viernes, 8 de marzo de 2013

VII. CAPÍTULO ÉL. PARTE II.



Me desperté como si el tiempo me estuviera esperando para continuar con su camino, abrí los ojos parpadeando una vez, tome el celular y vi la hora: seis con cuarenta y dos minutos, el sueño se me callo hasta... ¡Joder! Me levente, ya lanzándome contra el baño y abriendo la llave.
Corrí hasta la entrada del colegio, agarre a alguien del brazo muy fuerte, haciéndome el cabello para atrás, hecho una mirada al horario que tenía en la mano.
- ¿Salón de Filosofía? - pregunte.
- Caminas derecho, a la izquierda, es la tercera puerta - respondió apresuradamente. ¡Joder!, ¡Joder!, ¡Joder! Pensé mientras corría y abofeteaba a mí fuera interno. Así no hablas, ¿verdad? Llegue tarde a la clase por nueve minutos. Genial, Alice, segundo día y llegas tarde, abrí la puerta mientras maniobraba por colocarme el blasón en el  cuello y arreglarme el cabello que estaba chorreando y goteando.
- Que bueno que nos acompañas, Alice - dijo alguien, medio gire ajustando el blasón, debí de haber tocado, apreté los labios y sonreí después ante la mirada de veinte varones expectantes y dos niñas sorprendidas. ¿¡Esto era su puta idea de una clase mixta!? Respira, encomiéndate a Jehová. Relájate, deja de pensar en groserías. Respira.
- Buenos días - dije improvisadamente.
- ¿Piensas quedarte ahí o te nos vas a unir? - pregunto enarcando más las cejas. El profesor no debía de tener más de veinticinco años, tenía una coleta de caballo sujetando su cabello que era rubio-castaño-negro. ¡YO QUE COÑO SÉ!, sus ojos verdes y de piel blanca, llevaba una camisa blanca de lino con un pantalón de mezclilla y unas alpargatas cafés, tenía acento francés pero hablaba bien el español. Asentí varias veces, pasando al salón, cerrando la puerta detrás de mi.- No tan rápido, Alice - dijo cuando caminaba ya al asiento del fondo, el único vacío.
-¿Si? - dije deteniéndome ahí donde estaba, se escuchó como se cerraba un libro. ¿Ayer guarde los libros? Si, los guarde porque la mochila me estaba machacando el hombro.
- ¿Sabes?, puedes llegar tarde a mi clase, por mí no hay problema... Pero para ganarte ese derecho, tienes que responder a todas las preguntas que te hagamos hasta que te diga que te sientes, es el precio de llegar tarde, puede tardar toda la clase o solo puede tomarnos unos cuantos minutos.
-¿Qué clase de preguntas serán? - pregunte sintiendo que el salón se convirtió de un horno a una hoguera. Respire con normalidad, haciendo que mi espalda se enderezara, levante la barbilla y coloque mis manos detrás de mi espalda.
- De cualquier tipo - respondió, exhale al tiempo que asentía, yo considero esto bullying y abuso de poder pero aun así... fingí que me encontraba en casa tomando limonada.- Comiencen, alumnos.
-¿Tienes novio? - pregunto alguien desde atrás haciendo que muchos rieran, incluso el maestro.
- No - respondí inmediatamente.
-¿Free?
- No.
-¿Eres heterosexual?
- Sí.
-¿Te tiñes el cabello?
- No.
-¿Tienes un trastorno alimenticio?
- No.
-¿Te drogas? - esa si la pensé un momento.
- No - respondí con seguridad fingida.
-¿Cuánto mides?
- Uno sesenta y nueve.
-¿Cuánto pesas?
- Mmm... Cuarenta y siete kilos.
- ¿De dónde eres?
- Madrid.
- ¿Trabajas?
- No.
-¿Tienes hermanos? - pregunto una niña de cabello oscuro, sonreí.
- Tengo primos.
-¿Tienes hermanas?
- Primas -, ya nadie pregunto nada, así que gire para ver al maestro, que estaba medio sentado en el escritorio.- ¿Ya me puedo sentar?
- No - dijo imitando mi tono. Pendejo... Canto mi fuero interno.
-¿Tu segundo nombre es Desalineada? - pregunto una voz refinada, sonreí, reconocía esa voz.
- Ay, joven Farrell, me sorprende escucharlo participar en clase - comento el maestro viendo el fondo del salón-. Tal vez necesite cambiarlo para que nos deleite más con esa melodiosa voz.
Pendejo, canto mi fuero interno otra vez.
- No, gracias, ya me canse de Empedocles - dijo quitándole el acento al nombre, muchos se rieron, el maestro solo miro el techo.
- Graciosito - susurro negando con la cabeza-. Bueno... Ya te hicieron preguntas ellos, es mi turno.
Que no me pregunte nada de Filosofía, que no me pregunte nada de Filosofía, pensé esperando su pregunta de Filosofía.
- Cual es el acto más fácil que conoces, Alice? - pregunto.
- Morir - respondí después de repasar todos lo que los humanos éramos capaces de hacer. Mire al maestro a los ojos, que entrecerró un poco los suyos y cruzo los brazos sobre el pecho.
- No le parece un poco extremo, pensé que diría: amar o una cursilería - sonreí mientras negaba con la cabeza-. No, ¿qué?
- Amar no es fácil - respondí.
- ¿Y hacer el amor? - pregunto alguien. Trate de ver quien fue pero le quite importancia.
- Tampoco, morir no conlleva seducción, ni mucho menos pasión, es simple e incluso, barato.
-¿Barato? - pregunto el maestro -. Sonreír es barato, sentir es barato.
- Morir no cuesta y no la sientes, pasa, sonreír cuesta energía, respirar es un proceso complicado, vivir es difícil. Morir es fácil y rápido.- Y sin querer una sonrisa se me formo en los labios.
-¿Lo crees?
- No lo creo, lo sé... Para quien muere - agregue después de pensar las palabras en mi cabeza-. Morir es el acto más sencillo y desinteresado. El acto en sí mismo, es el más fácil que conozco - respondí, el profesor asintió una vez.
- Puede sentarse - ordeno con un ademan displicente de la mano-. No, espere... - gire para verlo-, ¿Y, el suicidio?
- La acción fue el acto de cortarse las venas, la reacción es el acto de morir. Y nosotros le llamamos suicidio.
- Alumnos, sigamos con la lectura - dijo.
Supongo que ahora si me puedo sentar.
Mi semana fue mejorando con los días: no llegue otra vez tarde a ninguna clase, comencé a ubicar los salones,  los talleres: me aceptaron en pintura y música. No tenía deportes porque no podía acelerarme tanto, pensé con sarcasmo.
No puedes acelerarte tanto, dije en mi cabeza mientras almorzaba, afuera, sentada al frente de unas mesas de madera redondas, el sol estaba en lo alto del cielo haciéndole de calefacción, el día estaba agradable con el aire tibio.
No puedes acelerarte tanto, dije ahora con la voz de Erick, deformando su tono hasta que lo hizo parecer un retrasado mental, le puse los ojos en blanco al fetuccini con pedazos de pollo.
-¿No hablas? - escuche, me callo un pedazo de jamón serrano en el ojo haciéndome un parche. Qué asco, pensé quitándolo de mi cara, alce la mirada y no me sorprendió-. Que, Desliñada, ¿no hablas? - pregunto de nuevo.
Pase la tira de jamón serrano por mis manos y lo lance a su ensalada de nuevo. Lo clavo junto con una lechuga en el tenedor y se lo comió. Lo mire parpadeando. Qué asco.
- Esta bueno, un poco más salado, pero bueno - sonrió Jamie, yo también sonreí.
- Si, hablo - dije bajando la mirada a mi comida.
- Parecías tener un dialogo interno bien cabrán - puntualizo, reí por el tono que uso.
-¿Se notó? - pregunte entrecerrándole los ojos a la pasta.
- No, casi no, solo se alejaron de ti por miedo a que comenzaras a atacarnos con el tenedor, pero no, no se notó - dijo sin nada de sarcasmo lo que lo hizo gracioso, volví reír.
-¡Ah! Gracias - enarque las cejas.
- En... Alice - comenzó serio, alce la mirada, el veía su ensalada con el ceño fruncido-, discúlpame por haberte dejado sola el otro día, no tenía idea de que no te hubieran mostrado la salida - continuo, al final alzo la mirada.
- No te preocupes, no fue tu culpa que yo hubiera salido corriendo.- Lo que fue algo muy estúpido de mi parte y que no va a volver a pasar.
- Es normal sentir pánico cuando vez a Pechar, no es tan gracioso y buen mozo como yo - dijo como si me estuviera diciendo algo tan obvio, puso los ojos en blanco. Sonreí.
- No sentí pánico - comente escuchando más esa palabra que la broma en sí.
- Bueno, alguien que habla de morir como si estuviera hablando de Justin Beiber, no debe de sentir pánico por Pechir.
-¿De quién?
- De Justin Beiber - respondió, parpadeo sorprendido y después sonrió-. No sabes quién es Justin Beiber, ¿cierto?
- Nope - rasco su mejilla y después sonrió divertido.
- Eres toda una calamidad - asintió para sí mismo.
- Me tomare eso como un cumplido.
Trato de no sonreír apretando los labios, seguí comiendo, notando a la vez que no había visto a Alexander, a Gaby la tenía a mi lado en dos horas de Historia y al final de todas las clases haciendo que enarcara las cejas y riera confundida por cada comentario que decía.
- O sea... Sé que puedes considerar que soy una desgraciada del mal, pero me gustaría más que me consideraras una perra, hay gente que necesita que le digas la verdad sin miedo. Pero, no te preocupes, solo me porto así con quienes son tan perras como yo, o sea que contigo no me portaría así.
- Eh... ¿Gracias?
- De nada.
- Yo no diría algo tan feo de ti - dije caminando a su lado hasta del edificio de talleres-. Perra, es una forma un poco brusca para describirte, es mejor que digas que eres directa y que no tienes miedo de decir lo que piensas. Te hará sentir mejor contigo misma - agregue, me miro un instante-. Eres muy linda, simpática y te  la pasas sonriendo, no eres una perra, tal vez... Cruel, sí, pero todos lo somos.
- ¿No crees que soy una perra?
- No.
- Regina si lo cree.
- Pero de juego, ¿no? Se ríe cuando te lo dice o de seguro se dice después a sí misma y se ríen de eso, ¿no?
- No - respondió lentamente viendo a la izquierda, regreso su mirada azul a mi.- No, no lo dice de juego. Tu también eres muy linda - me aseguro tan seria que parecía haberse dado cuenta de esto la había herido. Yo no quería herirla.
Aprieto los labios y continúo su caminata al área deportiva. Mierda... Pensé, inhale profundamente y entre a mi taller de pintura.
Los salones del taller solo tenían dos paredes de concreto blanco, la pared principal era de cristal junto con la puerta, la chapa era de latón, la pared norte era un gran ventanal, el salón era en sí, un perfecto y enorme rectángulo con piso de madera continua y pálida.
El de pintura como el de danza, no se veía nada inmaculado, pero aun así era perfecto, los lienzos blancos estaban apilados en una pared de concreto, había caballetes de diferentes tamaños y materiales ya sea plegados o desplegados a través del salón. En la otra pared había mantas y todos los materiales imaginables, siempre había flores silvestres frescas en jarrones blancos sobre esa estantería.  Había perchas para las batas a entrada y un espacio para los zapatos, porque a muchos les gustaba quitarse los zapatos.
Teníamos lienzos pintados que estaban sobre caballetes, expuestos o por las paredes de cristal. Había unos que eran doble cara, esos estaban pegados a la pared-puerta principal siendo exhibidos, había de todos estilos y técnicas como alumnos.
Esta escuela en verdad me comenzaba a gustar, ni siquiera me molesto cuando me dijeron que no me podía ir temprano a casa los jueves y viernes, en su lugar podía ayudar al Taller de Teatro que se uniría con el de danza para hacer una obra titulada: "El Crack que sufrirá tu corazón".
- Artistas, son incomprendidos y remilgosos - decía una chica en pleno primer ensayo y lectura de la obra -. ¡No voy a decirme a mí misma remilgosa! - se quejó, reí junto con los demás  recargándome en la pared, mientras la veía actuar. Puso los ojos en blanco y sonrió-. Okay... Artistas, son incomprendidos y remilgosos, tienen esa necesidad de mostrar lo que pueden hacer, ¿por qué no se guardan su "arte vanguardista"? Hay reglas y ellos las quieren trascender.
- El arte se hecho para trascender, Sussan - dijo un actor, parando un poco para leer el nombre del personaje de la chica.
- ¿Pero no con mafufadas que necesitan la explicación de su progenitor? - pregunto la chica mirando a la guionista, que le hizo un exagerado gesto de que siguiera con la soltura que estaba mostrando.
- El artista es libre de plasmar lo que quiera, en la forma que quiera.
- El artista tiene que complacer al público.
-¡No! ¡El arte fue hecho para complacerse a sí mismo! Por ende... ¡el artista debe de complacerse, sin dar cuenta al espectador! ¡Solo a su ser, a su alma y  así mismo!
- ¡Tú no te dirijas a mi como si estuvieras hablando con los cerdos! ¡Hablas con tu reina!
-¡Dejaras de ser mi reina, si permites que la sociedad trasgreda  en tu ser como lo hace en tu arte!
- ¡Mi arte no ha sido agredido por la sociedad consumista!
- ¡Pero si por la moralista!
- Y después sigue lo del baile de expresión en movimiento, el acto de las esas cosas que no entiendo cómo hacerlas pero que nuestra queridísima pelirroja Alice está haciendo - dijo Alan, el chico alto y delgado, de piel oscura y ojos de un brillante café, que era el director de la obra. Era súper gracioso y se la pasaba dando un poco de Alan a todo mundo, como el decía. A veces me daba miedo, porque daba de sí mismo mucho a todos.
Veía a un gato y le decía algo como: Oh! ¡Miau-Miau! Ven que te quiero dar un poco de Alan!, corría por el gato y a pesar de que el gato lo rasguñara y lo orinara, Alan lo seguiría abrazando y besando como si su vida dependiera de ello.
La guionista se llama Fabiola, tenía una nariz respigada donde unos lentes cuadrados de armazón roja le caían, era blanca como la leche, tenía unos ojos oscuros, cabello abundante y negro como la noche y ondulado, siempre llevaba labial rojo carmín sobre los labios y ocultaba muy mal el tatuaje de sol rojo que tenía en la nuca, en el pulgar y en el hueso de la muñeca. Me gustaban sus tatuajes y a ella le gustaba Alan y el color rojo y al parecer habían fusionado su alma en la pasión del amor y tenían el futuro arreglado. ¡David, ayúdalos!
La actriz principal se llamaba Stephanya, tenía unos lindos ojos rasgados de un gris resplandeciente, su cara era pequeña, ella era pequeña, su cabello castaño siempre lo llevaba en un moño del cual se le escapaba un fleco muy asimétrico, tenía una sonrisa como de "yo sé que tú quieres saber lo que yo sé pero no te diré para que no lo sepas" y a todos los llamaba por su color de caballo. Sabia muchos colores y los que no sabía se los inventaba.
El martes pasado me llamo Rojo Menstruación.
El protagonista era un chico llamado Benjamin, era un desastre, se comportaba como alguien decente solo cuando estaba en escena, afuera era un huracán categoría cinco. El chico era rubio, bronceado, de ojos azules, dientes blancos, metro ochenta y cinco, perfecto para ser modelo o actor de Hollywood, podría ser actor de Broadway, era muy bueno.
Cada vez que hablaba sentías que en verdad su madre lo había dejado por crack, su padre lo había cambiado por una noche con una prostituta barata, su proxeneta lo dejo después de abusar de él y había terminado debajo de un puente en silla de ruedas y después salía de escena y era un desmadre.
- ¿Cómo vas, Alice? - pregunto Alan, pasándome un brazo por los hombros mientras veía el baile.
- Ah... Ya los termine - respondí.
Me habian hecho ver diez veces imagenes del fotógrafo Nick Brand “para que me fijara en todos los detalles que querian para los muñecos móviles, para que reflejara la sensibilidad de los rostros humanos en lo plástico del mi arte embellecida por estímulos capitalistas proporcionados por la mercadotecnia y sus estereotipos” Los estoy citando textualmente.
No me molesto, lo que me molesto es que primero me dijeron SOLO blancos y después me dijeron SOLO blancos y rojos y terminaron siendo SOLO blancos, rojos y negros.
- ¡Esa es nuestra pelirroja favorita! - dijo emocionado, apretándome contra su costado y dándome un beso en la mejilla. Después de su segundo ataque y su segundo rodillazo en los cojones entendió que no debía intentar besarme en la boca. Era de mente abierta, no zorra, además había fundido su alma con Fabiola.
- Gracias - dije con los dientes bien apretados. No lo hace con mala intención, me repetí a mí misma, cruzando los brazos sobre el estómago.
- No cruces los brazos, Alice - pidió, lo mire de reojo y baje los brazos.
- Necesitaremos a dos actores por cada uno - avise, el asintió-, mañana solo traeré la seda para vestirlos.
- ¿Seda? - pregunto dirigiendo su brillosa mirada a mí.
- Sí.
-¿Compraste seda?
- No, mi mama nos la presta cuanto tiempo queramos, pero asegúrate que no se rasgue, ni se ensucie, ni se incendie - respondí enarcando las cejas y sonriendo, sonrió y asintió.
- Tenlo por seguro. - Froto mi brazo con su larga mano y salió a ser "director"-. ¡A ver! ¿Qué entienden por "Crack"? No es lo que se meten por el fundillo todas las noches, significa "rompimiento", esto - dijo haciendo una exagerada imitación de brazos viniendo y yendo al pecho-, no es un rompimiento, busquen otro paso... por favor - sonrió abiertamente ante la mirada sorprendida de todos y todos rieron en voz baja y asintieron.
Dos semanas en Roses&Marie, había sido de lo más interesante, comenzaba a formar una rutina. Ya no me costaba tanto trabajo levantarme a las cinco y media, ni tampoco me tenía que presionar tanto para ir a la biblioteca entre clases y hacer mis deberes. Erick me había dicho que, tal vez, dentro de un mes podría tomar clase de deportes y que todo se vería a partir de mi estabilidad.
Cruce mis brazos sobre el estómago y aferre mi saco, quería sentir algo de compasión por mí.
Cada día, sentía mas temor de cerrar los ojos, cada vez que decían Tiempo, mi corazón se detenía un poco más. Temía tanto, quería dormir tal vez así el Tiempo se detendría para verme, creyendo que sería buena idea sorprenderme...
No... Yo... No... Quiero, no quiero...
Cerré los ojos, no fuerte, solo los cerré un poco, solo tenía... Quería pensar que el Tiempo se detendría si cerraba los ojos.
Los abrí sorprendida por un golpe justo enfrente de mí, ahí, había una manzana dentro de una esfera de plástico, parecía tener una capa de algo agridulce a la vista, tenía un palillo de madera sujeto a un costado, estaba dentro de una bolsa de celofán, junto con una nota que decía: "Sonríe".
Alce la mirada de la manzana, se suponía que estaba sola en la biblioteca a la hora del almuerzo, no quería estar con nadie y durante este horario solo Ninna, la bibliotecaria, y yo estábamos ahí; pero esta vez... un joven de cabello gris, ojos del mismo color y una sonrisa contenida me miraba de pie tomando el respaldo de una silla. Apreté mis manos sobre mi saco.
- Juro que no te lastimare... 

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