miércoles, 12 de junio de 2013

Contando desde Seis II.


Esto lo extrañaría mucho.
Me quite el short y me metí al lago. Me quede flotando hasta que las manos se me hicieron de viejito y el cielo se hizo de un azul opalino. No quería salir pero tenía que regresar a casa. Me quite el traje de baño y me enrede en la toalla para secarme rápidamente, vestirme en tiempo record. Me sente debajo del arbol para ver al sol desaparecer del firmamento.
Un día más.
Camine con paso lento de regreso a la playa, escuche a un buhuo ulular y pajaros cantar antes de dormir. Ramas romperse y una absoluta oscuridad. Nada de eso me infundia miedo, como antes lo hacia.
Salí a paso normal a la arena para reintegrarme al grupo que estaba en torno a una fogata.
-¿Dónde te metiste? - pregunto Liliana.
-Quise ver el bosque - respondi sentandome a su lado.
-¿A caso nunca has visto uno? - pregunto Regina desde el otro lado.
- No, este no- dije en tono aburrido para despues sonreir.
- ¿A caso no has viajado nada?- enarque una ceja y reí-, ¿te estas riendo de mí?
- Sí- sonreí-, y sí, he viajado mucho.
Liliana me dio un golpecito en el hombro y comenzo a reir. Si, algo que deben de saber de mi, es que soy una sinica de lo peor.
Platicaron de un monton de cosas que casi no entendi, solo los chistes con los que me rei. Mis ojos vagaron un segundo entre todos ellos, Paris tenia los ojos ligeramente estrechados mientras Benjamin hablaba y ya una sonrisa en el rostros, cuando el chiste termine, este rio rapidamente.
- Estabamos en Mexico, ¡en Mexico! Y el Angel de Independencia estaba detras de nosotros y de pronto una orda enorme de gente con carteles salio de no se donde y comenzaron a gritar algo sobre el dos de Octubre, lo que haya sido, fue muy importe. Con Katya, nos quedamos petrificados, pense que las ordas que aparecian de la nada eran cosa de españoles indignados, pero se da en todos lados.
- En que epoca del año fueron? - pregunte interesada.
- ¿Creo que en Septiembre, has ido a Mexico?
- Vivi un periodo antes de regresar a Espeña, hace un año - respondi.
- O sea, ¿desde hace cuánto que estas aquí?
- En Santander, menos de un mes, llegue el primero de este mes y en España llevo dos meses, antes de eso vivi en Mexico seis meses.
- Claro, por eso escucho muchas de sus expresiones en ti.
- Su español no es tan diferente e incluso se entiende mas.
- ¿De dónde eres, entonces? - pregunto Martha.
- Soy española.
- No pareces española - nego Liliana. Ni ninguno de usted, quise decir.
- La familia de mi padre es de origen frances y la de mi madre es hungara.
- Hablas hungaro?
- Poquito, hablo frances.
- Di algo - pidio Gaby, sonriente.
- Trois tristes tigres, ils avalaient un blé,  dans trois tristes vieilleries,  dans trois tristes vieilleries,  trois tristes tigres ils avalaient un blé dans un trigal- dije mirándola directamente a los ojos, su sonrisa se fue ensanchando. Hasta que termine, es más difícil decirlo en español.
Nos levantamos de la arena porque Fernanda se quejo de estar muerta de hambre. Me levante demasiado pronto como si estuviera desesperada de salir corriendo y unos cuantos ojos me miraron sorprendidos.
Mi fuero interno se encogio de hombros, recalcandome que era noche y que debia llegar antes de las diez a casa. Le di la razon y camine por mis cosas, doble la toalla, tuve una pelea con la ropa mojada, hasta que capitulo para darle si espacio a la toalla.
Camine a paso moderado al Jeep viendo una ultima vez hacia el mar y sitiendo una briza tibia que siempre se posaba en las costas, con su olor a sal y humedo a la vez y aqui habia algo que lo hacia mucho mas fantastica. El bosque que desprendia un olor a tierra mojada y abeto, ademas del pacifico chocar de las olas contra la orilla habia un leve cantar de los grillos.
La luna y las estrellas, el mar y la arena, el bosque y los grillos. Alice y la vida esfumandose de sus manos.
Mire con tristeza el mar oscuro despues de ese pensamiento, pense en sus profundidades.... mi amor secreto. Tuve un pensamiento infantil despues de aquel amargo, que todo se veria mejor con antorchas a la orilla del mar, sería más acojedora esa playa desierta y para nada turistica.
- ¡Alice!, ¡Vamos! - grito Stephanya sonriendo cuando me gire para verla.
Comenzamos a meter las cosas que trajeron consigo los chicos que habian venido conmigo, cuando Alexander se acerco ayudando a Sophia con una pesada conjeladora que habia estado llena de refrescos en lata y vidrio. Me hice un lado pegada a la puerta para dejarle mas espacio. La dejo alado de unas bolsas que seguro traian mas o menos que la mia. La dejo con un pesado y exagerado suspiro antes de hacer sus hombros para atras, como agotado.
Lo mire con curiosidad pensando que tal vez estuvo demasido para el, debio de haber pedido ayudo... Pensé distraidamente, pero mi fuero interno me cacheteó y me recordó lo que paso hace apenas un mes, casi un mes, así que dice un paso para atrás junto con mi curiosidad.
- Alice - dijo con suavidad, todos seguían empacando y distraídos en la playa aun, solo estábamos él y yo. Dios, ahora sí creo en ti, te prometo creer en ti, pero no dejes que este hijo de... Que este supuesto "prójimo" me haga daño, ore en un segundo.
- ¿Si, Alexander? - respondí viendo y no viendo sus ojos grises, veía mas el reflejo de las estrellas en su iris. Era algo muy peculiar. Teniendo en cuenta que sus ojos eran de un gris muy intenso.
- Buenas noches- dijo, eso me sorprendió pero lo oculte tras un ceño fruncido, por alguna razón. Pero cuando se retiró después de sonreírme, de espaldas a mí, no pude evitar regresarle la sonrisa.
Los deje enfrente de un restaurante llamado: "El Capricho", que se veía colorido y acogedor.
- No bajas? - pregunto Gaby cuando no hice ademan de bajar.
- Eh... No - dije distraídamente mandando un mensaje a mi mama de que ya iba cuando note que faltaban cinco minutos para las diez-. Toque de queda a las diez - susurre después de que mi mama me respondiera: "Más te vale, Anita" estreche los ojos porque aun recordaba cuando interprete a Anita, la Huerfanita, por error.
- Okay... Bueno, supongo que nos vemos mañana - sonrió haciendo que sus ojos ardieran con algo que interprete como ansias, asentí y sonreí también, encendí el Jeep y ella se alejó.
La vi despedirse con su mano por el retrovisor, Paris se acercó el tomo de la cintura y le dio un tierno beso en la mejilla.
Sonreí ligeramente.
- Ya llegue - grite después de dejar caer mis cosas a lado de la puerta, cerrarla, aventar las llaves del Jeep al tazón de cerámica. Todas las luces de la casa estaban encendidas, lo que significaba que mi madre estaba sola y eso decía que mi padre no vendría tampoco este fin de semana.
- Pensé que eras una proyección astral, hija, disculpa no haberme dado cuenta - dijo mi mama desde la cocina, puso los ojos en blanco y sonreí caminando a saltones hasta allá. Odiaba cuando usaba mis frases contra mí.
-¿Qué haces, ma? - pregunto acercándome y viendo como revolvía pequeños trozos de duraznos y fresas en un tazón.
- Tu ensalada favorita - gira para sonreírme y entorno los ojos en sorpresa y después brillaron felices.
- ¿Qué? - pregunte, acercándome un poco más.
- Te bronceaste, linda - dijo sonriendo delicadamente, me encogí de hombros. Era agradable vivir junto al mar, no literalmente, pero si cerca, más cuando la primavera y el verano se acercaban, no tenías frio y la lluvia era agradable y casi siempre disfrutabas de un perfecto sol. Ah... Y además tenías una enorme piscina la mayoría del tiempo tibia, ¡gratis!
Mi mama se giró para seguir revolviendo la ensalada, de pronto lo dejo, se volteo levemente para tomar mi rostro entre sus manos y darme un beso en la frente, después me abrazo, estrechándome fuerte contra su pecho. Mi corazón dejo de latir rápido como un caballo a tropel, se alentó un poco y el frio hizo lo mismo.
Pase mis manos por su espalda y le devolví el abrazo cerrando los ojos un segundo.
Sé porque hace eso. Lo hace siempre, cada día antes del día del fin de mes, desde que dijeron que mi enfermedad era un virus tipo X, por lo tanto no tenía cura, ni tratamiento seguro y solo habían existido diez casos en la historia: El Virus Alice.
Lo hace cuando duda de su fe.
Me acosté, escuchando a Sheeran, recargue mi cabeza en la almohada y vi el techo con el árbol rodeado de arena dorada. Un árbol seco.
Mmm... Siempre soy consciente de ti, no tienes por qué preocuparte porque no te presto atención por un segundo. Eres el centro de ella, siempre. Pensé al sentir la fuerte punzada en el pecho que me recorrió hasta el ombligo, parecía quererme partir en dos.
Tome una pastilla azul y una capsula anaranjada de un pequeño frasco anaranjado con tapa blanca y etiqueta con letras a máquina que decía: "Virus Alice, medicamente de Prueba" y mi dirección.
Auch...
Me despertó el sonido de una licuadora, a las ocho de la mañana, de un domingo? ¿Mamá? ¿Despierta? Imposible pero bastante creíble.
Abrí los ojos precipitadamente y me levante. Fui al baño para lavar mi rostro y cepillar mis dientes. Mire mi rostro después de eso y entorne los ojos.
Verme con color. Raro. Verme con un color falso que hacia sobresalir el amarrillo verdadero. Repulsivo.
Tome aire y me controle. Nada de odiarme a mí misma hoy.
Me seque el rostro mientras hacia un mollete en mi rostro. Iba bajando las escaleras escuchando a Sky Ferreira cuando de pronto vi un par de ojos iguales a los míos viéndome muy sorprendidos al final de estos, me lance para a abrazar a mi papa ahogando un grito de sorpresa.
-Oh, mi linda niña - dijo acariciándome el cabello que se había soltado cuando lo abrace -, yo también te extrañe y a tu mama, mucho. - Recalco, le di un beso en la mejilla y el me dio uno en la frente, enarco una ceja cuando me vio desde lejos.
- No - dije, cuando supe que estaba a punto de decirme "Anita", cuando estaba bronceada se me marcaban unas pecas, que ahora nunca se me veían pero hace dos años note que regresaron un día que me broncee en Francia. Sonrió burlándose de mí.
- Iré a despertar a tu mama, ya prepare el desayuno - dijo subiendo las escaleras medio corriendo.
- ¿Pero no acabas de llegar, papá? - pregunte confundida girándome para verlo llegar al tope de las escaleras.
- Si - respondió y note la sonrisa en su voz.
De seguro hasta lavo los platos, la ropa, limpio las ventanas y cambio las flores de los jarrones.
Cuando éramos más jóvenes los tres, recuerdo que me cargaba en un canguro a su espalda mientras mama diseñaba.
- Ali, esto es la nueva era - sonreía.
- Nueva era, querida, casarse para las mujeres es conseguir sirviente gratis - sonrió al ver las ventanas perfectamente limpias.
- No es cierto - dijo mi mama caminando hasta nuestro lado, mi papa se puso de inmediato de pie, yo veía un lindo colgante de pequeños cristales que reflejaban el sol en sus centros.

Marzo 14, 2000.
- Eso no es cierto - dijo Sussan apareciendo de pronto, me puse de pie inmediatamente al verla, sonrió y sus ojos brillaron cuando la alegría los ilumino. Sonreí en respuesta. Mi corazón saldría de mi pecho para abrazarla y besarla y decirle que la amaba más que a este idiota que aún lo quiere tener atrapado en su pecho aunque ya no le pertenece.
- Ya terminaste? - pregunte parpadeando para tomar fotos de su rostro al verla caminar hacia mí.
- Papi, me podrías bajar los cristalitos - pidió Alice, la tenía a mi espalda y tiro de mi cabello para que le hiciera caso, se revolvió impaciente.
- Si, bebe - dije, anonado por mi princesa, mi hermosa princesa que tanto quería incondicionalmente como a su madre. Ellas me daban la fuerza y la energía que corría y corría dentro de mí. Me gire para bajarle los cristalitos.
- Bájame, mami - pidió estirando sus bracitos. Cuatro años y hablaba bastante bien, le fallaban las "l" cosa inusual, pero se la pasaba pronunciando palabras con "l" todo el día, entendía perfectamente que el sonido no era el correcto. Cosa aún más inusual.
Al tiempo que le baje los cristalitos, Sussan la soltó de la canturrea. Me gire y ya me extendía sus manitas.
- Si se rompen, tú no puedes recoger los restos, debes de llamarme - le dije poniéndome a su altura. Ya había roto dos y la primera vez que los rompió corto sus manitas y no paraba de llorar.
- Si, papi, lo haré - se esforzó cerrando sus enormes y expresivos  ojos un momento-, recuerdo - asintió y sonrió abriendo los ojos.
- Está bien - se lo entrego y sale corriendo hasta los otros ventanales del otro salón donde suelta la cuerda que los une y los pone contra el sol. Miro fascinado su fascinación por la luz.
Me levanto y me sorprende el beso que recibo en la comisura de los labios, giro el rostro y recibo otro en el centro.
- Sussan - susurro cuando atrapa mi rostro y vuelve a posar sus labios en los míos lentamente-. Mi hermosa Sussan - digo abrazándola por la cintura.
- Mi hermoso Fernando - sonríe-, ¿sabes que estaba pensando?
- ¿Qué? - pregunto interesado, me recorre el rostro con una mano y mi rostro se acerca a un más a su caricia.
- Que eres música.
- ¿Música?
- Si, mi dolido adolescente - sonrió de nuevo al recordar que antes de ser  novios en una ocasión me grito: "¡Adolescente dolido y descarriado y pervertido, Fontain, es lo que eres!"
- Por qué música? - pregunte parpadeando una vez.
- Si, porque yo soy poesía.
- Eso te lo dije anoche - dije bajando mi rostro hasta que mi frente toco la suya y su nariz la mia.
- Lo recuerdo- sonríe y note su rubor y la emoción en sus ojos.- Y por ello lo digo.
- ¿Por qué?
- Porque mira al hermosa oda que hemos logrado - responde y ambos giramos el rostro para ver a Alice caminando para después agacharse y colocar cristalitos en un hilera perfecta en el piso, después de colocar el ultimo se levanta y camina para sentarse a una distancia de un metro y medio de ellos, cruza la piernas y ve como poco a poco la luz de los últimos rayos del sol dar en sus cristales.
- Es muy inteligente - dice Sussan sorprendida.
- Deberíamos hacerle una prueba de IQ, ¿qué tal si es una súper dotada? - pregunto.
- Mmm... - responde y giro para ver su rostro que mira a Alice con el ceño algo fruncido. La aprieto más contra mi cuerpo y ella gira para verme.
- Tú eres una súper dotada.
- Mmm... - sonríe.
- Sussan - la regaño por sus sonidos como respuesta pero también sonrió.
- Tú también- dice y mira directamente dentro de mis ojos. Si, por eso nos conocimos, pienso feliz. - Tal vez lo sea- dice asintiendo al mismo tiempo. Giro para ver a mi hija que hora acomodado los cristales de manera distinta y veo como a ello que la luz ya casi del anochecer haga el efecto visual que la luz que pega contra ellos, sube y baja.- Bueno... No creo que haya un tal vez, ni un sea. - Dice dando entender que lo es.- Pero por el momento, solo quiero comprarle más cristales - comenta y sonrió, recarga su cabeza en mi pecho aprontando sus manos en mis brazos - y estar contigo.


Enero 30, 2011.
He acabado de desayunar y mis padres no han bajado, media hora y no han bajado. ¡Fuero interno pervertido! Pienso cuando el pensamiento que me cruzo por la mente no era... y me recorre un escalofrío por toda la espalda. Entonces lo escucho: un grito cuchichiado. Han estado peleando y ahora preferiría que estuvieran haciendo lo que mi fuero pervertido pensaba.
Miro el plato vacío y los suyos llenos  con comida fría.
Subo las escaleras y me quedo en el tope de las de madera. Siempre he tenido tendencia a torturarme escuchando sus discusiones.
- Como te atreves, Sussan!? - pregunta mi padre en un grito o sollozo ya-, ¿¡cómo te atreves a dudar de mí!?
¿A dudar de él? ¿Infidelidad?, ¿¡Mi papá!?
- Como que como me atrevo a dudar de ti, Fontain!? - pregunta mi mama y ella si solloza ya, pero también mi padre, los escucho. Mi papa golpea la pared.
- No seas tonta, mi amor - dice con una voz que le tiembla-, yo no te dejare, no.
- Tu mismo los has dicho, siempre nos ha unido ella, y tu... Cuando...
- No - ruega mi papa -, no pienses eso, ni aunque hubiera un cuando, Sussan, ¿cómo podría haber sol sin ti?
- ¿Esto es más de lo que puedes tomar, verdad? Siempre ha sido así - pregunta con un deje de decepción.
- No, no, no me hagas esto, otra vez no, ¿cómo crees que yo viviría?, ¿cómo crees que yo seguiría viviendo?
Se azota una puerta, se cierra y es golpeada con furia.
-¿¡Sussan!? - grita furioso y dolido.
- Trata de pensarlo porque habrá uno de esos dos en tu vida.
- ¡No, Sussan, por favor! -. Un sollozo. - Sussan!? - otro golpe-, si yo te amo y tú me amas, porque lo haces a pasar de que estas enojada, como existirá el segundo.
Se abre una puerta y se escucha la sorpresa.
- Y el primero!? - dice con el dolor en la voz-. ¡Fernando, niégame que el primero  existirá, dímelo, Fernando! ¡Dímelo!
- No puedo, Sussan, no puedo -. Mis ojos están desbordándose. Recargo la cabeza en la pared. Cuanto dolor genera un acto, el acto más simple en el mundo.
- ¿¡Por qué!?
- Yo tampoco quiero perderla...
- Es tu forma de retenerla le está doliendo mucho.
-¡Es la única forma que hay! ¡Es la única forma en la que la podemos conservar!
-¡No es ningún alimento para que hables de ella así! No es algo que se  esté muriendo! - se escucha el sonido de una bofetada, abro los ojos como platos y doy un respingo.- Fernando - dice con rabia.
-Lo siento, Sussan - dice en tono asustado, pero se escucha en respuesta una bofetada mucho más fuerte y después otra y después otra y una puerta azotándose nuevo.- Perdóname, Sussan, perdóname - llora su error.
- Tu forma de querer resolver todo... todo, me está agotando la fe aún más - dice después de abrir la puerta-. ¿Quieres que la tenga encerrada y que le ponga un cartel de "moribunda" en la frente? No lo hare, Fernando, quieres que la obligue a ir a un especialista por los sueños que no se atreve a hablar conmigo, tampoco lo hare.
- Es mi hija.
- ¡Y mía también! - grita con furia-, ¡es mi hija! ¡Mi hija! - remarca el "mi" demasiado, como si lo tratara de insultar con esa palabra-. ¡Y no permitiré que la mates con tus reglas! ¡Que la mates con tus medidas drásticas! ¡No lo voy a permitir!
- Pero...
-¡No! ¡Haré hasta lo imposible! - dice y se detiene-. ¡Carajo, Fernando! ¡Mírame! ¡Hare lo imposible y más, para que ella viva lo que tenga que vivir y lo que ella quiera vivir! Y si me la quita...
- Yo no te dejare...
-Pero yo sí- susurra. Frunzo el ceño… ella sí.
Me levanto porque ya he escuchado suficiente y quiero correr pero en lugar de ello sube a mi estudio. Me siento enfrente de mi piano ya con el estéreo encendido.
Un grito ahogado sale de mí como un suspiro que deja que las lágrimas toquen como mis dedos, las teclas blancas y negras mientras sigo el violín que toca haciéndome un dueto.
Brian Crain, hazme llorar.
Tocaron la puerta cuando los dedos me comenzaron a doler. Lo que significaba que debía de haber tocado sin parar por cinco horas. El que toca siempre es mi papa.
- Váyanse, por favor - dije sin alzar la vista de las teclas.
- Alice, linda - pidió mi mama. Tratando de abrir pero esta con pestillo la puerta.
- No les he dado permiso de entrar - le hice notar mientras seguía tocando algo que hundiría al barco Titanic de nuevo pero de pura tristeza y melancolía porque de que les servía de llegar a Europa en una semana, ellos solos buscarían y se estamparían contra el Iceberg-. Y he dicho que se vayan - dije en un susurro que apenas se ha escuchado.
- Sí, Alice - acepto mi papa.
- Lo siento mucho, cariño - se disculpó mi madre por haber dejado escuchar su arrebato.
Da igual.
Como a las seis me digne a salir del estudio y baje las escaleras los encontré en la escalera de cristal cambiados. La cabeza de mi mama en el hombro de papa y había una peonia rosa en el ultimo de madera, lo tome sin hacer ruido y camine a mi cuarto.
Fingí una incomodidad que realmente no sentía mientras viajábamos en coche al pueblo. Mis padres se lanzaban miradas incomodas y cómplices de un crimen inexistente. Suspire exageradamente y baje el cristal a pasar de que adentro el aire era mucho más frío y reconfortante.
La mirada de mi papa se encontró con la mía en el retrovisor y la aparto rápidamente.
- Han hecho peores escenas sobre esta tragicomedia - dije con un deje de repulsión e ironía ante su comportamiento. Eso lo deberían de pensar antes de ponerse a gritar si saben que estoy cerca. Ambos dieron un respingo en el asiento.
- Alice - llamo mi papa cuando íbamos a bajar del carro-, te compramos algo - dijo, asentí y baje del carro. Mi mama me atrapo la mano.
- Ábrelo, linda, lo vimos y pensamos en ti - dijo mama, me gire para ver a papa y me entrego una caja de terciopelo negro. La tome y la abrí sin mucho interés y sonreí a medias cuando lo vi.
Era una gota de cristal formada en un perfecto circulo y en el interior parecía tener incrustados pequeños cristales que formaron arcoíris cuando los moví para que el sol les diera. Además de eso tenía incrustado pequeñas puntas de oro arremolinándose para formar dibujos extraordinarios en su interior, había unas dos perlas diminutas por aquí y por allá rodeadas de un anillo de cobre. El cristal tenía una base de plata brillante que también le hacía de anillo.
Le secret de la perfection se trouve dans la lumière de ton regard, de ma vie- dijo mi padre en su perfecto francés, lo saque de la caja y si, ahí estaban las palabras. La cadena del círculo de cuatro centímetros de diámetro era dorada algo que le daba un toque diferente a la joya.
- Y están pretendiendo que me la ponga - adivine, mama asintió una vez.
Me coloque el collar rápidamente y sentí su peso de inmediato.
- Listo.
Mama y papa tenían planeado cenar en el pueblo y mama se estaba entreteniendo en una boutique muy vintage. Estábamos afuera de esta y mi papa sonreía cuando mama cruzaba en su campo de visión.
- No le debiste pegar - dije en un susurro, él se tensó.
- Lo sé, pero se sabe defender - sonrió con una patente melancolía-, no estoy muy seguro que más me hará para hacerme arrepentir.
Enarque dos cejas. Mama algunas veces llega a ser vengativa.
Mi papa me giro para abrazarme.
- Perdón, Alice.
- Está bien, papa - dije dándole una palmadita en la espalda. No dijeron nada que duela más de lo que puedo soportar, pero tampoco menos. Papa me suelta pero toma mi mano y la aprieta.
- Se ve hermosa cuando se enoja, ¿sabes?
-¿Cuándo se enoja? - pregunte viendo su perfil-, cuando la haces enojar- corregí, se gira y me mira sonriendo.
- Se enoja, la hago enojar, no noto la diferencia - sonríe divertido y ambos vemos a mama.
Alguien toca mi hombro suavemente y me giro para ver. Alexander Pechir.
- Hola, Alice - sonríe, mi papa también se gira y ahora su mirada muestra algo que dice: "¿Y tú quién te crees para tocarla?" Veo que Alexander mira donde mi papa sujeta mi mano.
- Hola, Alexander - y hago mi sonrisa falsa de hoy, solo para ti, Alexander, disfrútala. - Ah! ¡Sí! - digo haciendo que recordé por mí misma aunque fue papa quien me recordó lo de presentarlo cuando apretó mi mano.- Alexander, él es mi padre, Fernando Fontain - digo haciendo un ademan que va de mi papa a Alexander. Veo que de inmediato le cambia la mirada al desgraciado agresivo.- Papa, él es Alexander Pechir, un compañero del colegio. - Termino.
Mi papa extiende la mano con la que me tomaba y Alexander responde dándole su mano derecha y sonriendo.
- Mucho gusto, señor - dice Alexander. Niño rico usando modales de ricos.
- Lo mismo digo, joven - mi papa sonríe ligeramente y suelta la mano de Alexander.
- Me preguntaba si dejaría ir a Alice a tomar un café, los de su grupo estamos reunidos en un lugar cerca de aquí y... - mi papa está a punto de estrechar los ojos, pero sonríe un poco más. Me pone una mano sobre el hombro preguntándome.
- No llegare tarde - digo impulsivamente aunque es solo para que él diga que no y poder pasar tiempo con ellos, que juntos es muy rara vez que los tenga.
- Muy bien, Alice - aprueba mi papa y casi me ahogo con mis pensamientos. ¡Ash, papá! Ay, carajo... Por bocona, canta mi fuero interno.
Comienzo a caminar junto a Alexander.
- ¿Tú me sigues?
- Paranoica, ya te he dicho que no pierdo mi tiempo con niñitas - pongo los ojos en blanco y miro sobre mi hombro pero mi papa ya no está, le doy un leve puñetazo a Alexander en el hombro.
- Yo no te  hecho en cara tus defectos - digo sonriendo.
-¿Paranoica Agresiva, por qué has hecho eso? - pregunta divertido mirándome  directamente a mis ojos con una sonrisa. Le sonrió también.
-¿¡Yo agresiva!? - pregunte con un deje real de que estaba ofendida, me empuja con sus hombros. Supongo que alguien de peso normal solo se hubiera movido un poco pero yo casi me caigo, toma mi mano.
- Muy bien, Paranoica Agresiva Sin Capacidad Motriz - sonrieron sus ojos-, ahora estamos a mano.
-¿Estás jugando? Casi me dislocas el hombro - pune los ojos en blanco.
- Tu nombre resultara muy largo - dice mirando a otra parte.
-¿Y dónde están los demás? - pregunte viendo a mi alrededor.
- Ahí - respondió señalando una casa mal trecha color gris. No pude evitar reír.
-¿Pretendes que yo entre ahí? - pregunte con un deje de que no lo iba a hacer.
- No esta tan malo - respondió, comencé a negar mientras daba la vuelta y en ese momento tomo de mi mano de nuevo y jalo de ella para que correr conmigo hasta el lugar.
Dentro era todo lo que no era afuera.

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