miércoles, 2 de enero de 2013

IV. Capítulo. ¿Esto qué es?


En dado momento lo llegas a preguntar... Cuando no reconoces algo porque nunca lo has visto o porque lo dejaste de ver por mucho tiempo, pero cuando esa pregunta te la haces a ti mismo porque te has dejado de reconocer, ¿cómo responderla?
Me rescate en la cama por la noche y cerré los ojos, no me quería desvelar pero tampoco quería caer en la inconsciencia aunque no logre mantener los ojos abiertos, lo único que pude pensar antes de que la oscuridad me llevara a sus garras fue que la voz razonable me decía que si dormía algo muy malo pasaría.
Desperté con el sonido de la alarma después de una confortable noche de sueño, no había tenido pesadillas. Inhale profundamente sintiendo, trague saliva, tenia nauseas por los nervios. Esta sería la primera vez que iría a la escuela después de un año y medio... Sentía el hormigueo que recorre la punta de los dedos de las manos, las rodillas y el pecho, el frio que te hace sudar las palmas y te deja sin voz. 
Me levante de la cama, no quería llegar tarde. Abrí la regadera, me mire en el espejo.
- Me llamo Alice Fontain, tengo quince años, mi color favorito es - fruncí el ceño, dudando cual era mi color favorito....- ¿marrón? - negué con la cabeza, eso no importaba-. Mi antiguo colegio es Argos, soy de Madrid... - Madrid es mi esposo, puse los ojos en blanco... ¿Qué otra cosa te hacían decir el primer día de clases? Lo peor es que estas personas seguro tenían años conociéndose o al menos seis meses... Y yo sería la nueva a mitad del primer año de preparatoria y hablar sola mientras el agua se desperdicia no es nada humano.
Suspire, girando para meterme a la regadera.
Mi nombre es Alice Fontain, tengo quince años, soy de Madrid, mi antiguo colegio es Argos,  mi color favorito es ¿naranja?, tengo nauseas, odio presentarme y ¿¡por qué coños me tengo que presentar!? Además creo que estas preguntas son de primaria, fruncí el ceño molesta e irritada por preguntas que nadie me había plateado. Pff… que absurda soy.
Me mire en el espejo de cuerpo completo que estaba en el interior de las puertas del closet; el uniforme me quedaba a la perfección, la falda no estaba tan corta... Justo arriba de la rodilla, aun así me hacía sentir incomoda... Mi cabello... Mejor bajo a desayunar.
Baje alistando las pocas cosas que tenía en la mochila estilo militar color gris: cuatro carpetas, dos libretas de cuadro, una de raya, seis plumas, dos lápices... Seis plumas? Me raye el interior de la mano con cada una de ellas, eran de colores diferentes, el estampado era blanco con flores de los colores de las tintas. Colores, lápices, tijeras, resistol en barra, calculadora científica, inhalador, audífonos, celular. Se siente bonito comenzar con todo esto, seguro que termino con un lápiz roto y una pluma negra... Vi la cajita de medicamentos, me lleve una pastilla morada a la boca.
Encendí la cafetera, las gotas de café cayeron poco a poco al principio, después cayeron chorros negros haciéndome agua la boca con su olor, la pansa me rugió, encendí una parrilla y puse al fugo un sartén.
-¿Ya son las seis? - pregunto mi mama, la mire, estaba inclinada con su bata blanca, cabello despeinado, sonreí al tiempo que asintió.-  No puedo creerlo - dijo estirándose en su totalidad al filo del escalón-... ¿Me preparas café? - pregunto bajando las escaleras con tono de "tu tomas leche".
- Si pero el primer café es para mí por levantarme primero - sonreí.
- Esta bien, voy a cambiarme para llevarte - volvió a sonreír, subió las escaleras.
Tome el vaso de la cafetera de cristal abriendo una gaveta para sacar una taza roja. Los contornos del mundo se doblaron, los contornos de mi visión se fruncieron y el nudo en la garganta se cerró junto con la oscuridad sobre mí. Escuche el sonido de algo al romperse antes de que todo desapareciera.
Lo último que escuchaba servía para que mi mente lo transformara en pesadillas.
Todo era color arena, todo era silencioso, solo una respiración frenética de alguien, abrí los ojos dentro de aquel lugar tan claro y otoñal. En el centro había una figura de cabello rojo vistiendo un largo vestido blanco cayéndole a los costados, su cabello se dejaba caer igual. Estaba descalza y se elevaba dejando a sus brazos y pies hacia abajo, la respiración le pertenecía.
Hojas secas cayeron lentamente rozando su rostro mientras ella se alzaba al cielo, rodeada de todo aquello que se volvía aun más frio. El pecho de la criatura ascendía y descendía ahora lentamente, alzando su barbilla al cielo abriendo los labios lentamente dejo que un grito se escapara rompiendo albas en el intento.
Desperté deslumbrada por una luz blanca intensa, olor a desinfictante y un pitido ritmico. Sentí nauseas por algo que descendía por mi tráquea, el pitido rítmico se acelero, las fosas nasales me escocían y me costaba respirar, me lleve una mano a la boca y descubrí que un tubo estaba sujeto con gasa a mi boca, fui despegando lentamente la gasa y saque el tuvo con una serie de arcadas.
Estaba en una habitación de hospital, conectada a diez aparatos que marcaban mis ondas cerebrales, ritmo cardiaco, ritmo de respiración y no sé que mas.  Yo misma respiraba con ayuda de una maquina.
Me enderece en la cama, observe la habitación vacía, con las cortinas blancas corridas, el espantoso sillón verde vomito, la televisión enfrente de la  cama. Cerré los ojos, me quite el oxigeno y me recosté en la almohada.
La puerta se abrió con un clic.
- Creo que ya despertó - susurro la voz de mi mama, se cerró la puerta-. Estará bien, Fernando... Mejor - se escucha solo su respiración-. Okay - y como cierra el teléfono celular, abro los ojos, los contornos borrosos se comienzan a aclarar.- Hola, linda - susurra mi mama acercándose a la cama.
- Hola - trato de decir y me sale un remedo de susurro.- Deje demasiado sucio? - pregunto sonriendo.
- Muy sucio - responde tocando delicadamente mi mano con la canalización y sonriendo débilmente.
- Donde esta mi papa?
- Estaba entrando al hospital... Va a hablar con Erick - asentí suspirando. Después de unos cinco minutos entra Erick seguido de mi padre. Erick ha sido mi pediatra, es conocido de mi papa desde  la preparatoria y amigo de mi madre desde la primaria. Es joven... Y siempre se ve agotado, sus ojos de un marrón que centellan a pesar de todo es cálido y familiar, mostrando el dolor de algo que solo el conocía, tiene unas profundas ojeras debajo, con una nariz fina y pequeña, unos labios delgados y de un rosa apagado. Su cabello es café y el es mas pálido y triste que una tormenta. Camina directo a la tabla que de seguro tiene muchos resultados de muchas cosas que no sabía que mi cuerpo podía hacer.
- Hola, Alice - dijo sonriendo y como solo Erick podía, le regrese la sonrisa, bajo la mirada a la tabla y la dejo al pie de la cama, camino hacia a mí con ojos tristes y sonrisa aun más triste y yo trague saliva-. Necesito que mires la luz, ¿está bien? - pregunto acercándose un poco y mostrándome una pequeña lámpara, la movió de lado a lado y la seguí aunque en mi campo de visión el reflejo de la lámpara al otro lado se quedaba así que regresaba a ver para asegurarle a mi cerebro que solo era el recuerdo y que ahí no había nada.- Alice... - susurro-, diré que te traigan la comida - sonrió después de apagar la lámpara.
- Cuanto tiempo? - pregunte viendo su espalda.
- Una semana - susurro.
Sentí un escalofrió recorrerme en la espalda recorrerme el abdomen, lo suficientemente fuerte para doblarme y abrazarme a mí misma, pero en su lugar sonreí mas.
- No será tan malo - dije viendo como mis padres intercambiaban miradas, su relación funcionaba muy bien más allá de las apariencias, ellos se querían y ahora estaban unidos... Y yo me quería separar de ellos para morir en paz.
Mi papa estrecho el hombro de mi madre, esta dio un paso hacia mi cama y me comenzó a peinar el cabello.
- Todo va estar bien, linda - susurro con voz quebrada.
- Lo sé - dije en tono fuerte, que decía que lo sabía, sabía que todo estaría bien y que me lo creía.
Aunque una semana... sabía que significaba análisis, exámenes y muchas cosas que dolían, una semana aquí significaba sangre y un recordatorio de que yo ya solo respiraba y que no vivía más.
Solo es por ellos, pensé después de casi tres horas cuando me habían desconectado a casi todos los aparatos dejándome la intravenosa con suero y una bolsa de un medicamento que ardía cuando entraba a mis venas.
Me aferre a caminar a paso normal al baño, encendí las luces de este y su potencia me deslumbro, entrecerré los ojos hasta que se acostumbraron a la luz, me acerque al pequeño espejo y deje que mis ojos se acostumbraran a lo que veían.
Ahí estaba el miedo que se convirtió en desesperación, ahí estaba la desesperación que se convirtió en histeria y la histeria se convirtió en tristeza y en un grito ahogado por el miedo que sentía que lo imposible existía.
Mis ojos eran dos cuencas vacías con un azul mediocre, mi cabello era de un patético anaranjado, mi piel estaba pálida, amarillenta y lustrosa, me veía huesuda de la cara y eminentemente rota. Exhale como pude para acercarme al lavabo.
- ¿Esto qué es? - pregunte en un susurro entrecortado. Humano, no humano, no era, gusano, incluso uno así tiene color... Cadáver, eso es posible... Yo era la viva imagen de un cadáver.
Solo necesito un poco más, pensé, un poco más... Pero qué sentido tenía si ya no me gustaba vivir, no sería mejor que yo misma acabara con esto... Para todos, que mi mano lo terminara... No... No por ellos, solo por ellos, porque lo poco que tenia se los daría a ellos... Era justo y necesario.
Viendo lo que ahora soy, solo me lastimo a mi misma... Qué importancia tiene lo que soy... Si solo vivo por ellos? Ninguna.
Alce la vista a mi cara y tire de ella a mis manos para protegerla de la destrucción, corrí de ella queriendo que se quedara en el espejo, con la cara en las manos deje que mis sollozos sin sonido ni voz, corrieran junto con mis lagrimas por todo lo que no habían corrido.
La semana fue mucho más de lo que esperaba, salí del hospital por mi propio pie luciendo lo mejor posible, como me lo habían enseñado, no mostrando mi debilidad a no ser que quisiera lastima de los demás.

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