viernes, 15 de marzo de 2013

VII. CAPÍTULO. ÉL. PARTE III.



- Juro que no te lastimare - se apresuró a decir, trague saliva-, solo quiero sentarme hablar contigo, solo hablar - repitió, levante una ceja-. ¿Puedo? - pregunto, asentí una vez.
Para que te perdone tendrías que lamber mis zapatos y el suelo que piso por los próximos cinco meses.
- Te ofrezco mis más sinceras disculpas - comenzó, extendiendo sus brazos por la mesa, lo mire directamente a los ojos como él estaba haciendo-, sé que no me he portado como es debido y no te he tratado como de seguro te tratan... -continuo, frunció sus cejas -; es solo que te veo y no... No entiendo como... Yo lo siento, Alice, no sé qué me paso, yo nunca había reaccionado de esa forma...
- Suenas como una persona violenta ofreciendo disculpas y lo peor es que... La persona violenta comete su error una y otra vez.- Sonreí con amargura.
- No, yo nunca... - dijo, cerró los ojos-, yo no soy violento... Es que el simple hecho de que tú me pudieras ignorar, me altero.
- Te lo mereces - sus ojos brillaron dolidos. Baje la mirada-. ¿Escuchaste cómo me hablaste? - pregunte lacónicamente-, te aseguro que ignorarte no es suficiente - agregue, levantándome, cerré mis libros para después tomarlos.
-¿Que necesito hacer para que aceptes mis disculpas? - pregunto en un susurro, levantándose.
- Acepto tus disculpas, Alexander - abrace los libros.
- Por favor - rogo.
-¿No has escuchado? - pregunte endureciendo la mirada -, he dicho que acepto tus disculpas - dije con algo acido al final.
Es que no entiendo cómo te atreves...
Mire directamente a sus ojos, para después apartar la mirada con displicencia.
No soy como la gente con las normalmente tratas, de las que les dices lo siento y fingen que nada paso, y yo...  yo tengo que pensar en cómo tratar contigo.
Tome la pluma y el lápiz, di media vuelta y salí de la biblioteca.
Tratar... No era la palabra, la palabra era convivir, lidiar, tolerarte, soportarte porque me costaría tanto trabajo tolerar su presencia, convivir con el como con los demás, lidiar con su carácter, soportarlo. No estaba exagerando, si así lo parecía, era un error. Me había herido el ego, el orgullo, me había humillado y era tan osco conmigo como si fuera una especie de enfermedad que se expande.
Yo no soy ninguna enfermedad, dentro de mí hay una, pero hago todo lo posible para que ella o al menos, lo que provoca que sientas por mí... No se expanda, por ello sonrió, me rio de las bromas tontas de todos, trato de estar de buen humor cuando estoy con las personas.... Y cuando sé que no puedo fingir más esa estabilidad, porque mi corazón está a punto de dejar de contener todo el dolor que guarda, me alejo.
Yo no trataba de herir a nadie, no quería terminar sabiendo que lastime a más corazones de los necesarios. No quería esparcir más mi pena, ni mostrar que tenía esta carga, estaba suficientemente herida por dentro como para que alguien me hiriera más, y el solo lo había hecho más real.... Había hecho más real ese dolor, lo había expuesto y... No podría soportar su presencia... Él había hecho verse así mismo como todo lo prohibido que tengo para mí misma. Todo lo que yo no quiero y oculto.
Suspire.
Sonó la campana mientras caminaba por el pasillo, guarde los libros en el casillero y mire mi único adorno: mi horario. Tenía clase de Trigonometría, cerré los ojos, apretando la mano sobre la puerta gris, abrí apenas los ojos en una rendija, tenía Química, después, inhale viendo la siguiente clase: Historia, bueno... Al menos, estaría con Gaby.
-¿Me acompañas por mis libros? - pregunte a Gaby, caminando por el pasillo de regreso la clase de Química, en la cual abriríamos animales, el miércoles.
- Si - canto, empujándome levemente con sus hombros, sonreí-. Mira - dijo mostrándome la manzana que Alexander había puesto en la mesa de la biblioteca o si no... Una idéntica-, dice 'sonríe', no te vendría mal hacerlo más seguido, tienes una sonrisa preciosa, preciosa - sonrió abiertamente, asentí y sonreí.- Ves, hasta te brillan tus ojos viscos - sonreí aún más.
-¿Donde las compran? - pregunte viendo como la abría y me pasaba el papel de sonríe. Esperaba que no hubiera sido tan estúpido para dársela.
- Eh... La verdad no sé, me la dio Alexander hace rato, cuando termino el almuerzo, se le veía muy apurado - respondió distraídamente, me gire para abrir mi casillero para evitar que viera como se me crispaba la cara por una acción tan estúpida, guarde el papelito entre las páginas de un libro y saque los de Historia-. ¿Podría guardar mis libros en tu casillero? - pregunto, asentí, tomando los libros de sus brazos, excepto la carpeta blanca y el libro rojo que eran de Historia, estaba ocupada ensartando el palillo de madera en la manzana, lo hundió profundamente y después tiro de el rompiéndola a la mitad.- ¿Quieres? - alzo y bajo las cejas.
- Si, gracias - respondí sonriendo, tome la mitad que estaba ofreciéndome en la esfera de plástico abierta a la mitad. Era una manzana verde cubierta de una dulce y agridulce cubierta color oxido, cuando la mordí me invadió el sabor de sal, dulce, algo picante y el ácido del jugo de la manzana, sabía muy bien.
- ¿Ya hiciste los deberes de Filosofía? - pregunto cuando íbamos para la clase de Historia.
- Sí.
-¿De dónde sacaste las respuestas? El tema no viene en el libro.
- Investigue un poco en la web y de un libro viejo de la biblioteca, creo que el libro lo tengo aun en el casillero, te lo doy más al rato.
- Gracias, ¿las respuestas que conseguiste en la web, no las encontraste en Wikipedia, verdad? - pregunto, reí en voz baja.
- No, de hecho, eran de libros on-line de filósofos que están retomando las ideas de Santo Tomas de Aquino y  Sor Juana Inés de la Cruz.
- Ah... Okay, creo que ya lo poder hacer. Odio la Filosofía, no me gusta para nada.
- Es interesante.
- Si, bueno... No odio la filosofía, odio a Ives... Es un cretino.
- Muy cierto, amiga.
- Lo sé, amiga.
Ives se creía tan gracioso, como cualquier maestro, creía que estaba siendo genial, pero era un verdadero idiota, aunque daba muy bien su clase.
Camine sin mucha prisa a la clase de Psicología que era después de la de Historia, Gaby se había despedido de mí y se había ido medio saltando a su clase de Trigonometría... Me gustaría tener más clases con Gaby.
El profesor de psicología era un hombre de poco menos de treinta y cinco años, usaba esos sacos que iban del negro al azul lustroso, con las camisas que iban del blanco al gris -no usaba corbata-, con pantalones de vestir, mocasines negros o cafés, siempre olía a fresco y era tan educado. Me agradaba más que Ives, se llamaba Mateo y no le gustaba que le llamaran profesor o maestro, además le gustaba que le hablaran de tu, según el, era para fomentar la cofinancia.
Entre al salón justo al tiempo que otras cuatro alumnas entraban, aquí la clase era de veinte niñas y dos varones.
Me gustaba sentarme en la segunda banca de todos los salones, así evitaba la mirada inquisidora de los maestros, pero no me perdía nada de la clase. Por raro que parezca, las materias me parecían interesantes y la forma en que enseñaban me gustaba, tal vez es porque me sentía cómoda en el colegio.
Me senté a lado de Martha, una chica de cabello negro, piel aceitunada y ojos cafés, tenía unas largas pestañas y unos bonitos labios color fresa. Su normalidad la hacía extraordinaria, no hablaba mucho, pero era simpática, me ayudo hace una semana cuando perdí la línea de la lectura y el maestro me pidió que continuara con ella.
- Hola, Martha - dije sonriendo.
- Alicia - contesto también a la sonrisa-, hoy no te vi en el almuerzo... ¿Otra vez haciendo deberes?
- Si, no me quiero atrasar con los de Trigonometría.
- Cierto.... - dijo recordando que tenía deberes y anotando que los que tenía en la parte superior de su libro, su letra era de trazos delgados y angostos.- ¿Cómo te van a calificar?
- No me van a pedir las firmas de la primera semana y le darán 5% más de valor al examen del trimestre, en mi caso.
- ¿No hubo opción?
- Nicolle tomo la decisión.
- Nuestra directora siempre velando por nuestros intereses - dijo sarcásticamente, en el momento que el maestro entro.
El día en sí, transcurrió tranquilo y cuando llego la hora de la salida mi mama estaba puntual esperando por mí del otro lado de la reja, veía con ceño fruncido el Upad, como si estuviera leyendo algo imposible.
- Cambiaron la fecha de la semana de la moda en Brasil - dijo girando sobre sí misma y dejando el Ipad en el asiento de atrás.
- Es un beneficio para ti? - pregunte al ver que sus ojos estaban serios.
- Tendré que salir un mes antes de lo planeado para arreglar la colección, ya lo habíamos organizado con tu papa - respondió, viéndome a intervalos-, íbamos a ir los tres, juntos - agrego.
-¿Cuándo es?
- En Junio, se suponía que debía de ser en Julio - apretó los labios-, ahora tendré que trabajar en serio en los diseños - dijo sonriendo, sonreí igual que ella-. Dibujar bocetos, hacer los bocetos, reunir modelos, arreglar la ropa para los modelos, reunir estilistas, construir la imagen, reunir fotógrafos, hacer la sesión de fotos, transportar la colección, los modelos, los estilistas y al diseñador. 
- Suena divertido - sonreí, ella también y asiento varias veces.
Comimos carne de ternera, con una ensalada que tenía pequeños tomatillos ácidos, la ensalada sabía muy bien y puré de papas, había pan recién hecho sobre la mesa con ajonjolí y una especie de mantequilla de aguacate especias, mi mama me ofreció vino tinto para la carne, pero preferí tomar agua mineral con hielos.
- No crees que estamos muy solas - comento cuando me paso la sal, estamos frente a frente separadas por la comida. La mesa del comedor era muy grande para que nos sentáramos como debíamos, ella a la cabeza y yo en el tercer asiento a su izquierda.
- Si, pero él está mas solo - dije viendo la botella de vino.
Mi mama se la pasaba pensando en mi papa, suspiraba por toda la casa y hablaban horas por teléfono cuando llamaba por las noches, parecían novios. Yo también lo extrañaba y aunque nunca lo dijera... Prefiero tenerlo cerca y morir dentro de un mes a tenerlo tan lejos...
Mis padres aun fuera de España me plantearon la posibilidad de mudarnos, tan solo considerarlo me destrozo... Como se les ocurría llevarme lejos de lo que conozco, de la gente que quiero, lo justo era que pasara ahí mis últimos días... hasta que regresamos de México y note que yo ya no podía vivir en Madrid, todos hablaban de lo que iba a pasar, me daban las condolencias, ¡se las daban a ellos! Y yo aún estaba a su lado. Así que hui, yo les dije que me llevaran lejos de Madrid.
Y me trajeron al otro lado del país, porque quería morir en España junto al mar.
-... ¿Anthony? - escuche, la mire directamente a los ojos.
- No te escuche, mama - me disculpe.
- ¿Que si te dijeron que dejo la universidad Anthony?
-¿Entro a la universidad? - pregunte sorprendida.
- Si, iba a estudiar Astronomia - dijo divertida, enarque las cejas y alce la barbilla.- Lo mismo pienso.
- Bueno, no es tan descabellado... Siempre le gusto estudiar el firmamento, ¿recuerdas ese gran telescopio que tenía?- aunque lo usaba para otra cosa que nada tenía que ver con el firmamento, si no con la habitación de nuestra vecina.
- Lo que me sorprende es que haya querido acabar la preparatoria un año antes, para ingresar a la universidad y dejarla un mes después.
- Fue un pretexto.
- ¿Por qué?
- Porque el termino la preparatoria antes para tener su año sabático antes - explique cortando la carne -, solo me hubiera gustado ver la cara de Natalia cuando se enteró de que su principito iba a dejar la escuela - mi mama entorno los ojos mientras medio se ahogaba con su vino.
Anthony Frenchmann es mi primo, es dos años mayor que yo y crecimos, en sentido literal, juntos. Es hijo de Natalia, hermana mayor de mi papa, se casó a los treinta y cinco años con un hombre veinte años mayor que ella, que se había divorciado tres veces y tenía tres hijas y era violento.
En una ocasión casi mata a mi tía, entre el divorcio, el hospital y la intervención psicológica declararon a su padre mentalmente incompetente para ocuparse de él y de sus tres medias hermanas. Las tres hermanas se fueron con sus madres, Anthony se quedaría con nuestra abuela Josefina hasta que su madre se repusiera y esto coincidió con la época en que yo vivía con ella y con el abuelo Leonardo.
Ayude a mi mama con sus diseños, haciéndole de perchero, me ponía las telas, veía como contrastaba con mi piel y combinaba texturas.
Su ropa siempre me parecía como si hablara de una historia de amor, creaba poesía con ella. Ella era pura poesía, jugaba con que mi papa era melodía y juntos crearon un hermoso soneto, lo que me ponía la piel de gallina y me hacía entornar los ojos.
- Digamos que vas a un baile de primavera - comenzó-, si en verano usas durazno, en invierno usas azul, en primavera usarías blanco... - observo viéndome con tul color durazno, satín azul y angora    blanca-, no... - susurro-, usas rojo - comprobó poniéndome un tono de rojo que nunca había visto en un vestido-. Quien te diga que evites el rojo por ser pelirroja, lo que te dice es que te verías demasiado sensual y peligrosa para él o... Ella - agrego.
- Mamá, soy heterosexual - repuse mientras me sunchaba con la tela.
-Sí, lo sé, pero hay personas que no lo son y pues, que tú seas heterosexual, no impide que personas que no lo son, no se enamoren de ti – dijo con voz cariñosa.- ¿De verdad eres heterosexual? – pregunto después de un momento, alce la mirada a sus ojos verdes.
-De verdad, ¿por qué? – pregunte curiosa.
-Tenía mis dudas… mis serias dudas – dijo viendo con cejas enarcadas un pliegue de la tela-. Este es el color, la tela y la modelo – sonrió.
-Sí, por supuesto – mi sarcasmo salió como agua del grifo, río una vez y se giró a su mesa de trabajo, alta y gris.
-Bueno, tal vez, un poco más grande para el tipo de vestido que haré… tu todavía tienes cara de “no soy inocente de nada, pero tampoco puedes probarlo” – sonrió maliciosamente. ¿Mamá, que te estás imaginando? Sonreí. Camine hasta la cama de mis papas y me deje caer sobre el edredón dorado, aferrando una almohada. Ya me había cambiado llevaba el pantalón de un pijama rojo de seda y un suéter gris de lana, me quite las pantuflas grises y me hice un ovillo en el centro de la cama viendo el cabello rojo de mi madre caer sobre su espalda. Mostraba su perfil a contra luz y los ojos se me llenaron de lágrimas… mamá. Cerré los ojos y los abrí, suspire y los volví a cerrar.
-Linda… -susurro mi mamá, al abrir los ojos lo único que pude ver fue un reluciente y claro verde como el de un árbol ficus, que brillaban con una sonrisa no pronunciada-, aférrate a mí, linda – murmuro, alzándome de la cama.
Caminaba en un bosque oscuro, frío y apagado de vida, los árboles se la robaron hace siglos, estaba tan oscuro, sin luna, sin estrellas, sólo una luz azul cobalto me guiaba a la más profunda oscuridad hecha de sombras y miedo. Camine por aquel bosque viendo al frente y alrededor, el suelo de tierra estaba repleto de troncos, ramas, o cojal y pasto salvaje y dócil a la vez.
Llegue en tiempo a un río de corriente rápido, aquel tiempo fue tan brusco que no me dio la oportunidad de evitar que mi cuerpo se hundiera en el agua; esta era tan fría, se clavaba con saña en mi piel como pinchazos de agujas, el dolor de los pinchazos, me hizo consciente de que iba descalza y sin chamarra, estaba hundida hasta el pecho. El fondo del rio constaba de guijarros planos, negros, eran tan planos que mis pies resbalaban; la corriente me empujaba al centro del río, alejándome de ambas orillas. Mis pies resbalaron sobre los guijarros y me hundí totalmente en las aguas, debajo de ella abrí los ojos para ver las copas oscuras de los árboles y un cielo completamente lleno de estrellas, relucientes, rompiéndose en destellos por el agua. Mi cabello se elevaba… quería alcanzar las estrellas, pero yo no quería, no le encontraba sentido. De mi nariz pequeñas burbujas salían y por imposible que pareciera sentía una sonrisa en los labios.
Cuando mi espalda toco el fondo, moviendo unos cuantos guijarros, una mano largo con uñas plateadas me tomo del centro del pecho de la blusa, tirando de mi con fuerza para sacarme del fondo de aquellas aguas.
Me encontraba en la orilla de un circulo hecho por árboles, el centro de este era un gris absoluto, en el cielo solo se hallaba una luna llena, emanando luz de perla y en el centro de aquel circulo formado por delgados arboles con  puntas hacia el cielo, se encontraban tres piedras oscuras y perfectas, una sobre la otra y en la cima había un joven boca abajo, mostrando su piel de un dorado apagado completamente desnuda y solo protegida por dos inmensas alas hechas de perfectas plumas blancas con puntas doradas, en su espalda había marcas de látigo, recién hechas, emanando sangre plateada.
Sentí un calor con centro tibio en medio de mi pecho, es una tristeza profunda la que me lleno al verlo, di una paso al centro del círculo, él sabía que estaba ahí, que me acercaba a él, que le quería tocar y yo sabía que eso lo hacía sufrir, sabía que estaba apretando sus manos con fuerza y cerrando los ojos. Me lleve una mano al pecho y enrede en un puño la tela sobrante de la blusa, abrace mi cintura con el otro brazo e hice lo mismo, de mis ojos resbalaban lagrimas tibias, gruesas, amargas…
Cuando estuve tan cerca de él para escucharlo suspirar... primero una pluma dorada se desprendió  de su cuerpo, después otra y al final un mar de ellas se elevaban dejando nada de él, el ángel se destruyó por mí. Un grito que formaba su nombre salió de mi boca con todo el dolor que estaba encerrado en mi pecho.
-¡NO! – grite aun reclamando su acto.
Era mío, él era mío…
Desperté por el sonido confuso de un cantante con melodiosa voz, me costó un momento procesar que esa era mi alarma y otro saber que ya era hora de levantarse; mire el techo del cuarto poco iluminado por el reciente amanecer.
No recordaba el nombre, pero si el pensamiento que se había formado a su alrededor y el sentimiento que me dejo, era mucho más intenso que mi propia lástima, más intenso que mi tristeza… pero no sabía que era… ni quién era, ni porqué era.
¿Cómo te llamas, Ángel? He pronunciado tu nombre y me ha gustado tenerlo en la boca. Quiero decirlo mil veces y conseguirte.
El ángel me pertenecía, pensaba incesantemente mientras caminaba por el colegio, tomaba notas, escuchaba clases y hablaba palabras que carecían de sentido… las únicas que lo tenían eran esas…. él era mío y lo quería… Mi ángel. Un ángel hermoso me pertenecía… estaba sufriendo en el sueño, ¿por qué sufría? Si era mío... si se mantenía a mi lado, no sufriría nunca más.
-¿Alice? – pregunto una voz femenina y dulce pero con un deje de irritación-, ¡ALICE! – grito a mi oído, cerré los ojos, notando que no había parpadeado, trague saliva y dirigí lentamente mi mirada a unos ojos cristalinos y azules. Los de Gaby.
-¿Sí? – pregunte en tono educado, parecía bastante irritada.
-¿Qué acabo de decirte por décimo quinta vez, Alice?- exigió, abrí la boca, pero la volví a cerrar,  recorrí con la mirada primero su mano cerrada en mi brazo con un poco de fuerza, mis brazos estaban cruzados enfrente de mí sobre la mesa, enfrente de estos estaba una bandeja con una pechuga de pollo sin tocar. ¿Qué hora era? , ¿Ya era la hora de la comida? Fruncí el ceño… seguí mirando, ahora más allá de mi comida, vi a Jamie que tenía una sonrisa y una mirada divertida y expectante.- Has dicho que… -comencé con seguridad, mirando a todos, que tenían una mirada similar. Mierda, ¿Qué ha dicho?
-Has dicho que – reconstruí todo el día, desde la mañana cuando todavía estaba medio presente… menciono algo… se escuchaba muy lejano, ella se veía lejana y en este momento ellos se veían borrosos con toques rosas, exagerando un amarillo opalino que brindaba seguridad. Sentí la brisa del jardín, me rozo las mejillas que las sentía calientes a comparación del viento frio y salado que corría. Olía a mar.- Has dicho que quieres que vayamos a la playa – dije asintiendo para mí misma y para ella, me encogí levemente de hombros,  gire para mirarla, sus ojos se iluminaron y presiono suavemente mi brazo  al tiempo que sonreía.
-¡Sí! – exclamo emocionada, parecía que quería aplaudir. Ella tenía un no sé qué, que se yo, tan maternal, te hacia quererla de inmediato, contagiaba su ánimo y todos parecían estar dispuestos a lanzarse del risco si se los proponía, yo también, por imposible que pareciera.- ¿No te parece una excelente idea? – me pregunto con una sonrisa y unas cejas enarcadas.
-Me parece una excelente idea – confirme acercándome mi almuerzo, corte un pedazo de pechuga de pollo con pimienta y mantequilla, que se deshizo en mi boca.
-Entonces, estaba pensando en que fuéramos todos juntos, sería lindo y sería este sábado – siguió hablando para todos-, Alice, vendrá, por supuesto – agrego.
-Sí, yo iré – acepte sin apartar la mirada de la comida. Quería comer. Escuche algunas de las respuestas afirmativas y vi como Paris miraba a Gaby, con absoluta devoción, parecía que llevaran años juntos, no sólo un par de años o un par de meses, pero supongo que así se ve el amor cuando eres joven… como devoción.
Suspire abrazando mis libros de Historia, iba hacia ese salón, no me había topado a Gaby  y hoy era ese día en el que nos tocaban clases muy distintas, a excepción de Historia.
-Te ves sonrojada – dijo una voz suave, un poco ronca, como el canto de un pájaro lleno de vida y elegancia al emprender el vuelo, alce la mirada a unos ojos verdes intensos y profundos.
-Hola – conteste.
-Me ahorre la pena de saludarte, sabía que no me escucharías si me andaba con formalismos, parece que no te agradan mucho –comento sonriendo.
-Son formalismos, no te tienen que agradar.
-Hay gente que ama los formalismos, son la base de la sociedad –comento con cierta ironía pero con algo que me decía que incluso él amaba a los formalismos.
-Bueno… a mí no me agradan, ni me desagradan.
-Oh! Indiferencia habla de una joven de carácter fuerte, rebelde y que está dispuesta a romper unas cuantas leyes.
-¿La indiferencia habla tanto? –pregunte, sonrió un poco y sus ojos se derritieron.
-No – respondió- normalmente – agrego inmediatamente-, pero cuando hablamos de ti, la lengua se le suelta.
-¿Hablas muy seguido sobre mí con ella?
-Todo es cosa de ella, yo siempre estoy dispuesto a hablar de política o cualquier tema interesante y controversial, pero… parece que eres bastante interesante para ella y como también lo eres para mí, no opongo queja.
-Te gusta parlotear, ¿cierto?
-Solo cuando voy a decir algo que no es agradable, me hace dulce y perdonable –sonrió abiertamente, enarque las cejas.
-¿Me lo estás diciendo en serio? –pregunte con el ceño un poco fruncido.
-Sí, yo no miento –sonrió con los ojos, me estaba insinuando una gran verdad.
-Ni yo –mi tono fue tan convincente como si te estuviera diciendo que la fórmula del agua es  H2O.
-Me caes muy bien, Alice – río.
-¿Y qué dirás, que es tan terrible, para que parlotees tanto?
-Mmm... Nada, aun no tengo nada tan terrible que decirte, solo me llamo la atención que hoy tuvieras algo de color - respondió.
-Ah... ¿Gracias?
-De nada, y siéntete especial, no te voy a estar haciendo cumplidos todo el tiempo.
-Me siento especial - dije cerrando los ojos, burlándome de él. 
-Qué bueno que despertaste, Alice, hoy ha sido tu día más callado.
- Tengo clase de Historia, Jamie, nos vemos - dije cuando las pocas palabras que tenía para entablar una conversación se desvanecieron con la punzada que surco mi pecho. ¿Cuántas no habré contado?... lo cierto es que me alegro de no haberlo hecho.
Las clases no fueron mucho más divertidas de lo que fueron el día de hoy, poniendo o no atención, me parecían absurdas, mientras hacía los trabajos me preguntaba como esto me podría servir en la vida diaria… todo por un ángel. Todo me lo cuestionaba por él, cuando trataba de recordarlo, los contornos ya no era precisos… se estaba desvaneciendo. Mi respiración se detuvo un segundo con el pensamiento de poder perder su recuerdo.
Saque una hoja en blanco, la puse sobre la carpeta y después de esculcar tome el carboncillo, empecé haciendo los trazos largos de su espalda, alargándolo un poco más para que se convirtiera el brazo que tenía descansando completamente sobre las piedras. Al llegar al salón de pintura, mire un segundo el resultado, las piedras no eran ni la mitad de lo que fueron y el parecía estar acostado boca abajo… si tan solo me hubiera mostrado sus facciones… su nombre… ¿Cómo voy a buscarte?
Oculte el dibujo entre las hojas,  no quería que lo vieran… me sentiría… dejarlo ver tan vulnerable, frágil como se había mostrado ante mi… no lo permitiría.
-Alice, podemos ver tu trabajo de esta semana – pidió la maestra, asentí distraídamente y mostré el lienzo, sin prestar mucha atención.-Es muy real, Alice –comento la maestra, la mire directamente a los ojos.
-Gracias – respondí y los últimos restos del ángel se esfumaron.
Está bien… está bien.
Me puse los audífonos y los conecte al IPhone, una hora y media era lo que tenía para vestir esos muñecos móviles y ver a unos extravagantes ensayar con ellos, sonreí cuando Sia comenzó a aullar, y sin poderlo evitar moví la cabeza ligeramente de lado a lado cuando Flo Rida comenzó a cantar. La canción se llama Wild Ones, es uno de mis gustos culposos.
-Lose, lose after tomorrow … true is everything we know – susurre, mientras pasaba los brazos por la seda-, with you… Wild ones, wild ones– es todo lo que me sabía de la canción, lo demás lo pronunciaba después de ellos o no lo cantaba. Estaba sola tras vestidores, mientras alzaba el penúltimo muñeco móvil para verlo vestido, enorme y bien hecho. 
Lo seguía observando, aunque ya estaba complacida con el resultado, pero la canción no me dejaba pensar porque escuche que tú eres uno de los locos y que hoy regresabas a casa, algo presiono mi hombro sacándome de la ensoñación que había creado la canción, salte apartándome y girándome para ver quien había sido. Alexander me observaba con ojos divertidos y  una ligera sonrisa, me quite los audífonos, algo amargo me subió a la garganta, pero me lo trague.
-Me asustaste – dije pasándome los audífonos detrás del cuello.
-No gritaste – sonrió abiertamente, haciendo que sus ojos chispearan. Era tan raro verlo sonreír, aunque no lo conocía, quizá sonría mucho más de lo que crees o de lo que te has llegado a imaginar por estas dos semanas, porque claro… conoces  cuanto sonríe alguien en dos semanas, pensé sonriéndole a mi fuero interno, hoy no quería mandarlo al carajo.
-No soy buena gritando –medio gire cruzando un brazo sobre otro sobre el estómago para ver al muñeco móvil y no verlo a él, aun no me agradaba-, y… ¿ustedes no saludan o algo así?
-No quise interrumpir la serenata que le estabas dando – respondió, sonreí, estaba a punto de sonrojarme, así que trague saliva apretando los labios, le dirigí una mirada a Alexander que tenía una mano sobre la boca y las cejas enarcadas.
-¿Te estás riendo de mí? – pregunte enarcando las cejas.
-No – dijo bajando la mano de su boca y mirando el suelo, estaba tratando de contener la risa, apretó los labios-. No –dijo alzando la mirada a mis ojos, ya más serio, carraspeo levemente y sonrió-, ¿Qué canción interpretabas tan maravillosamente? – pregunto, al final apretó los labios, sonriendo solamente.
-Fucker One –respondí y sonreí, enarco las cejas y sonrío.
-Ah… es muy bonita –dijo en una mezcla rara de sarcasmo y pura diversión. No cantas tan mal, me aseguro mi fuero interno tratando de reconfortarme-, no cantas mal –me aseguro a su vez Alexander-, fue interesante escucharte.
-¿Cante tan alto?
-A penas murmurabas –respondió parpadeando una vez lentamente.
-Promételo.
-Lo prometo – dijo en voz baja.
-¿Por qué te reías, entonces? –Se formó de nuevo su sonrisa, aparto la mirada al techo y abrió la boca aun con una sonrisa en los labios.
- ¿Te ayudo? –pregunto en su lugar señalando el muñeco móvil que estaba recostado desnudo en el suelo de madera del auditorio cerca de los vestidores.
-Por favor –acepte, lo comenzamos a vestir pasando la manta y después la seda haciendo que ambas se vieran y contrastaran una sobre otra, al terminar lo levantamos y colocamos a lado del que vestí sola.
-Me habían dicho que eras talentosa – susurro, yo miraba mi trabajo terminado, ya sin audífonos, concentrada en él, me reconfortaba verlo realizado, era una sensación tan buena, era agradable, inhale profundamente-, pero me no me dijeron cuan talentosa eras – agrego. Aparte la mirada de mi trabajo y lo mire a él con sus brazos cruzados sobre el pecho, miraba uno de los muñecos pasando su mirada después a los demás, de pronto, como sintiendo que le miraba, bajo  su mirada a mí y sonrió.
-Gracias.
-Eres buena aceptando cumplidos – dijo con fingida sorpresa-, si fueras tan buena aceptando disculpas- comento al aire, tomo una bocanada viendo mi trabajo - o… cantando – agrego soltando el aire.
-Has dicho que no canto mal.
-Pero no dije que cantaras bien – ladeo la cabeza a un lado-, no cantas mal… no cantas de una manera excelente, cantas con armonía pero no para estar en el coro – explico después de un momento.
-Gracias… creo – dije mirando a otro lado.
-Tu voz…, sin cantar, es como la de Lula Boats y Gabrielle Aplin, pero más alegre y más ronca – comento sonriendo levemente-, o sea no cantes – sonrió abiertamente.
-Tu personalidad es como la del doctor Crane y el Guason pero sin Cillian Murphy y sin Heath Ledger - sonreí,- o sea… ponte un saco de arpillera en la cabeza – sonreí abiertamente, río moviendo ligeramente la cabeza.
-Eres tan simpática – dijo recargando la palabra “tan” y poniendo los ojos en blanco.
-Lo mismo digo.
-¿Me podrías decir la hora? – metí la mano en el saco para sacar el celular.
-Seis cincuenta – respondí, viendo distraídamente la hora.
-Gracias – asintió, regrese después de eso la mirada al reloj del celular al escuchar el eco de mi voz pronunciando la hora.
-¿¡Por qué no preguntaste antes!? – reclame caminando apresuradamente por mis cosas.
-Me estaba divirtiendo mucho – contesto detrás de mí.
-¿Por qué? – pregunte encarándolo y poniendo mi mochila sobre mi hombro, sonrío.
-Bueno… como empezar – dijo viendo más allá-, que te parece si te acompaño a la salida y te lo voy explicando- ofreció sin hacer una pregunta en concreto.
-¿Sin abuso físico? –pregunte enarcando una ceja,  me miro directamente a los ojos.
-Prometido – respondió alzando su mano derecha.
-Okay, vamos –comencé a caminar-, ¿Por qué siempre eres el único en la escuela? – pregunte cuando caminábamos por el jardín.
-¿No sé, Alice, si alguna vez has escuchado hablar sobre presidentes de clase? - ¿y eso qué?-, bueno aquí es sinónimo de vigilante de colegio o de niñeras, ya que el colegio es tan grande hay muchos y yo tengo la mala suerte de encontrarte corriendo por tu edificio o dando serenatas a objetos inanimados y como eres una paranoica...–agrego, estreche los ojos pero sentí una punzada de remordimiento aunque luego se borró cuando recordé lo de hace una semana.
-Ah… lo siento, pensé que eras un acosador.
-Eh… no, pero gracias por la adjudicación de tan generosa cualidad - reí.
-¿Ustedes son siempre tan elocuentes? - pregunte un poco hastiada de tanta perfección al hablar.
-¿Nosotros? - pregunto con el ceño ligeramente fruncido.
-Si… tú, Jamie… -me encogí de hombros, aparto la mirada y miro hacia enfrente.
-Me gustaría creer que cuando pienses en elocuencia solo pienses en mí, no en… todos - dijo, sentía la boca un poco entre abierta, así que la cerré, trague saliva y también mire hacia enfrente.
No se… pero creo que esos dos no se llevan bien, pero es mera creencia, ninguno de sus comentarios me lo ha confirmado.
-Alice - llamo bajo, lo mire inquisitivamente. Ya habíamos salido y en el estacionamiento había mucho movimiento, aun, pero no veía a mi madre por ninguna parte. - Que pases una linda tarde - sonrió y sus ojos se iluminaron.
Dentro de esos ojos hay un par de luciérnagas, pensó mi fuero interno.
-Gracias - respondí retirando la mirada para el estacionamiento, vi como mi madre entraba-, me tengo que ir… gracias -dije sin verlo porque ya estaba muy atrás.
Grosero, osco y abusivo… no porque le hablara significaba que ya había olvidado, simplemente estaba tratando de ser educada con él y el también, estábamos siendo corteses uno con el otro.
Me acerque al coche y abrí la puerta ya con una disculpa preparada, no podía creer que había hecho esperar a mi madre veinte minutos o más.
- Lo siento, linda, no me di cuenta que ya era hora de venir por ti, me entretuve con el trabajo y el tiempo se me fue volando... Espero que no te moleste pero tendremos que comer comida china -dijo cuándo planeaba también yo, soltar un mega chorote.
- Si, ma, no te preocupes, y ¿en dónde vamos a comer?
- Esa es una buena pregunta – sonrió, sonreí también. ¿Qué más debía hacer?
Me senté derecha con las piernas dobladas enfrente del sillón blanco viendo el tazón repleto de fideos, y la salsa de soja. Mi mamá me paso un plato blanco con unos palillos y sonrió, yo le regrese la sonrisa, sabía que estaba hablando de algo que me podría hacer sonreír, pero no me quería concentrar en las sonrisas con sentido… hoy no.
Después de cenar y sonreír falsamente un centenar de veces más viendo esa tonta serie en la televisión, una excusa de la tele de paga para transmitir porquerías más grotescas, subí a mi estudio.
Sentí que por fin me podía derrumbar, caí silenciosamente sobre mis rodillas y deje caer  mi cabeza hacia enfrente que pesaba por el dolor que no procedía de los nervios, si no del alma. En mi mente se comenzaron a formar grandes nubes negras, haciendo que el frio interior se acrecentará.
Me puse de pie y camine hacia el piano, suspire con lágrimas contenidas en la retina, y las teclas… las teclas que entonaban mi llanto, un sollozo perdido comenzaron a sonar, cerré los ojos y ahí continuaron, pareciendo destinadas a solo mostrar lo que no me permitía… ¡LO QUE NUNCA ME PERMITIRIA!, me dijo el fuero interno con rabia, lo único que no me permitiría demostrar.
Vi mis dedos tocar las teclas para producir la notas y sentía como corrían a través de mis dedos, la rápida energía que de ellas se escapaba, mi rápida profecía se convertía con ellas al transcurrir los segundos en rápida verdad, pero en rápida pasión por la vida, la que me restaba y me componía los granitos de la arena de mi alma que aún estaban de pie.
Rápido los dedos comenzaron a moverse al lado de lo que más quería para mí: abundancia, abundancia de cualquier momento, momento, momento, vida… mi vida.
Esta es lo único que me queda.
Me levante y cruce hasta colocarme enfrente de los espejos, vi mis hombros clavarse en mi piel y recorrí su línea… no estaba tan mal, ¿cierto?, vi mis ojos querer refulgir más de lo que hacían y sonreí por su esfuerzo. Estoy bien…
Mis pensamientos se diluyeron en el susurro que normalmente siempre eran.
No quería regresar a mi habitación pero lo hice dando vueltas incluso en las escaleras, aferrada del barandal, evitando caer, llegue y me deje caer en la cama, hundiéndome en el colchón que cedió fácilmente a mi peso y mis parpados al peso de mi anhelo.

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