En dado momento lo llegas a preguntar... Cuando no reconoces algo porque nunca lo has visto o porque lo dejaste de ver por mucho tiempo, pero cuando esa pregunta te la haces a ti mismo porque te has dejado de reconocer, ¿cómo responderla?
Me rescate en la cama por la noche y cerré los ojos, no me quería desvelar
pero tampoco quería caer en la inconsciencia aunque no logre mantener los ojos
abiertos, lo único que pude pensar antes de que la oscuridad me llevara a sus garras
fue que la voz razonable me decía que si dormía algo muy malo pasaría.
Desperté con el sonido de la alarma después de una confortable noche de
sueño, no había tenido pesadillas. Inhale profundamente sintiendo, trague
saliva, tenia nauseas por los nervios. Esta sería la primera vez que iría a la
escuela después de un año y medio... Sentía el hormigueo que recorre la punta
de los dedos de las manos, las rodillas y el pecho, el frio que te hace sudar
las palmas y te deja sin voz.
Me levante de la cama, no quería llegar tarde. Abrí la regadera, me mire en
el espejo.
- Me llamo Alice Fontain, tengo quince años, mi color favorito es - fruncí
el ceño, dudando cual era mi color favorito....- ¿marrón? - negué con la
cabeza, eso no importaba-. Mi antiguo colegio es Argos, soy de Madrid... -
Madrid es mi esposo, puse los ojos en blanco... ¿Qué otra cosa te hacían decir
el primer día de clases? Lo peor es que estas personas seguro tenían años conociéndose
o al menos seis meses... Y yo sería la nueva a mitad del primer año de
preparatoria y hablar sola mientras el agua se desperdicia no es nada humano.
Suspire, girando para meterme a la regadera.
Mi nombre es Alice Fontain, tengo quince años, soy de Madrid, mi antiguo
colegio es Argos, mi color favorito es ¿naranja?,
tengo nauseas, odio presentarme y ¿¡por qué coños me tengo que presentar!? Además
creo que estas preguntas son de primaria, fruncí el ceño molesta e irritada por
preguntas que nadie me había plateado. Pff… que absurda soy.
Me mire en el espejo de cuerpo completo que estaba en el interior de las
puertas del closet; el uniforme me quedaba a la perfección, la falda no estaba
tan corta... Justo arriba de la rodilla, aun así me hacía sentir incomoda... Mi
cabello... Mejor bajo a desayunar.
Baje alistando las pocas cosas que tenía en la mochila estilo militar color
gris: cuatro carpetas, dos libretas de cuadro, una de raya, seis plumas, dos lápices...
Seis plumas? Me raye el interior de la mano con cada una de ellas, eran de
colores diferentes, el estampado era blanco con flores de los colores de las
tintas. Colores, lápices, tijeras, resistol en barra, calculadora científica,
inhalador, audífonos, celular. Se siente bonito comenzar con todo esto, seguro
que termino con un lápiz roto y una pluma negra... Vi la cajita de
medicamentos, me lleve una pastilla morada a la boca.
Encendí la cafetera, las gotas de café cayeron poco a poco al principio, después
cayeron chorros negros haciéndome agua la boca con su olor, la pansa me rugió, encendí
una parrilla y puse al fugo un sartén.
-¿Ya son las seis? - pregunto mi mama, la mire, estaba inclinada con su
bata blanca, cabello despeinado, sonreí al tiempo que asintió.- No puedo creerlo - dijo estirándose en su
totalidad al filo del escalón-... ¿Me preparas café? - pregunto bajando las
escaleras con tono de "tu tomas leche".
- Si pero el primer café es para mí por levantarme primero - sonreí.
- Esta bien, voy a cambiarme para llevarte - volvió a sonreír, subió las
escaleras.
Tome el vaso de la cafetera de cristal abriendo una gaveta para sacar una
taza roja. Los contornos del mundo se doblaron, los contornos de mi visión se
fruncieron y el nudo en la garganta se cerró junto con la oscuridad sobre mí.
Escuche el sonido de algo al romperse antes de que todo desapareciera.
Lo último que escuchaba servía para que mi mente lo transformara en
pesadillas.
Todo era color arena, todo era silencioso, solo una respiración frenética
de alguien, abrí los ojos dentro de aquel lugar tan claro y otoñal. En el
centro había una figura de cabello rojo vistiendo un largo vestido blanco cayéndole
a los costados, su cabello se dejaba caer igual. Estaba descalza y se elevaba
dejando a sus brazos y pies hacia abajo, la respiración le pertenecía.
Hojas secas cayeron lentamente rozando su rostro mientras ella se alzaba al
cielo, rodeada de todo aquello que se volvía aun más frio. El pecho de la
criatura ascendía y descendía ahora lentamente, alzando su barbilla al cielo
abriendo los labios lentamente dejo que un grito se escapara rompiendo albas en
el intento.
Desperté deslumbrada por una luz blanca intensa, olor a desinfictante y un
pitido ritmico. Sentí nauseas por algo que descendía por mi tráquea, el pitido rítmico
se acelero, las fosas nasales me escocían y me costaba respirar, me lleve una
mano a la boca y descubrí que un tubo estaba sujeto con gasa a mi boca, fui
despegando lentamente la gasa y saque el tuvo con una serie de arcadas.
Estaba en una habitación de hospital, conectada a diez aparatos que
marcaban mis ondas cerebrales, ritmo cardiaco, ritmo de respiración y no sé que
mas. Yo misma respiraba con ayuda de una
maquina.
Me enderece en la cama, observe la habitación vacía, con las cortinas
blancas corridas, el espantoso sillón verde vomito, la televisión enfrente de
la cama. Cerré los ojos, me quite el
oxigeno y me recosté en la almohada.
La puerta se abrió con un clic.
- Creo que ya despertó - susurro la voz de mi mama, se cerró la puerta-. Estará
bien, Fernando... Mejor - se escucha solo su respiración-. Okay - y como cierra
el teléfono celular, abro los ojos, los contornos borrosos se comienzan a
aclarar.- Hola, linda - susurra mi mama acercándose a la cama.
- Hola - trato de decir y me sale un remedo de susurro.- Deje demasiado
sucio? - pregunto sonriendo.
- Muy sucio - responde tocando delicadamente mi mano con la canalización y
sonriendo débilmente.
- Donde esta mi papa?
- Estaba entrando al hospital... Va a hablar con Erick - asentí suspirando.
Después de unos cinco minutos entra Erick seguido de mi padre. Erick ha sido mi
pediatra, es conocido de mi papa desde
la preparatoria y amigo de mi madre desde la primaria. Es joven... Y
siempre se ve agotado, sus ojos de un marrón que centellan a pesar de todo es cálido
y familiar, mostrando el dolor de algo que solo el conocía, tiene unas profundas
ojeras debajo, con una nariz fina y pequeña, unos labios delgados y de un rosa
apagado. Su cabello es café y el es mas pálido y triste que una tormenta.
Camina directo a la tabla que de seguro tiene muchos resultados de muchas cosas
que no sabía que mi cuerpo podía hacer.
- Hola, Alice - dijo sonriendo y como solo Erick podía, le regrese la
sonrisa, bajo la mirada a la tabla y la dejo al pie de la cama, camino hacia a mí
con ojos tristes y sonrisa aun más triste y yo trague saliva-. Necesito que mires
la luz, ¿está bien? - pregunto acercándose un poco y mostrándome una pequeña lámpara,
la movió de lado a lado y la seguí aunque en mi campo de visión el reflejo de
la lámpara al otro lado se quedaba así que regresaba a ver para asegurarle a mi
cerebro que solo era el recuerdo y que ahí no había nada.- Alice... - susurro-,
diré que te traigan la comida - sonrió después de apagar la lámpara.
- Cuanto tiempo? - pregunte viendo su espalda.
- Una semana - susurro.
Sentí un escalofrió recorrerme en la espalda recorrerme el abdomen, lo
suficientemente fuerte para doblarme y abrazarme a mí misma, pero en su lugar sonreí
mas.
- No será tan malo - dije viendo como mis padres intercambiaban miradas, su
relación funcionaba muy bien más allá de las apariencias, ellos se querían y
ahora estaban unidos... Y yo me quería separar de ellos para morir en paz.
Mi papa estrecho el hombro de mi madre, esta dio un paso hacia mi cama y me
comenzó a peinar el cabello.
- Todo va estar bien, linda - susurro con voz quebrada.
- Lo sé - dije en tono fuerte, que decía que lo sabía, sabía que todo estaría
bien y que me lo creía.
Aunque una semana... sabía que significaba análisis, exámenes y muchas
cosas que dolían, una semana aquí significaba sangre y un recordatorio de que
yo ya solo respiraba y que no vivía más.
Solo es por ellos, pensé después de casi tres horas cuando me habían
desconectado a casi todos los aparatos dejándome la intravenosa con suero y una
bolsa de un medicamento que ardía cuando entraba a mis venas.
Me aferre a caminar a paso normal al baño, encendí las luces de este y su
potencia me deslumbro, entrecerré los ojos hasta que se acostumbraron a la luz,
me acerque al pequeño espejo y deje que mis ojos se acostumbraran a lo que veían.
Ahí estaba el miedo que se convirtió en desesperación, ahí estaba la desesperación
que se convirtió en histeria y la histeria se convirtió en tristeza y en un
grito ahogado por el miedo que sentía que lo imposible existía.
Mis ojos eran dos cuencas vacías con un azul mediocre, mi cabello era de un
patético anaranjado, mi piel estaba pálida, amarillenta y lustrosa, me veía
huesuda de la cara y eminentemente rota. Exhale como pude para acercarme al
lavabo.
- ¿Esto qué es? - pregunte en un susurro entrecortado. Humano, no humano,
no era, gusano, incluso uno así tiene color... Cadáver, eso es posible... Yo
era la viva imagen de un cadáver.
Solo necesito un poco más, pensé, un poco más... Pero qué sentido tenía si
ya no me gustaba vivir, no sería mejor que yo misma acabara con esto... Para
todos, que mi mano lo terminara... No... No por ellos, solo por ellos, porque
lo poco que tenia se los daría a ellos... Era justo y necesario.
Viendo lo que ahora soy, solo me lastimo a mi misma... Qué importancia
tiene lo que soy... Si solo vivo por ellos? Ninguna.
Alce la vista a mi cara y tire de ella a mis manos para protegerla de la destrucción,
corrí de ella queriendo que se quedara en el espejo, con la cara en las manos
deje que mis sollozos sin sonido ni voz, corrieran junto con mis lagrimas por
todo lo que no habían corrido.
La semana fue mucho más de lo que esperaba, salí del hospital por mi propio
pie luciendo lo mejor posible, como me lo habían enseñado, no mostrando mi
debilidad a no ser que quisiera lastima de los demás.

No hay comentarios:
Publicar un comentario