Regalo del universo, enfrentarte a ella... Casi imposible, esta desgracia
nos la brinda en un principio la escuela, donde nos enseñan a enfrentarnos a la
vida para principiantes.
La alarma de mi celular sonó y un escalofrió me recorrió la espina dorso
comenzando en la vertebra treinta y ocho, mire un segundo la penumbra de mi habitación
iluminada por una fría luz del amanecer, espere a que mi corazón dejara de
intentar de escapar de mi cuerpo en busca de uno sano. Me levante
apresuradamente tomando mi bata que descansaba en el respaldo de la única silla
que había.
Tenía un efímero color y mejor aspecto que hace una semana pero seguía
teniendo una cara, parpadee ante tal repulsivo pensamiento, no podía ser tan sarcástica
con una moribunda. Cerré los ojos con fuerza aferrando la barra del lavabo,
trague saliva.
Me llamo Alice Fontain, tengo quince años, nací en Madrid, mi antiguo
colegio es Argos, mi color favorito es ¿violeta? Y mi equilibrio mental está
inclinado a locura, así que mantente alejado o ¿alejado?...
Salí del baño y fui a tomarme mi farmacia. Había medicamentos nuevos: unas
pastillas de un rojo apacho que servían para algo, estaban unas capsulas azules
que contrarrestaban el efecto secundario de las pastillas rojas y había unas
inyecciones nuevas: una de un líquido azul que tenía que hacer que mi pulso se
normalizara y una transparente que era para frenar hemorragias internas o
externas, juntas salvarían el mundo. Bueno... Juntas tenían que evitar un
colapso.
En bata todavía y solo con la ropa interior, me inyecte en la pierna la inyección
azul, apreté con fuerza los dientes mientras hacía que el liquido entrara a mi
cuerpo. Saque la aguja con los ojos cerrados y avente cuerpo de la jeringa al
bote de basura.
Los cuerpos eran de cristal y los números
eran rojos, se suponía que las podía volver a usar pero yo no las quería volver
a ver.
Me puse el uniforme rápidamente, sin reparar mucho en la cara del espejo,
ni en los huesos que se encajaban en mi piel tratando de atravesarla, peine mi
cabello así nada mas e hice el intento de partirlo con una raya en el costado
pero no quiso y cayo como se le dio la gana. Suspire...
Baje con más cuidado las escaleras, con la mochila al hombro, alce la
mirada al desayuno que consistía en una tostada con media cucharada de
mantequilla y media cucharada de mermelada y te verde. El té verde sin cafeína,
INSIPIDO y yo no somos amigos, somos conocidos y sentimos resentimientos el uno
por el otro. En pocas palabras: no me gusta.
Mi mama esta vez fue quien se levanto primero y dadas las instrucciones de
Erick, yo no podía comer, ni beber nada con cafeína así que no había forma de
poder robar un café caliente, la boca se me hizo agua mientras pensaba en café
caliente.
- Hola - salude sentándome en un banco de afuera, mi mama giro y me sonrió.
- Buenos días, linda, ¿cómo dormiste?
- Bien, no recuerdo si pesadille - sonreí y a ella le brillaron los ojos.
- Que tal el uniforme? - pregunto con una sonrisa burlona.
- Esta muy de monja - me queje viendo los restos de la tostada.
- Créeme hasta las monjas tienen más estilo, fui a un colegio católico...
Ellas usan Dolce - sonrió y así un sin fin de bromas comenzaron acerca de lo
horrible que son los uniformes de las escuelas.
Camino a la escuela mi mama me enseño un montón de lugares bonitos, había
senderos entre los bosques y pesados arboles que seguro eran muy viejos, me
imagine a mi misma caminando entre la tierra mojada, descalza y la imagen me pareció
reconfortante.
- Ya llegamos - anuncio mi madre, haciéndome ver a mi alrededor, la sangre
se me congelo, mi corazón dejo de latir y el miedo se abrazo a mis huesos. La
escuela era un monstruo de piedra gris, reja de fierro forjado rodeado de un
bosque pesado.
- Mama - exhale, quería decirle: enciende el carro, nos vamos de aquí... Parecía
un reformatorio o un castillo, parecía todo menos una escuela, incluso parecía
que ahí el cielo se nublaba y el sol se rehusaba a salir, pero claro... Eran
las seis con cincuenta minutos, el sol todavía no salía.
- Tranquila, linda, esta es tu
escuela -, aparte mi mirada de la prisión de Azkaban a los ojos de mi madre.
- Mama... Es tétrica - dije haciendo una ademan con la mano al edificio de
piedra caliza.
- Si, pero tú la escogiste, además la educación de Santander es
incomparable y eso se debe a Roses - dijo citándome sonrió-. Todo saldrá bien -
me aseguro, asentí dos veces, una para animarme a mi misma y otra para animarme
a mí misma. Salí del coche con la mochila en la mano, trague saliva mientras caminábamos
a Azkaban.
Necesito una religión, así cada vez que necesite algo de un dios, se lo pediré
a él. Buda, ayúdame a superar mi primer día, pensé.
Entramos a una recepción que parecía más la entrada a una casa residencial,
demasiado para describirlo. Una joven con blusa de encaje blanco, pantalón de
vestir negro y zapatillas color hueso, miraba atentamente una lista, alzo la
mirada cuando nos acercábamos. Su cabello era de un bonito color chocolate
estaba suelto y perfectamente peinado, sus ojos eran de un café musgo, sobre su
cuello caía un blasón que se veía pesado y caro con el escudo de la escuela.
- Buenos días - dijo con una voz un poco ronca y suave, dejo la lista sobre
un escritorio y se acerco a nosotras-. Soy Nicolle Brown, la directora -
continuo sonriendo, me adelante para tomar su mano.
- Alice Fontain - dije con el tono más formal que pude improvisar, pensé
que quien nos recibiría seria una secretaria no la directora extremadamente
joven y guapa con olor a fresas y limpio que tenía enfrente.
- Mucho gusto, Alice - dijo en tono formal - y usted debe de ser su madre -soltó
mi mano y mi mirada para ver a mi madre.
- Sussan Dufour - dijo mi madre estrechando la mano de Nicolle.
- Igual, es un gusto conocerlas - sonrió cálidamente-, por favor, pasen a
mi oficina - hizo un ademan para indicarnos la dirección a una puerta de una
pesada madera que abrió en un elegante movimiento y nos hizo pasar primero.
Lo único que se veía común en esa habitación eran las ventanas que daban al
bosque con unas cortinas de un azul cobalto y una puerta que estaba alado de
una estantería con enciclopedias y libros de cuero.
- Tomen asiento, por favor - dijo detrás de nosotras, vi los dos sillones
de cojín rojo, me vería minúscula en el, cuando me senté recargue toda mi
espalda en el respaldo, puse mis brazos sobre mis piernas dobladas una sobre
otra.- Muy bien... - comenzó Nicolle después de cerrar la puerta y sentarse
enfrente de nosotras con una leve sonrisa, en su escritorio se leía Doctor
Nicolle Brown, oh... Doctor,- se que nos hemos atrasado con las clases, por lo
cual no se debe preocupar - dijo viéndome a la vez que revisaba unos folders-.
Hablando con su antiguo director sobre su historial académico, la exentaremos
de inglés, por el programa avanzado que ha llevado desde kínder - dijo como un
suspiro, así de suave.-. ¿Está de acuerdo?
-¿En exentar inglés? - pregunte enarcando un poco las cejas, ella asintió débilmente-.
Sí, estoy de acuerdo.
- En Roses insistimos que nuestros estudiantes desarrollen todas las
habilidades, es la misma filosofía que en todos los colegios... Por eso me
preocupa que usted haya desarrollado tan bien en materias técnicas como lo son matemáticas,
algebra, trigonometría, biología, física, química, computación... O historia,
pero que su interés por literatura y lingüística sean mínimas... ¿No le gusta
leer? Sé que es trillado, pero la escritura y la lectura son la base de todo-
dijo.
- Me encanta leer - respondí en tono firme, lo que no me gusta es escribir.
- Ah... Bueno, no lo creíamos así...
- Disculpe, pero ¿creíamos? - pregunte, sabía que me estaba excediendo pero
hablaba en plural y salvo que tuviera un problema de múltiple personalidad, eso
daba miedo.
- Si, el consejo académico y yo - respondió sonriendo, o sea que si tiene
un problema de múltiple personalidad, susurro mi fuero interno a mi psique-, ningún
estudiante es admitido en el colegio sin una investigación minuciosa en su
historial académico y familiar. No sé si ha escuchado que la escuela no hace al
estudiante, si no el estudiante a la escuela... Nosotros queremos ser los
mejores por eso solo tenemos a los mejores - sonrió - en todo aspecto - agrego.
- Muy bien.
- Bueno... Ya que las habilidades en estas materias son solo muy buenas y
no excelentes, tendrá dos clases de literatura y dos clases de lingüística
todos los días, las clases de lingüística ya estaban en su programa, solo
sustituimos ingles por literatura - dijo y siguió con la lectura del documento.
Dúper, dos horas de literatura todos los días...
- Me parece excelente - me esforcé en decir con soltura.
- Hermosa actitud, señorita Fontain - sonrió, dirigió la mirada a mi madre
conservando su sonrisa-. La buena educación que ha llevado su hija no se verá
afectada en ningún aspecto con este drástico cambio - le aseguro. ¿Drástico?
- Lo único que me preocupa un poco es esto de la educación religiosa - dijo
mi madre. Ay, no me J-O-D-A-S! Pensé sonriendo.
- No se ve afectada en las materias de ninguna forma, no mezclamos la religión
con lo académico, no es conveniente - estaba seria.
-¿Pero está dentro del horario?
- De ninguna manera - respondió-, solo nos ayuda con nuestra filosofía y la
conservamos porque son las raíces de Roses&Marie, nuestra fundadora tenía
una idea maravillosa sobre el mundo y la vida que se fundaba en la creencia de
la existencia de Dios, era una idea poco ortodoxa para su época pero que se
adapta de una manera sutil en la nueva cultura globalizada a la que nos
enfrentamos y a la que nuestros estudiantes se integran con gusto. Además las
actividades misioneras y de ayuda son muy bien recibidas por nuestra comunidad
estudiantil.
- Muy lindo, pero quiero saber concretamente, donde está ahora el
catolicismo dentro de la escuela - no era una pregunta, era un exigencia.
Nicolle sonrió.
- Durante el mes de Mayo se celebra una misa en honor a la hermana Marie y
durante solo una semana de este mes, media hora al día se da la clase de Fe. - ¿Te
enseñan a tener fe? Rarito.
- Te gusta eso? - me pregunto mi mama. Me da igual.
- Es interesante - susurre. Aunque yo ya había perdido la fe y la religión.-
Me gustaría probar.
- No son forzosas, puedes seguir con tu horario normal - me aseguro
Nicolle.
- Perfecto - sonreí, mi madre asintió, aunque si la escuela era religiosa
me hubieran dicho... Aunque sea me hubieran avisado.
- Tienes alguna duda? - pregunto Nicolle.
- No.
- Si durante el transcurso del día o cuando sea y lo necesites, siempre estaré
para ayudarte, este es tu colegio y queremos que te sientas cómoda en el - sonrió,
asentí sonriendo de vuelta-. Me encantaría darte un recorrido por el colegio yo
misma pero necesito hablar con tu madre, así que - dijo inclinándose debajo del
escritorio, saco un paquete de libros de pasta dura que variaban del marrón al
rojo y al negro, solo un pequeño libro blanco y delgado-. Aquí están tus libros
y tu horario - agrego poniendo el paquete al frente con una hoja blanca sobre
el libro pequeño.- Por favor, sal, la señora Linn llamara a un compañero para
que te muestre el colegio - dijo firmando la hoja, asentí. Me levante y ella se
levanto al mismo tiempo-. Bienvenida, Alice - sonrió extendido su mano, la tome
estrechándola y poniendo la otra mano sobre los libros.
- Gracias - dije, tome los libros y me incline al girar para besar en la mejilla
a mi mama, al cerrar la puerta, suspire muy bajito mirando la puerta. Camine a
donde estaba la señora Linón detrás de un escritorio alto.
La señora Lynn era regordeta, blanca y se veía excesivamente sonriente,
demasiado, llevaba un suéter rosa, su cara era redonda, de cabello blanco,
lentes de cordón dorado sobre su cuello y redondos sobre sus ojos de un castaño
viejo, tenía un labial color melocotón sobre los labios.
- Hola - dije-, me llamo Alice, usted es quien me proporcionara a mi ¿guía?
- pregunte sin prestar atención a las palabras que usaba.
- Si, linda, soy la señora Lynn - dijo sonriendo-, ¡pero mira que pesados
libros llevas ahí! ¡Déjame ayudarte! - exclamo abalanzándose sobre el
escritorio por los libros, la escena me pareció graciosa pero me contuve de reír
ya que se veía a leguas que sabía lo que sucedía conmigo. Su tono me molesto.
- Gracias - dije a regañadientes.
- Toma asiento, querida, en seguida traeré a alguien - sonrió, asentí y me dirigí
a los muidos sillones de cuero negro que había ahí.
Lynn escribió algo en un papel rápidamente, llamo a un chico que pasaba por
ahí, este me miro de arriba abajo y salió corriendo después de ello. Suspire sentándome
y hundiéndome en el sillón negro, notando que las manos me sudaban. ¿En qué me
había metido? Suspire de nuevo.
Mire a la señora Lynn detrás de mostrador metiendo y sacando papeles, tecleando
quien sabe que cosas en una computadora de pantalla plana con rapidez.
Comencé a imaginar que se detenía, que de su cabeza crecían ramas grandes y
largas de las que crecían unas más pequeñas con hojas verdes, en una rama había
un nido de o cojal con pajaritos de alas azules, su madre en la orilla se
inclinaba para alimentarlos, la madre era larga y sus alas de un azul
brillante, su ojo era negro; los pies de Lynn se convertían en ramas que se
clavaban en el suelo de guijarros planos y perfectamente redondos de todas las
tonalidades de gris, era un rio delgado cuya agua era transparente y su
corriente era rápida.
Sonreí débilmente, si seguía imaginando así, dejaría la música y la pintura
y me dedicaría a escribir un libro.
La puerta se abrió despacio y un chico de andar ligero entro como si
conociera el lugar.
- Me llamo, señorita Lynn - dijo no pregunto, a Lynn los ojos se le
iluminaron y asintió.
- Si, querido - asintió otra vez, hizo un ademan señalándome, el chico se
giro y a mí, las manos se me convirtieron en fuentes. Me miraba como un
idiota... Bueno no como un idiota, pero me caía mal.... Bueno no, ¡ash! Con el
tiempo se conoce a la gente, Alice, dijo aquella única voz sensata que tenia.
Espere que Lynn no dijera lo que iba a decir.
- Alexander, ella es Alice Fontain - y dijo lo que no quería que dijera
saliendo de detrás del escritorio, camino tomando mis libros hacia mi.- Es
nuestra alumna nueva - lo dijo otra vez - y me gustaría que le enseñaras el
colegio - y yo que creía que no odiaría a nadie en este colegio...
- Claro, señorita Lynn, con gusto le enseñare a nuestra nueva alumna el
colegio- dijo sonriendo, me puse de pie tomando mi mochila y extendiendo los
brazos por los libros.
- Bienvenida, Alice, el joven Pechir es uno de nuestros mejores alumnos -
dijo cuando me entrego los libros, enarque las cejas y apreté los labios.
- Muchas gracias - no se puede evitar el sarcasmo en casos así.
Alexander hizo el ademan para que pasara primero y justo cuando iba abrir
la puerta, el lo hizo y la sostuvo para mí. No hablamos, hablo, hasta que
estuvimos afuera en un enorme jardín bien cuidado que daba al bosque.
-¿Te gustaría que te ayudara? - pregunto refiriéndose a los libros, asentí,
entregándoselos, algo me parecía raro en su ropa... En su uniforme.
- Gracias - susurre.
- No hay de que - dijo.- ¿Quieres que te enseñe sección por sección o las partes que más te
interesan? - pregunto. Las partes que más me interesan.... ¿Cómo la salida?
- Sección por sección - respondí recorriendo la mirada edificio por
edificio que se extendían hasta convertirse en un punto borroso en forma de
cuadrado.
- Muy bien - dijo-, el edificio más alejado - prosigue señalando el borrón
- es la sección de Kínder, le sigue el edificio de Primaria, después se
encuentra el de Secundaria - dijo señalando progresivamente los edificios, a
lado del de Secundaria había uno que era bajo a comparación de los otros y se veía
casi negro y a comparación de los otro este era mucho más largo-. Ese edificio
es la biblioteca - lo mire mientras el sonreía-, a lado esta preparatoria -
giro un poco para señalar los que seguían-. Tenemos los edificios de talleres, después
el GYM, el auditorio y aquella torre - dijo señalando un edificio muy gótico-,
es la facultad.
- Facultad?
- Tiene algo de prestigio, mas en carreras empresariales - respondió.- Ven,
vamos a dejar tus libros - dijo comencé a caminar seguido de él que me dirigió
al edificio que era la biblioteca-. Tenemos cancha de Tenis, de vóley ball, básquet
ball, alberca y gimnasio.
- Ya me lo habías mencionado - dije.
- GYM, el GYM es un enorme cuarto con caminadoras, pesas, y un montón de
cosas cuyos nombres no sé y el gimnasio es un espacio monumental que está en el
centro del área deportiva donde se hacen las practicas cuando llueve - explico.
Buda.... ¡Salvame! -. No te preocupes, te mostrare todo, solo quería mencionártelo
- asentí, me abrió la puerta de la biblioteca como en la recepción. Inhale
profundamente al entrar, el edificio era alargado, a mi derecha había un
inmenso escritorio de roble, que parecía correr esquina a esquina del edificio,
había varios libros y solo una señorita muy ocupada explicando donde podría
encontrar la manera de hacer una disección a una rana a un estudiante que se veía
verde. Había unos cuantos alumnos que se
detenían para mirarme con curiosidad. Se dueña de ti misma, me dije.
Las estanterías estaban acomodadas unas tras otras, había diez seguidas, después
había un gran espacio y después se repetían las diez estanterías seguidas.
Todas eran largas, excepto las cinco primeras que estaban enfrente de nosotros,
estos parecían lockers sin puertas y de madera, de alto tendrían dos metros y
de largo unos tres. Alexander dejo mis libros en un hueco y yo deje la mochila,
tenía lo que necesitaba en los bolsos del saco.
- Tienes algo en tu ojo - dijo entrecerrando los suyos.
- Que? - pregunte alzando la mirada a él.
- No... - susurro,- lo siento, pero creí que tenías algo, pero así es....
- Ah... Mi pupila - dije-, no te preocupes, se ve raro, cierto?
- No, yo no diría raro - respondió girando para salir de ahí, ¿entonces? Su
tono no era el de: yo más bien diría asqueroso, si no algo... Sé que ya lo había
escuchado. Me volvió a sostener la puerta para salir, me podía llegar a acostumbrar
eso de que me abrieran y cerraran las puertas cuando paso. - Te gusta leer? -
pregunto mientras caminábamos hacia la zona de talleres.
- Si.
- Que lees?
- Libros... - respondí viendo el pasto que humedecía mis zapatos, se
escucho una
leve risa.
- Que clase de libros? - pregunto ahora con tono divertido, alce la mirada.
No había contado ningún chiste.
- Cualquier clase de libros: ciencia ficción, thriller, románticas,
comedia....
- Eso me suena a que ningún libro te ha convencido - dijo enarcando deliamente
sus cejas-, mencionarme tres libros que en verdad te hayan gustado.
- El Nombre del Viento, el Perfume y el Psicoanalista.
-¿Me podrías decir el autor? - enarque un poco las cejas, pero asentí.
-Patrick Ruthfuss, Patrick Sünskind y John
Katzenbach - respond.
- El temor de un hombre sabio - dijo-, es el siguiente de .
- Y como lo sabes?
- A mi también me gusta la trilogía - sonrió.
- Ah... Y ¿qué tipo de libros lees? - dije burlándome de él.
- Te diría que soy fan de tu género, pero prefiero los clásicos - regreso
la vista al frente, ¿a qué se refiere?
Alexander me mostro la piscina cuyo techo estaba hecho de pedazos de
cristales con travesaños plateados. Unas niñas en traje de baño rosa, gorra,
esperaban a que una clase mixta saliera de la piscina, los alumnos se veían muy
jóvenes para ser mis compañeros. El GYM como había dicho tenía todo lo que debía
de tener y solo sabía que un aparato era una caminadora. La facultad estaba
reconocida a nivel nacional como tu mejor opción en Administración de Empresas,
aunque tenia variedad de carreras e incluso medicina, solo llegaba a Maestría,
no preste mucha atención a las carreras, aunque me pregunte... Si tal vez
tuviera la oportunidad, en un mundo paralelo, me gustaría estudiar algo como
Artes Plásticas o Diseño de Interiores... Me llevo al área de los talleres
donde pasaría seis horas a la semana, podía escoger uno o dos según me animara,
los que más me llamaron la atención fueron danza, pintura y música.
Todas las secciones de la escuela estaban unidas con senderos de piedra de
rio, todas te llevaban al gimnasio que estaba rodeado con un círculo de piedra
como el auditorio. Había seis secciones de jardines, aéreas verdes y la cafetería
se encontraba dentro del edificio de predatoria aunque se podría considerar un
edificio aparte.
Cada sección tenía su propio laboratorio, excepto Kínder, que tenía su sección
de juegos, este junto con Primaria y Secundaria solo compartían los salones de
talleres y la zona deportiva. Ellos tenían su propio comedor, laboratorio y
biblioteca. No se nos permitía entrar a sus secciones y ellos no mostraban interés
en compartir nuestro espacio.
Después de un largo recorrido me llevo a mi edificio, había 450 estudiantes
de primero, tercero y quinto semestre, estaban distribuidos en diferentes
niveles del edificio que estaba hecho de suelos blancos pulidos, paredes azules
y lockers grises. Las puertas eran de madera de roble de color canela de la
salida-entrada a las aéreas verdes, las puertas de los salones eran de un
pesado triplay con ventanas, cada maestro tenía su salón.
Una campana chirriante comenzó a sonar lo que me hizo dar un salto al
costado de Alexander y pegarme a los casilleros cuando una estampida de
estudiantes salió del salón.
- Es hora del almuerzo- dijo, ¿júramelo? -. Tienes dos comidas, aunque si
no desayunas puedes pedir un permiso para tener desayuno aquí y casi siempre te
venden si vas entre clases... Puedes comer cuando quieras - aclaro después de
pensar un segundo-, tienes un descanso de una hora cada tres horas y uno ultimo
después del tercer periodo de quince minutos los miércoles y los viernes por
deportes. El almuerzo se debería de servir a las doce y media del día y la
comida a las tres y media, pero bueno... - se encogió de hombros.
- Okay.... - capte toda la información-, ¿salgo a las seis y media? -
pregunte esperanzada porque me dijera: No.
- Si.
-¿Por qué? - pregunte evitando golpear mi cabeza contra los casilleros.
- Horario extendido - susurro en respuesta-, vamos a la cafetería - dijo
caminando hacia donde la estampida se había ido, las puertas de esta cafetería
eran blancas y tenían esa barra como las de emergencia.- Puedes comer donde
quieras, normalmente... La mayoría vaga por todas partes....
Mientras caminábamos los alumnos me miraban de arriba a abajo, con extrañeza,
como si fuera un fenómeno. Me imagine a mi misma con un letrero de neón que decía:
"espécimen nuevo, tóquenlo gratis" y los alumnos acercando su dedo índice
a mí, haciendo gestos exagerados de asco. Reí un poco, que exagerado soy yo.
-¿Conté algún un chiste? - pregunto Alexander enarcando sus cejas.
- No, pero yo si - sonreí, suspire y mire hacia enfrente-. Te puedo hacer
una pregunta?
- Pregunta.
-¿Con quién comeré?
- Por supuesto que conmigo- dijo sin rastro de modestia abriéndome las
puertas como si hubiera hecho una pregunta estúpida, lo fulmine con la mirada-,
pero no me mires así, Alice - pidió-, puedes comer conmigo y que todos vengan a
ti o puedes ir a ellos - dijo como si fuera miel. Lo mire un segundo fingiendo
que sopesaba mis opciones... Como me dijo que se llamaba...?
- Conoces a Gabriela de la Parra? - pregunte mientras los chicos que
pasaban me miraban con extrañeza, era bueno que tuviera esos flashazos de
lucidez mi cabeza.
- Si, esta por allá - dijo señalando la barra de ensaladas, estaba junto
con una chica de piel morena-. Gracias - dije caminando hacia ella.
-¿A dónde vas? - pregunto.
- A comer y tu puedes esperar a que todos vayan a ti - dije sonriendo y me
vio como si él fuera el estúpido y no yo, mire hacia enfrente-. Nos vemos aquí
al final del almuerzo.
Camine hacia Gabriela, tenía su cabello hacia atrás sujeto con una diadema
negra, la chica a su lado era menuda y mucho más baja que ella, su cabello era
del mismo color que su piel y sus ojos que era de un color de café claro. Gaby
alzo su mirada de la barra a mí, la volvió a bajar y la subió de nuevo junto
con unos ojos que se le iluminaron.
- ¡Alice! - exclamo dejando su tazón lleno de lechuga Lolla Rosa y pedazos
de pollo-. Pero si pensé que - me acerque más rápido porque muchos estudiantes
estaban alzando la vista y comenzaban a susurrar- me habías mentido - término.
- No, ¿por qué habría de mentirte? - pregunte, me rodeo con sus brazos,
sorprendida, le di unas cuantas palmadas en la espalda, se separo y beso mis
dos mejillas.
- No, claro que no me mentiste- sonrió abiertamente-, mira, te presento,
ella es mi amiga Regina Solar - dijo señalando a la chica de cabello lacio y
sonrisa... Mmm... ¿Trabada? -. Regina, ella es mi amiga Alice Fontain - prosiguió,
le extendí la mano a Regina que tomo con más fuerza de la debida.
- Mucho gusto - dije, ella asintió. Al parecer tenía un carácter muy
fuerte, parecía que no le gustaban muchas cosas porque se quejo de la variedad
de comida como mil veces, para mí, había variedad si lo comparabas con otras cafeterías
de otros colegios, pero supongo que siempre servían lo mismo.
Gaby nos llevo hasta una mesa larga donde parecía que estaba sentada media
escuela, me presento persona por persona con nombre y apellidos.
- El es Paris Forte -, era un chico de cabello esponjado como un cup-cake
del color de la avellana despeinado, su piel era de un color lechosa con pecas
en la cara sobre la nariz especialmente, sus ojos eran de un café claro y tenía
unas largas pestañas.... Ah... Y al parecer tenía algo con Gaby, me saludo tímidamente
con la cabeza y se puso tan rojo como un tomate, después de que me sentara a
lado de Gaby, me volvió a saludar esta vez con la mano. Sonreí.
- Hola, Alice - dijo una voz tan refinada, mire automáticamente a su dirección-,
se que ya te dijeron mi nombre pero no quiero se olvide, me llamo Jamie Farell - dijo el chico extendiéndome
su mano, la tome, la punta de sus dedos estaban frías. Entrecerré los ojos, ya
he descrito a muchas personas y Jamie es como todos los humanos: cabello en la
cabeza, dos ojos, una nariz con dos fosas nasales, brazos, torso, piernas y
brazos, pero nadie puede ser pasado por alto. Jamie tenía un cabello negro
azabache y como todos lo llevaban despeinado, sus ojos eran de un verde con la
mezcla de un montón de especies de árboles, como un follaje, su nariz era recta
y delgada, sus labios eran de un rosa intenso y pequeños y era tan pálido y
blanco. Algo me resultaba... Al principio pensé que era un estirado, pero
conforme comenzó la plática y el comenzó a hablar, note que solo era chico muy sarcástico
y con un gran problema con la autoridad.
Su risa era como su voz. Le coloque una pesada bufanda gris de lana y una
sonrisa burlona.
- Eres el niño de las manzanas! - dije en mitad de un chiste, todos se
callaron y me miraron mientras lo señalaba, regreso su mirada de
auto-suficiencia y la misma sonrisa burlona.
- Y tu eres la niña con el problema de manejo de la ira! - rio.
- No tengo problemas con la ira.
- Me lazaste una manzana a la frente - declaro enarcando las cejas y sonriendo.
Mi nuca pico y sentí que me iba a ruborizar así que trague saliva.
- Tú me la lanzaste a la nuca -enarque una ceja.
- Fue para vender.
- No te compre nada - dije lo obvio.
- Si, porque tienes problemas con el manejo de la ira.
- Me lanzaste una manzana a la nuca! - dije riendo un poco, sonrió.
- Si, lo sé, mala táctica - sonrió un poco más, cuando todos regresaron a
su plática, yo regrese a la mía con Gaby, alguien tiro de un mechón de mi
cabello suavemente, gire para ver y era Jamie inclinado hacia mí, fruncí el
ceño. - Yo no diría niño de las manzanas...
- Entonces, ¿qué? - pregunte aun mas confundida que por su cercanía.
- Yo diría que soy el hombre de las manzanas - sonreí y el también
mostrando sus blancos dientes, antes de que dijera algo la campana sonó, sonreí
débilmente de nuevo y me puse de pie.
- Te acompaño - dijo Gaby, asentí débilmente, camino a mi lado entre los
estudiantes que no tenían tanto entusiasmo por volver a los salones. Se me hizo
tan corto el receso aunque Gaby me dijo que nos daban cuarenta minutos y que
algunas veces se extendían a una hora ya que el estacionamiento de los maestros
estaba del otro lado de la escuela, fue el estacionamiento por el que entre
hoy. Me explico que todos los días tenia que utilizar el uniforme de gala y que
tenía que traer aparte el de gimnasia los jueves y los viernes, era la última
hora del periodo de clases de esos días.
La forma de evaluar de cada maestro variaba según su clase, pero
normalmente el examen no podía valer menos de 60% y no podía ser el 100%, salvo
en casos particulares, solo podías tener tres faltas o ibas a extraordinario, a
menos que estuvieran justificadas. Los talleres también eran calificados aunque
entraban en clases extra-académicas.
Me había dicho todo lo que necesitaba en menos de dos minutos.
-¿Quién te está mostrando el colegio? - pregunto.
- Eh... Alexander Pechir - respondí viendo hacia enfrente.
- Uf! Es todo un C-U-E-R-O - deletreo, sonreí por su tono-, pero es todo un
F-R-E-A-K-Y - enarco las cejas- y está muy grande - dijo.
-¿Grande?
- Bueno... Viejo - se corrigió.
-¿Cuánto es viejo? - se veía bastante joven, por mucho unos diecisiete y
eso porque no sonreía mucho.
- Diecinueve... Creo que ya cumplió los veinte - dijo viendo hacia enfrente
mientras a mi me daba un puck.
- Pues que come? - pregunte aunque tenía un montón de expresiones más.
- Que come?
- Si, para verse tan joven.... No, que hace en preparatoria? - rio
parsimoniosamente. No que era uno de los mejores estudiantes?
- Esta en la facultad, segundo año de licenciatura.... No sé qué carrera,
es muy reservado al hablar - respondió, asentí, ¿qué podía decir? Justo cuando
el silencio me estaba dejando en ridículo vi a Alexander hablando con un chico
de cabello café, Alexander lo veía medio enarcando las cejas como si no le
creyera y tenía los brazos cruzados, negó con la cabeza una vez, dio un paso esquivándolo.
- Hola, Gaby - sonrió.
- Alex - respondió, Alexander se inclino para besar su mejilla, di un paso
para situarme a lado de él-. Bueno te dejo a Alice -dijo-, yo si tengo clases -
sonrió con pesadez, dio media vuelta para caminar con sus andar único, tenía
muy buen manejo de sus extremidades para ser tan alta. Suspire, dirigí mi
mirada a el que miraba hacia enfrente, pero no se adonde.
- Eh... Alexander? - pregunte, giro y sonrió débilmente.
- Vamos? - pregunto en respuesta, asentí. Creo que tienes un serio problema
psiquiátrico indefinido. Por ahora...
Caminamos en silencio, parecía que aun tomaría las últimas tres clases
del día. -¿Cómo te fue en el receso? - pregunto cuando salíamos de la cafetería
y caminábamos por un pasillo vacio.
- Muy bien y ¿a usted? - respondí mirando hacia enfrente, dejo de caminar, fruncí
el ceño, gire para verlo verme fijamente.- ¿Qué? - pregunte caminando hasta el.
Parpadeo unas cuantas veces, frunció el ceño y trago saliva.
- Dijiste "usted" - enarco un poco las cejas.
- Si.
-¿Por qué?
- Porque respeto a mis mayores - sonreí.
Parpadeo de nuevo pasándose una mano por su cabello gris oscuro.-Pero solo
soy mayor que tu por un par de años, no me tienes que hablar de usted - dijo, sonreí
aun mas.
- Lo sé, pero estas tan viejito que no me puedes seguir el ritmo - enarque
las cejas y gire, solo hubo un silencio hasta que me alcanzo.
- Este es tu casillero - dijo colocándome adelante de un arcaico casillero
gris metálico con un candado dorado de combinación -, y esta es tu combinación
- saco un papel doblado de su bolsillo, lo tome y mire sin abrirlo -. No te
preocupes, no lo vi, pero si no confías... La puedes cambiar.- Se encogió de
hombros.
- No importa -. No es como si fuera a traer mi diario y cartas de odio o
algo así.- ¿Pero cuando te la dieron?
- Cuando almorzabas.
-¿Fuiste por ella? -. Sonrió e hizo un divertido mohín después.
- No interrumpo mi hora de almuerzo por niñas y sus combinaciones de
casillero- dijo en tono amable, pero estaba segura que por alguna palabra
dentro de su comentario me tenía que ofender.- Seguimos? - pregunto, aun te
tengo que presentar a tus maestros -, asentí. Seguimos caminando por los
pasillos, yo un paso atrás dejando que me guiara por Alcatraz o era Azkaban?
Por la cárcel que es un doble negocio.
Todo dentro de la escuela se veía tan claro, alce la mirada al techo para
ver la razón, la mirada se me torno negra y junto con una garganta cerrada
hicieron que mis rodillas temblaran, me desplome de rodillas al suelo golpeando
los casilleros con la mano, al tratar de aferrarme a algo que no fuera Vida.
Escuche un sonido que se transformaba en mi nombre.
Me costaba respirar tanto, eche la cabeza hacia adelante poniendo las manos
en el suelo, podía salir de esta sin inyectarme, podía salir de esta sin
inyectarme. Puedo salir de esta sin inyectarme.
Trate de inhalar profundamente con todas mis fuerzas pero lo único que conseguí
fue cerrar mas mi tráquea, me lleve una mano al saco y palpe hasta encontrar mi
inhalador.
Uno, corría por el pasto verde con mi rodilla sangrando y una bicicleta
verde limón sin ruedas, dos, corría por el sendero a mi casa con un cuervo
herido, tres, trepaba el árbol mas alto de mi casa, cuatro, un sonido se
transformaba en una alerta para protegerme de la caída, cinco, la rama donde me
columpiaba sobre el árbol se rompió, seis, caí de espaldas a la hierba mojada dejándome
sin aliento.
Seis disparos hicieron que el aire que hace seis años me dejo los púlmanes
regresara a mí, hace seis años ese oxigeno no me había importado.
Enumere lo que me hacía falta para partir porque no cavia duda....
Enderece mi espalda, sentándome en mis pantorrillas, escuche una maldición
a mi lado, así que abrí los ojos con una visión demasiado brillante esta vez y
nada reconfortante. Alexander estaba
enfrente de mí con ojos llenos de preocupación como todos los que me ven
caer.
- Esta manchada - dijo frunciendo el ceño, con tono de reprobación por
mostrar que estaba sucia. Me lleve los dedos a la cara-. No, te vas a ensuciar
mas - susurro, tomando mi mano antes de que tocara mi cara, acerco su otra mano
y limpio algo por encima de mi labio con pañuelo de tela.
- Yo lo hago - susurre tomando el pañuelo de su mano y terminando de
limpiar lo que seguro era sangre, carraspee un poco al ponerme de pie, arreglar
mi saco. Mire su pañuelo blanco con las manchas alargadas de sangre, cerré los
ojos grabando esa imagen.- Gracias - susurre, llevándome una mano al saco, saque
un pañuelo de tela casi igual al de él y se lo extendí.
- Necesitas que te lleve a la enfermería - dijo tomando el pañuelo, alce la
mirada a sus ojos y sonreí, obligando a mis ojos a centellar, guarde sin pensar
el pañuelo en el bolsillo de mi saco.
- No creo que tengan aquí lo que necesito - ladee un poco la cabeza-, además
ya me encuentro perfectamente bien - su mirada se congelo en ese instante, parecía
que se estaba repitiendo de una forma muy rápida lo que acababa de decir.
- Alice... - dijo entre dientes -, no te encuentras perfectamente bien.-
Siseo, parpadee asombrada, pero sonreí aun mas.- No engañas a nadie - continuo
como para que borrara mi sonrisa, bajo la mirada un segundo al pañuelo-, nadie
te cree eso de que estas perfectamente bien. Desde aquí puedo oler el Captopril,
desde aquí puedo ver tu dolor, te estoy viendo agonizar y ¡me dices que te encuentras
perfectamente bien!- se burlo enarcando las cejas -. Te estás muriendo y no estás
haciendo nada.- Dijo con fuerza dando un paso hacia adelante y clavando su
mirada con sus ojos estrechos en los míos. Suspire aburrida ante sus palabras,
aparentemente y apreté los dientes, lo siguiente que hice después de bajar la
mirada al suelo y alzarla de nuevo, fue inconsciente, rápido y tan fuerte como
lo que él me hizo sentir. Estampe mi mano contra su mejilla haciendo que girara
el rostro, se llevo una mano a ella para tocar su propia mancha roja y me miro
desconcertado.
- Nunca, en tu puta vida, me vuelvas a hablar de esa manera - dije aun con
las cejas levemente enarcadas, camine de largo hacia enfrente, hacia unas
puertas de madera que me llevaron a las aéreas verdes.

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