Esto lo
extrañaría mucho.
Me quite el short
y me metí al lago. Me quede flotando hasta que las manos se me hicieron de
viejito y el cielo se hizo de un azul opalino. No quería salir pero tenía que
regresar a casa. Me quite el traje de baño y me enrede en la toalla para
secarme rápidamente, vestirme en tiempo record. Me sente debajo del arbol para
ver al sol desaparecer del firmamento.
Un día más.
Camine con paso
lento de regreso a la playa, escuche a un buhuo ulular y pajaros cantar antes
de dormir. Ramas romperse y una absoluta oscuridad. Nada de eso me infundia
miedo, como antes lo hacia.
Salí a paso
normal a la arena para reintegrarme al grupo que estaba en torno a una fogata.
-¿Dónde te
metiste? - pregunto Liliana.
-Quise ver el
bosque - respondi sentandome a su lado.
-¿A caso nunca
has visto uno? - pregunto Regina desde el otro lado.
- No, este no-
dije en tono aburrido para despues sonreir.
- ¿A caso no has
viajado nada?- enarque una ceja y reí-, ¿te estas riendo de mí?
- Sí- sonreí-, y sí,
he viajado mucho.
Liliana me dio un
golpecito en el hombro y comenzo a reir. Si, algo que deben de saber de mi, es
que soy una sinica de lo peor.
Platicaron de un
monton de cosas que casi no entendi, solo los chistes con los que me rei. Mis
ojos vagaron un segundo entre todos ellos, Paris tenia los ojos ligeramente
estrechados mientras Benjamin hablaba y ya una sonrisa en el rostros, cuando el
chiste termine, este rio rapidamente.
- Estabamos en
Mexico, ¡en Mexico! Y el Angel de Independencia estaba detras de nosotros y de
pronto una orda enorme de gente con carteles salio de no se donde y comenzaron
a gritar algo sobre el dos de Octubre, lo que haya sido, fue muy importe. Con
Katya, nos quedamos petrificados, pense que las ordas que aparecian de la nada
eran cosa de españoles indignados, pero se da en todos lados.
- En que epoca
del año fueron? - pregunte interesada.
- ¿Creo que en
Septiembre, has ido a Mexico?
- Vivi un periodo
antes de regresar a Espeña, hace un año - respondi.
- O sea, ¿desde
hace cuánto que estas aquí?
- En Santander,
menos de un mes, llegue el primero de este mes y en España llevo dos meses,
antes de eso vivi en Mexico seis meses.
- Claro, por eso
escucho muchas de sus expresiones en ti.
- Su español no
es tan diferente e incluso se entiende mas.
- ¿De dónde eres,
entonces? - pregunto Martha.
- Soy española.
- No pareces
española - nego Liliana. Ni ninguno de usted, quise decir.
- La familia de
mi padre es de origen frances y la de mi madre es hungara.
- Hablas hungaro?
- Poquito, hablo
frances.
- Di algo - pidio
Gaby, sonriente.
- Trois tristes
tigres, ils avalaient un blé, dans trois
tristes vieilleries, dans trois tristes
vieilleries, trois tristes tigres ils
avalaient un blé dans un trigal- dije mirándola directamente a los ojos, su
sonrisa se fue ensanchando. Hasta que termine, es más difícil decirlo en
español.
Nos levantamos de
la arena porque Fernanda se quejo de estar muerta de hambre. Me levante
demasiado pronto como si estuviera desesperada de salir corriendo y unos
cuantos ojos me miraron sorprendidos.
Mi fuero interno
se encogio de hombros, recalcandome que era noche y que debia llegar antes de
las diez a casa. Le di la razon y camine por mis cosas, doble la toalla, tuve una
pelea con la ropa mojada, hasta que capitulo para darle si espacio a la toalla.
Camine a paso
moderado al Jeep viendo una ultima vez hacia el mar y sitiendo una briza tibia
que siempre se posaba en las costas, con su olor a sal y humedo a la vez y aqui
habia algo que lo hacia mucho mas fantastica. El bosque que desprendia un olor
a tierra mojada y abeto, ademas del pacifico chocar de las olas contra la
orilla habia un leve cantar de los grillos.
La luna y las
estrellas, el mar y la arena, el bosque y los grillos. Alice y la vida
esfumandose de sus manos.
Mire con tristeza
el mar oscuro despues de ese pensamiento, pense en sus profundidades.... mi
amor secreto. Tuve un pensamiento infantil despues de aquel amargo, que todo se
veria mejor con antorchas a la orilla del mar, sería más acojedora esa playa
desierta y para nada turistica.
- ¡Alice!, ¡Vamos!
- grito Stephanya sonriendo cuando me gire para verla.
Comenzamos a
meter las cosas que trajeron consigo los chicos que habian venido conmigo,
cuando Alexander se acerco ayudando a Sophia con una pesada conjeladora que
habia estado llena de refrescos en lata y vidrio. Me hice un lado pegada a la
puerta para dejarle mas espacio. La dejo alado de unas bolsas que seguro traian
mas o menos que la mia. La dejo con un pesado y exagerado suspiro antes de
hacer sus hombros para atras, como agotado.
Lo mire con
curiosidad pensando que tal vez estuvo demasido para el, debio de haber pedido
ayudo... Pensé distraidamente, pero mi fuero interno me cacheteó y me recordó
lo que paso hace apenas un mes, casi un mes, así que dice un paso para atrás
junto con mi curiosidad.
- Alice - dijo
con suavidad, todos seguían empacando y distraídos en la playa aun, solo estábamos
él y yo. Dios, ahora sí creo en ti, te prometo creer en ti, pero no dejes que
este hijo de... Que este supuesto "prójimo" me haga daño, ore en un
segundo.
- ¿Si, Alexander?
- respondí viendo y no viendo sus ojos grises, veía mas el reflejo de las
estrellas en su iris. Era algo muy peculiar. Teniendo en cuenta que sus ojos
eran de un gris muy intenso.
- Buenas noches-
dijo, eso me sorprendió pero lo oculte tras un ceño fruncido, por alguna razón.
Pero cuando se retiró después de sonreírme, de espaldas a mí, no pude evitar
regresarle la sonrisa.
Los deje enfrente
de un restaurante llamado: "El Capricho", que se veía colorido y
acogedor.
- No bajas? -
pregunto Gaby cuando no hice ademan de bajar.
- Eh... No - dije
distraídamente mandando un mensaje a mi mama de que ya iba cuando note que
faltaban cinco minutos para las diez-. Toque de queda a las diez - susurre después
de que mi mama me respondiera: "Más te vale, Anita" estreche los ojos
porque aun recordaba cuando interprete a Anita, la Huerfanita, por error.
- Okay... Bueno,
supongo que nos vemos mañana - sonrió haciendo que sus ojos ardieran con algo
que interprete como ansias, asentí y sonreí también, encendí el Jeep y ella se alejó.
La vi despedirse
con su mano por el retrovisor, Paris se acercó el tomo de la cintura y le dio
un tierno beso en la mejilla.
Sonreí
ligeramente.
- Ya llegue -
grite después de dejar caer mis cosas a lado de la puerta, cerrarla, aventar
las llaves del Jeep al tazón de cerámica. Todas las luces de la casa estaban
encendidas, lo que significaba que mi madre estaba sola y eso decía que mi
padre no vendría tampoco este fin de semana.
- Pensé que eras
una proyección astral, hija, disculpa no haberme dado cuenta - dijo mi mama desde
la cocina, puso los ojos en blanco y sonreí caminando a saltones hasta allá.
Odiaba cuando usaba mis frases contra mí.
-¿Qué haces, ma?
- pregunto acercándome y viendo como revolvía pequeños trozos de duraznos y
fresas en un tazón.
- Tu ensalada
favorita - gira para sonreírme y entorno los ojos en sorpresa y después
brillaron felices.
- ¿Qué? -
pregunte, acercándome un poco más.
- Te bronceaste,
linda - dijo sonriendo delicadamente, me encogí de hombros. Era agradable vivir
junto al mar, no literalmente, pero si cerca, más cuando la primavera y el
verano se acercaban, no tenías frio y la lluvia era agradable y casi siempre
disfrutabas de un perfecto sol. Ah... Y además tenías una enorme piscina la mayoría
del tiempo tibia, ¡gratis!
Mi mama se giró
para seguir revolviendo la ensalada, de pronto lo dejo, se volteo levemente
para tomar mi rostro entre sus manos y darme un beso en la frente, después me
abrazo, estrechándome fuerte contra su pecho. Mi corazón dejo de latir rápido
como un caballo a tropel, se alentó un poco y el frio hizo lo mismo.
Pase mis manos
por su espalda y le devolví el abrazo cerrando los ojos un segundo.
Sé porque hace
eso. Lo hace siempre, cada día antes del día del fin de mes, desde que dijeron
que mi enfermedad era un virus tipo X, por lo tanto no tenía cura, ni
tratamiento seguro y solo habían existido diez casos en la historia: El Virus
Alice.
Lo hace cuando
duda de su fe.
Me acosté,
escuchando a Sheeran, recargue mi cabeza en la almohada y vi el techo con el árbol
rodeado de arena dorada. Un árbol seco.
Mmm... Siempre
soy consciente de ti, no tienes por qué preocuparte porque no te presto atención
por un segundo. Eres el centro de ella, siempre. Pensé al sentir la fuerte
punzada en el pecho que me recorrió hasta el ombligo, parecía quererme partir
en dos.
Tome una pastilla
azul y una capsula anaranjada de un pequeño frasco anaranjado con tapa blanca y
etiqueta con letras a máquina que decía: "Virus Alice, medicamente de
Prueba" y mi dirección.
Auch...
Me despertó el
sonido de una licuadora, a las ocho de la mañana, de un domingo? ¿Mamá? ¿Despierta?
Imposible pero bastante creíble.
Abrí los ojos precipitadamente
y me levante. Fui al baño para lavar mi rostro y cepillar mis dientes. Mire mi
rostro después de eso y entorne los ojos.
Verme con color.
Raro. Verme con un color falso que hacia sobresalir el amarrillo verdadero.
Repulsivo.
Tome aire y me
controle. Nada de odiarme a mí misma hoy.
Me seque el
rostro mientras hacia un mollete en mi rostro. Iba bajando las escaleras
escuchando a Sky Ferreira cuando de pronto vi un par de ojos iguales a los míos
viéndome muy sorprendidos al final de estos, me lance para a abrazar a mi papa
ahogando un grito de sorpresa.
-Oh, mi linda
niña - dijo acariciándome el cabello que se había soltado cuando lo abrace -,
yo también te extrañe y a tu mama, mucho. - Recalco, le di un beso en la
mejilla y el me dio uno en la frente, enarco una ceja cuando me vio desde
lejos.
- No - dije,
cuando supe que estaba a punto de decirme "Anita", cuando estaba
bronceada se me marcaban unas pecas, que ahora nunca se me veían pero hace dos
años note que regresaron un día que me broncee en Francia. Sonrió burlándose de
mí.
- Iré a despertar
a tu mama, ya prepare el desayuno - dijo subiendo las escaleras medio
corriendo.
- ¿Pero no acabas
de llegar, papá? - pregunte confundida girándome para verlo llegar al tope de
las escaleras.
- Si - respondió
y note la sonrisa en su voz.
De seguro hasta
lavo los platos, la ropa, limpio las ventanas y cambio las flores de los
jarrones.
Cuando éramos más
jóvenes los tres, recuerdo que me cargaba en un canguro a su espalda mientras
mama diseñaba.
- Ali, esto es la
nueva era - sonreía.
- Nueva era,
querida, casarse para las mujeres es conseguir sirviente gratis - sonrió al ver
las ventanas perfectamente limpias.
- No es cierto -
dijo mi mama caminando hasta nuestro lado, mi papa se puso de inmediato de pie,
yo veía un lindo colgante de pequeños cristales que reflejaban el sol en sus
centros.
Marzo 14, 2000.
- Eso no es
cierto - dijo Sussan apareciendo de pronto, me puse de pie inmediatamente al
verla, sonrió y sus ojos brillaron cuando la alegría los ilumino. Sonreí en
respuesta. Mi corazón saldría de mi pecho para abrazarla y besarla y decirle
que la amaba más que a este idiota que aún lo quiere tener atrapado en su pecho
aunque ya no le pertenece.
- Ya terminaste?
- pregunte parpadeando para tomar fotos de su rostro al verla caminar hacia mí.
- Papi, me podrías
bajar los cristalitos - pidió Alice, la tenía a mi espalda y tiro de mi cabello
para que le hiciera caso, se revolvió impaciente.
- Si, bebe -
dije, anonado por mi princesa, mi hermosa princesa que tanto quería incondicionalmente
como a su madre. Ellas me daban la fuerza y la energía que corría y corría
dentro de mí. Me gire para bajarle los cristalitos.
- Bájame, mami - pidió
estirando sus bracitos. Cuatro años y hablaba bastante bien, le fallaban las
"l" cosa inusual, pero se la pasaba pronunciando palabras con
"l" todo el día, entendía perfectamente que el sonido no era el correcto.
Cosa aún más inusual.
Al tiempo que le
baje los cristalitos, Sussan la soltó de la canturrea. Me gire y ya me extendía
sus manitas.
- Si se rompen, tú
no puedes recoger los restos, debes de llamarme - le dije poniéndome a su
altura. Ya había roto dos y la primera vez que los rompió corto sus manitas y
no paraba de llorar.
- Si, papi, lo
haré - se esforzó cerrando sus enormes y expresivos ojos un momento-, recuerdo - asintió y sonrió
abriendo los ojos.
- Está bien - se
lo entrego y sale corriendo hasta los otros ventanales del otro salón donde
suelta la cuerda que los une y los pone contra el sol. Miro fascinado su fascinación
por la luz.
Me levanto y me
sorprende el beso que recibo en la comisura de los labios, giro el rostro y
recibo otro en el centro.
- Sussan -
susurro cuando atrapa mi rostro y vuelve a posar sus labios en los míos
lentamente-. Mi hermosa Sussan - digo abrazándola por la cintura.
- Mi hermoso
Fernando - sonríe-, ¿sabes que estaba pensando?
- ¿Qué? -
pregunto interesado, me recorre el rostro con una mano y mi rostro se acerca a
un más a su caricia.
- Que eres música.
- ¿Música?
- Si, mi dolido
adolescente - sonrió de nuevo al recordar que antes de ser novios en una ocasión me grito: "¡Adolescente
dolido y descarriado y pervertido, Fontain, es lo que eres!"
- Por qué música?
- pregunte parpadeando una vez.
- Si, porque yo
soy poesía.
- Eso te lo dije
anoche - dije bajando mi rostro hasta que mi frente toco la suya y su nariz la
mia.
- Lo recuerdo-
sonríe y note su rubor y la emoción en sus ojos.- Y por ello lo digo.
- ¿Por qué?
- Porque mira al
hermosa oda que hemos logrado - responde y ambos giramos el rostro para ver a
Alice caminando para después agacharse y colocar cristalitos en un hilera
perfecta en el piso, después de colocar el ultimo se levanta y camina para
sentarse a una distancia de un metro y medio de ellos, cruza la piernas y ve
como poco a poco la luz de los últimos rayos del sol dar en sus cristales.
- Es muy
inteligente - dice Sussan sorprendida.
- Deberíamos
hacerle una prueba de IQ, ¿qué tal si es una súper dotada? - pregunto.
- Mmm... -
responde y giro para ver su rostro que mira a Alice con el ceño algo fruncido.
La aprieto más contra mi cuerpo y ella gira para verme.
- Tú eres una súper
dotada.
- Mmm... - sonríe.
- Sussan - la
regaño por sus sonidos como respuesta pero también sonrió.
- Tú también-
dice y mira directamente dentro de mis ojos. Si, por eso nos conocimos, pienso
feliz. - Tal vez lo sea- dice asintiendo al mismo tiempo. Giro para ver a mi
hija que hora acomodado los cristales de manera distinta y veo como a ello que
la luz ya casi del anochecer haga el efecto visual que la luz que pega contra
ellos, sube y baja.- Bueno... No creo que haya un tal vez, ni un sea. - Dice
dando entender que lo es.- Pero por el momento, solo quiero comprarle más
cristales - comenta y sonrió, recarga su cabeza en mi pecho aprontando sus
manos en mis brazos - y estar contigo.
Enero 30, 2011.
He acabado de
desayunar y mis padres no han bajado, media hora y no han bajado. ¡Fuero
interno pervertido! Pienso cuando el pensamiento que me cruzo por la mente no
era... y me recorre un escalofrío por toda la espalda. Entonces lo escucho: un
grito cuchichiado. Han estado peleando y ahora preferiría que estuvieran
haciendo lo que mi fuero pervertido pensaba.
Miro el plato vacío
y los suyos llenos con comida fría.
Subo las
escaleras y me quedo en el tope de las de madera. Siempre he tenido tendencia a
torturarme escuchando sus discusiones.
- Como te
atreves, Sussan!? - pregunta mi padre en un grito o sollozo ya-, ¿¡cómo te
atreves a dudar de mí!?
¿A dudar de él? ¿Infidelidad?,
¿¡Mi papá!?
- Como que como
me atrevo a dudar de ti, Fontain!? - pregunta mi mama y ella si solloza ya,
pero también mi padre, los escucho. Mi papa golpea la pared.
- No seas tonta,
mi amor - dice con una voz que le tiembla-, yo no te dejare, no.
- Tu mismo los
has dicho, siempre nos ha unido ella, y tu... Cuando...
- No - ruega mi
papa -, no pienses eso, ni aunque hubiera un cuando, Sussan, ¿cómo podría haber
sol sin ti?
- ¿Esto es más de
lo que puedes tomar, verdad? Siempre ha sido así - pregunta con un deje de decepción.
- No, no, no me
hagas esto, otra vez no, ¿cómo crees que yo viviría?, ¿cómo crees que yo seguiría
viviendo?
Se azota una
puerta, se cierra y es golpeada con furia.
-¿¡Sussan!? -
grita furioso y dolido.
- Trata de
pensarlo porque habrá uno de esos dos en tu vida.
- ¡No, Sussan,
por favor! -. Un sollozo. - Sussan!? - otro golpe-, si yo te amo y tú me amas,
porque lo haces a pasar de que estas enojada, como existirá el segundo.
Se abre una
puerta y se escucha la sorpresa.
- Y el primero!?
- dice con el dolor en la voz-. ¡Fernando, niégame que el primero existirá, dímelo, Fernando! ¡Dímelo!
- No puedo, Sussan,
no puedo -. Mis ojos están desbordándose. Recargo la cabeza en la pared. Cuanto
dolor genera un acto, el acto más simple en el mundo.
- ¿¡Por qué!?
- Yo tampoco
quiero perderla...
- Es tu forma de
retenerla le está doliendo mucho.
-¡Es la única
forma que hay! ¡Es la única forma en la que la podemos conservar!
-¡No es ningún
alimento para que hables de ella así! No es algo que se esté muriendo! - se escucha el sonido de una
bofetada, abro los ojos como platos y doy un respingo.- Fernando - dice con
rabia.
-Lo siento, Sussan
- dice en tono asustado, pero se escucha en respuesta una bofetada mucho más
fuerte y después otra y después otra y una puerta azotándose nuevo.- Perdóname,
Sussan, perdóname - llora su error.
- Tu forma de
querer resolver todo... todo, me está agotando la fe aún más - dice después de
abrir la puerta-. ¿Quieres que la tenga encerrada y que le ponga un cartel de
"moribunda" en la frente? No lo hare, Fernando, quieres que la
obligue a ir a un especialista por los sueños que no se atreve a hablar
conmigo, tampoco lo hare.
- Es mi hija.
- ¡Y mía también!
- grita con furia-, ¡es mi hija! ¡Mi hija! - remarca el "mi"
demasiado, como si lo tratara de insultar con esa palabra-. ¡Y no permitiré que
la mates con tus reglas! ¡Que la mates con tus medidas drásticas! ¡No lo voy a
permitir!
- Pero...
-¡No! ¡Haré hasta
lo imposible! - dice y se detiene-. ¡Carajo, Fernando! ¡Mírame! ¡Hare lo
imposible y más, para que ella viva lo que tenga que vivir y lo que ella quiera
vivir! Y si me la quita...
- Yo no te
dejare...
-Pero yo sí-
susurra. Frunzo el ceño… ella sí.
Me levanto porque
ya he escuchado suficiente y quiero correr pero en lugar de ello sube a mi
estudio. Me siento enfrente de mi piano ya con el estéreo encendido.
Un grito ahogado
sale de mí como un suspiro que deja que las lágrimas toquen como mis dedos, las
teclas blancas y negras mientras sigo el violín que toca haciéndome un dueto.
Brian Crain,
hazme llorar.
Tocaron la puerta
cuando los dedos me comenzaron a doler. Lo que significaba que debía de haber
tocado sin parar por cinco horas. El que toca siempre es mi papa.
- Váyanse, por
favor - dije sin alzar la vista de las teclas.
- Alice, linda - pidió
mi mama. Tratando de abrir pero esta con pestillo la puerta.
- No les he dado
permiso de entrar - le hice notar mientras seguía tocando algo que hundiría al
barco Titanic de nuevo pero de pura tristeza y melancolía porque de que les servía
de llegar a Europa en una semana, ellos solos buscarían y se estamparían contra
el Iceberg-. Y he dicho que se vayan - dije en un susurro que apenas se ha
escuchado.
- Sí, Alice -
acepto mi papa.
- Lo siento
mucho, cariño - se disculpó mi madre por haber dejado escuchar su arrebato.
Da igual.
Como a las seis
me digne a salir del estudio y baje las escaleras los encontré en la escalera
de cristal cambiados. La cabeza de mi mama en el hombro de papa y había una
peonia rosa en el ultimo de madera, lo tome sin hacer ruido y camine a mi
cuarto.
Fingí una
incomodidad que realmente no sentía mientras viajábamos en coche al pueblo. Mis
padres se lanzaban miradas incomodas y cómplices de un crimen inexistente.
Suspire exageradamente y baje el cristal a pasar de que adentro el aire era
mucho más frío y reconfortante.
La mirada de mi
papa se encontró con la mía en el retrovisor y la aparto rápidamente.
- Han hecho
peores escenas sobre esta tragicomedia - dije con un deje de repulsión e ironía
ante su comportamiento. Eso lo deberían de pensar antes de ponerse a gritar si
saben que estoy cerca. Ambos dieron un respingo en el asiento.
- Alice - llamo
mi papa cuando íbamos a bajar del carro-, te compramos algo - dijo, asentí y
baje del carro. Mi mama me atrapo la mano.
- Ábrelo, linda,
lo vimos y pensamos en ti - dijo mama, me gire para ver a papa y me entrego una
caja de terciopelo negro. La tome y la abrí sin mucho interés y sonreí a medias
cuando lo vi.
Era una gota de
cristal formada en un perfecto circulo y en el interior parecía tener
incrustados pequeños cristales que formaron arcoíris cuando los moví para que
el sol les diera. Además de eso tenía incrustado pequeñas puntas de oro arremolinándose
para formar dibujos extraordinarios en su interior, había unas dos perlas
diminutas por aquí y por allá rodeadas de un anillo de cobre. El cristal tenía
una base de plata brillante que también le hacía de anillo.
- Le secret de la perfection se trouve dans la
lumière de ton regard, de ma vie- dijo mi padre en su
perfecto francés, lo saque de la caja y si, ahí estaban las palabras. La cadena
del círculo de cuatro centímetros de diámetro era dorada algo que le daba un
toque diferente a la joya.
- Y están
pretendiendo que me la ponga - adivine, mama asintió una vez.
Me coloque el
collar rápidamente y sentí su peso de inmediato.
- Listo.
Mama y papa tenían
planeado cenar en el pueblo y mama se estaba entreteniendo en una boutique muy
vintage. Estábamos afuera de esta y mi papa sonreía cuando mama cruzaba en su
campo de visión.
- No le debiste
pegar - dije en un susurro, él se tensó.
- Lo sé, pero se
sabe defender - sonrió con una patente melancolía-, no estoy muy seguro que más
me hará para hacerme arrepentir.
Enarque dos
cejas. Mama algunas veces llega a ser vengativa.
Mi papa me giro
para abrazarme.
- Perdón, Alice.
- Está bien, papa
- dije dándole una palmadita en la espalda. No dijeron nada que duela más de lo
que puedo soportar, pero tampoco menos. Papa me suelta pero toma mi mano y la
aprieta.
- Se ve hermosa
cuando se enoja, ¿sabes?
-¿Cuándo se
enoja? - pregunte viendo su perfil-, cuando la haces enojar- corregí, se gira y
me mira sonriendo.
- Se enoja, la
hago enojar, no noto la diferencia - sonríe divertido y ambos vemos a mama.
Alguien toca mi
hombro suavemente y me giro para ver. Alexander Pechir.
- Hola, Alice - sonríe,
mi papa también se gira y ahora su mirada muestra algo que dice: "¿Y tú quién
te crees para tocarla?" Veo que Alexander mira donde mi papa sujeta mi
mano.
- Hola, Alexander
- y hago mi sonrisa falsa de hoy, solo para ti, Alexander, disfrútala. - Ah! ¡Sí!
- digo haciendo que recordé por mí misma aunque fue papa quien me recordó lo de
presentarlo cuando apretó mi mano.- Alexander, él es mi padre, Fernando Fontain
- digo haciendo un ademan que va de mi papa a Alexander. Veo que de inmediato
le cambia la mirada al desgraciado agresivo.- Papa, él es Alexander Pechir, un
compañero del colegio. - Termino.
Mi papa extiende
la mano con la que me tomaba y Alexander responde dándole su mano derecha y
sonriendo.
- Mucho gusto,
señor - dice Alexander. Niño rico usando modales de ricos.
- Lo mismo digo,
joven - mi papa sonríe ligeramente y suelta la mano de Alexander.
- Me preguntaba
si dejaría ir a Alice a tomar un café, los de su grupo estamos reunidos en un
lugar cerca de aquí y... - mi papa está a punto de estrechar los ojos, pero sonríe
un poco más. Me pone una mano sobre el hombro preguntándome.
- No llegare
tarde - digo impulsivamente aunque es solo para que él diga que no y poder
pasar tiempo con ellos, que juntos es muy rara vez que los tenga.
- Muy bien, Alice
- aprueba mi papa y casi me ahogo con mis pensamientos. ¡Ash, papá! Ay,
carajo... Por bocona, canta mi fuero interno.
Comienzo a
caminar junto a Alexander.
- ¿Tú me sigues?
- Paranoica, ya
te he dicho que no pierdo mi tiempo con niñitas - pongo los ojos en blanco y
miro sobre mi hombro pero mi papa ya no está, le doy un leve puñetazo a
Alexander en el hombro.
- Yo no te hecho en cara tus defectos - digo sonriendo.
-¿Paranoica
Agresiva, por qué has hecho eso? - pregunta divertido mirándome directamente a mis ojos con una sonrisa. Le sonrió
también.
-¿¡Yo agresiva!?
- pregunte con un deje real de que estaba ofendida, me empuja con sus hombros.
Supongo que alguien de peso normal solo se hubiera movido un poco pero yo casi
me caigo, toma mi mano.
- Muy bien,
Paranoica Agresiva Sin Capacidad Motriz - sonrieron sus ojos-, ahora estamos a
mano.
-¿Estás jugando?
Casi me dislocas el hombro - pune los ojos en blanco.
- Tu nombre
resultara muy largo - dice mirando a otra parte.
-¿Y dónde están
los demás? - pregunte viendo a mi alrededor.
- Ahí - respondió
señalando una casa mal trecha color gris. No pude evitar reír.
-¿Pretendes que
yo entre ahí? - pregunte con un deje de que no lo iba a hacer.
- No esta tan malo - respondió, comencé a negar mientras daba la vuelta y en ese momento tomo de
mi mano de nuevo y jalo de ella para que correr conmigo hasta el lugar.
Dentro era todo
lo que no era afuera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario