballos de fuerza, ni siquiera
se preguntó por los cilindros y el peso del motor para la estabilidad cuando
dimos las curvas, tampoco el diseño de las llantas que contribuían a esa
estabilidad, tampoco noto que el coche funciona con alconafta y la velocidad de
este es como la de un coche que funciona con gasolina. ¡No noto nada de eso!
- Si, Ali -
acepto de buena gana.
Gaby se robó a
Paris después de que nos ayudara con la red, se alejaron tanto que los perdí de
vista. Otros chicos comenzaron a azar salchichas y carne de hamburguesas, mientras
otros jugaban y nadaban. Este tipo de salidas fomentaba la comodidad entre
nosotros porque nos veíamos en ropa interior, en sentido literal y obviamente
con otro nombre, así nos respetábamos al vernos de esa forma.
- Vamos a nadar,
Alice, vamoooooooooos - pidió Martha por enésima vez.
- Pero...
- Vamos - pidió
de nuevo haciendo pucheros.
- Esta bien -
acepte-, adelántate - dio un saltito de emoción y corrió al agua.
Aun me faltaban
tres pastillas que durante el trayecto no logre tomar, solo dos fueron
suficientes para que preguntaran si eran tic tacs, el pretexto de una gripe
sirve solo con dos pastillas.
Me trague una
capsula morada, me comencé a quitar las blusas y el short lo más rápido que
pude, junto con los tenis.
Uff… que bueno
que en la playa no hay espejos, que si no me quitaba nada.
- ¡Alice, apúrate!
- grito Martha, gire para verla con Regina y Fernanda chapoteando.
- Ya voy- baje la
mirada a mi cuerpo, no esta tan mal, me dije cerrando los ojos.
Gire y camine a
paso medio rápido hacia el agua. Y me quede en la orilla.
Cuando tenía seis
años, estaba en alta mar con mi abuelo Leonardo, recuerdo que me emocionaba ir
a bordo de su nuevo yate. Aquello era increíble, incluso me había prometido que
yo misma izaría una vela, una increíble vela en forma de globo de centolla
color blanco.
Recuerdo haber
visto un pez color negro, el mar estaba tan cristalino que pude verlo
perfectamente al asomarme por la borda, parecía una piedra, pero me incline
demasiado y caí golpeando mi cabeza contra el costado del yate, quede
inconsciente. Lo que recuerdo después de eso es que mi sangre se unía al agua
de mar.
Exhale
fuertemente cuando me alzaron para colocarme sobre el hombro sujetando mis
manos para que no cayera.
-¡Bájame! -
grite. ¡Odio cuando me cargan de esa forma! -. ¡Jamie, bájame en este instante!
Jamie! - chille cuando entro al agua seguía caminando, su forma de caminar
salpicaba mucho. - ¡Esto es una falta de respeto completa a mi espacio
personal! - dije molesta y desesperada.
- No creo que
haya faltas de respeto a medias.
-¡No es gracioso!
- me queje, pero el solo rio.
¡No sé porque
acepte venir!
Grite una vez más
cuando caí de espaldas al agua, me tomo por sorpresa y al estar abajo, no era
el área perfecta para nadar si no mas allá, me sorprendió cuán lejos me había
lanzado. En lugar de salir a tomar aire, hice uso de las sesiones terapéuticas
en agua de hace seis meses y nade hasta encontrar sus piernas y tirar de una de
ella. Escuche su exclamación al sumergirse completamente en el agua.
Comencé a nadar a
la supervise y apenas salí para tomar aire, tiro de mi talón para el fondo, de
nuevo. ¡Hijo de puta! Pensé, haciendo lo mismo. Si me estoy muriendo, pero aún
tengo fuerzas.
- Ya... - tomo
aire-, ya, entendí, no lo volare a hacer - dijo entre bocanadas de aire, asentí
nadando hacia donde estaban Martha, presintiendo que volvería a jalar de mí,
mejor comencé a caminar.
No tenía nada de
ganas de estar ahí, pero cuando comenzaron a hablar no se me quito.
- Pareces bástate
enojada... - comento Fernanda.
-¿Se me nota? -
pregunte viéndola.
- Tienes el ceño
completamente fruncido - comento Regina.
- Estoy un poco
molesta, pero ya se me pasa - dije
sonriendo.
- Al menos no
aceptas que te traten así, tienes tu carácter, ¿eh?
- Creo... - moví
mi hombro arriba abajo.
- Pensé que
estabas jugando con Jamie, pero cuando lo volviste a sumergir, pensé: Se va a
vengar... ¡Agohagandolo! - reí un poco.
- No eres nada
predecible.
Cuando pensaste
en que estaba jugando con él, de seguro pensaste algo como: a que está puteando
con él, puntualizo mi fuero interno.
- Gracias -
sonreí abiertamente.
- ¿Y tú, que,
Regina, con Pechir? - pregunto Martha, se sonrojo bástate a comparación de su
tono de piel y sonrió a la gran dona color morado que Martha tenia abrazada, me
apoye en ella porque me estaba cansando de patalear para mantenerme a flote.
- Es fantástico -
susurro.
- ¿Ya lo
hicieron? - pregunto Fernanda.
- No, ¡Fer! Tú
siempre con eso.
- Bueno, pues tú
has dicho que es fantástico, eso deja bastante a la imaginación –dijo viendo
hacia otro lado, mientras enarcaba las cejas.
-¡Es fantástico
en muchas otras cosas! Toca el violín y habla francés. A parte, ¡de ser todo un
cuero! - cerré los ojos dejándome llevar por la marea y el sol que caía sobre
mi espalda y mi rostro.
- Dicen que está
muy grande - dijo Martha.
-¿Cuál grande? ¡Si
tiene diecisiete! Lo de los veinte que se carga, se lo ha inventado la puta de
Gaby! - dijo con desprecio, no reaccione pero mi garganta se llenó de bilis.
- Gaby no es
ninguna puta - dijo Martha.
-¿Cómo no? ¿Tú
crees que con Paris juegan a las escondidas? No, o tal vez sí, pero es
reinventado.
- Tener intimidad
con tu novio no te convierte en ninguna puta, es su decisión.
- Di lo que
quieras, no es una puta por hacerlo con Paris, si no por algo que ni te
imaginas.
- Lo que digas...
- Creeme, que es
bien zorra, tú no sabes lo que hace en su casa- dijo viéndola
significativamente. Mi fuero interno omite comentarios…
- ¿Y según tú,
que hace?
- Que no hace -
puntualizo con sarna.- La muy desaforada tiene dildos en su cuarto.
Entorne los ojos.
- ¿Qué son
dildos? - pregunto Fernanda en un susurro, a la vez que mi fuero interno.
- Vibradores -
respondió con suficiencia Regina.
- ¡Que mojón más
grande estas diciendo! ¡Ni tú te crees toda la mierda que estás! hablando - dijo
Martha jalando la dona y a mí. Me alce precipitadamente.- ¡Vámonos, Alice, al
coño de aquí! –Dijo en tono enojado, camine tan rápido como ella porque me
estaba arrastrando en sentido literal. Decir que sentí un alivio cuando salí
del agua es poco. Me senté sobre una gran toalla blanca y me cubrí con una que
me pasó Martha.
- No sabía nada
de lo que hablaba Regina - dije poniéndome los lentes cafés.
- Es un poco...
Rara, no - cerró los ojos y negó con la cabeza-, ¡es una mitómana! - puntualizo.
- Okay.
- No sé qué le
ocurre, además Pechir ni la toma en serio, así que no sirve de nada que se crea
muy sofisticada y madura.
-¿Están juntos? -
pregunte sin mucho interés.
- Algo así, creo
que sí, la verdad el no da signos de estar con alguien.
-¡Hey, Martha! -
grito Jorge-, ¡vengan a jugar! - Martha asintió y se puso de pie.
- Tengo que
hablar con Gaby - dijo mientras me ponía el short y ella se amarraba un pareo
de azul marino, me hice los lentes hacia atrás a modo de diadema, parpadeo una
vez al verme.
- Que? -
pregunte.
- Nada, te
bronceaste - señalo un lado solamente, entorne los ojos.
- De un solo
lado? - pregunte alarmada, asintió.- ¡No puede ser! - exclame.- ¿Se nota mucho?
- Pues, de este
lado estas tostadita y de este bien pinche pálida – y se comenzó a morir de la
risa, la mire mientras se reía a carcajadas, apreté la boca en un mohín, pero
la sonrisa comenzó a ceder y también reí-
- Ah... Gracias.
- Pues recuéstate
bajo el sol unos veinte minutos, pero protegiéndote la parte que ya está tostadita.-
Recomendó, queriendo reír de nuevo.
- Okay, ahora voy
a jugar entonces - dije sentándome de nuevo, cerrando la sombrilla que nos
protegía del sol. Me puse encima la tolla y me acosté baca abajo mostrando al
sol la parte a broncear, cerré los ojos y vi solo la luz roja detrás de los
parpados.
Solo escuchaba el
viento soplar a mí alrededor.
¿Has escuchado
hablar de la eutanasia? Ahora será mi mejor nueva amiga.
No podía concebir
el sueño así que supe perfectamente que habían pasado veinte minutos, saque el
IPhone y me vi. Me veía bastante uniforme de color, active la cámara delantera
para observarme mejor, estoy decente de color.
Pero ahora no
quería ir a jugar, mire hacia al bosque y después donde estaban todos los
demás. No se darían cuenta si desaparecía unos treinta minutos. Me puse en pie
con mi bolsa y camine hacia el gran bosque.
Me adentre
demasiado, pasando incluso un tronco caído, uno muy grande y ancho que salte.
La luz del sol se filtraba por las hojas de los grandes árboles de formas
increíbles. Traspasando las telarañas y haciéndolas ver como una unión perfecta
de diamantes y agua.
Alcance a llegar
hasta un lago perfecto, ahí donde solo había un árbol frondoso y enorme. Me
recargue en su tronco para contemplar todo aquello, el lago extendiéndose hasta
el horizonte donde nada lo interrumpía, ni una montaña, ni un risco solo el
firmamento tiñéndose de rojo y naranja.


