Cuando era niña solía esconderme en el sótano, solía correr por las escaleras y buscar un
misterio, un gran secreto que tuviera que ver con personajes del Siglo XVI, y
en el cual yo sería la protagonista. Pero entre mas buscaba fotos antiguas de
personas con enormes vestidos y sombreros de copa que hubieran dejado un
terrible misterio que me envolvería, parecía que desaparecía esa posibilidad.
No había nada, solo una absoluta normalidad en mi vida y es que nada de él existió
en el Siglo XVI.
Enero 1, 2011.
I. Capitulo. Casa.
Lugar donde compartes tus sueños y tus secretos y nunca olvidara.
Mi cabeza descansaba sobre la ventanilla del coche de mi padre viendo como
pasaban los arbustos y la línea divisora de la carretera. Todo pasaba tan rápido, tan fugaz como la vida...
Hace seis meses mis padres habían decido mudarse de Madrid a Santander, a
este lugar lleno de luz, demasiada luz para mi gusto; yo me había quedado con
mi abuela Josefina para despedirme de mis amigos, un adiós...
- Alice, ya llegamos - dijo mi madre justo cuando mi padre se estacionaba
enfrente de una casa con reja negra y jardín al frente, una gran casa blanca
con techo de teja roja, atrás de ella se extendía un espeso y profundo bosque.
Mi padre abrió la puerta del carro, cuando mis dos pies tocaron el asfalto húmedo,
por primera vez desde que me lo habían dicho, sentí que en verdad, me quedaban
seis meses de vida.
No se me hizo un nudo en la garganta, ni mis ojos se llenaron de lagrimas,
una persona no puede luchar contra lo inevitable y si no es dentro de seis
meses, seria dentro cuarenta años. Ya estaba resignada a morir, mis padres no
lo estaban y lo único que me quedaba era un poco para ellos.
-¿Te gusta, linda? - Pregunto mi padre y en la última parte su voz se quebró, mire directamente a sus ojos azules.
- Si - respondí, últimamente esa palabra estaba predominando mucho en mi
vocabulario.
La primera en entrar a la casa, por supuesto fui yo. La casa por dentro era
igual de hermosa que por fuera, constaba de tres pisos... O sea algo muy grande
para tres personas y ya todo estaba
amueblado.
La sala tenía grandes sillones de cuero blanco con una mesa de centro de
vidrio, la televisión que estaba en una repisa al frente estaba rodeada de
fotos, libros y un florero blanco sin flores, el comedor era una larga mesa
rectangular de madera de roble con sillas del mismo material de color naranja
quemado enfrente del comedor había unas puertas de cristal que daban al jardín
de atrás, y la cocina estaba cercada por tres paredes mas, tenía una barra de
marfil con ventanas de madera cerradas, a lado había una puerta de vaivén color
beis. Todas estaban en planta de abajo.
Subí a la segunda planta por unas escaleras de cristal que estaban pegadas
a la pared, aferre el barandal de metal
plateado mientras ascendía. Fui abriendo puerta por puerta las habitaciones,
toda la segunda planta constaba de habitaciones y todas se notaban que serian
para las visitas que recibiéramos. La ultima habitación, al fondo del pasillo
adornado por una alfombra café claro, era la mía, tome el picaporte de cristal
y lo gire.
La habitación era exactamente igual a la que tenía en Madrid, la cama
matrimonial pegada a la pared alejada de la habitación, los jarrones sobre las
columnas, la alfombra blanca sobre el suelo, las cortinas de un pesado gris
sobre las ventanas, el closet blanco a mi derecha con el cesto de mimbre vació
las cajas sobre el closet, la repisa de libros a mi izquierda, la computadora
sobre el escritorio con cajones hasta el suelo con la silla de ruedas al frente
a lado estaba mi maniquí blanco, que se lo
quite a mi madre hace ya bastante tiempo.
El cuarto estaba pintado de blanco por lo que no note la puerta que estaba al
lado del escritorio hasta que me acerque.
Lo que no se parecía en nada a mi habitación en Madrid a esta, era el baño
que era iluminado por una luz color ámbar. Había una tina con patas enroscadas
de cobre y sobre ella estaba una regadera que la delimitaba unas puertas de acrílico
transparentes, tenía una larga barra de marfil color chapange con un lavamanos
en medio color arena, el espejo llegaba de esquina a esquina de la pared como
la barra.
Distribuidos estaban los productos de aseo personal y en la pared alejada había
una mesa de bronce con una bandeja de metal, no me tenía que acercar para saber
que había sobre ella.
Cerré la puerta, me fije de nuevo en la habitación y note lo que me hacía
falta: mi violín, siempre estaba en mi habitación. Tal vez la mudanza lo traería
después... Espero, pensé. De pronto la puerta se abrió sin previo aviso, lo que
indicando que era mi madre.
-Linda, ¿ya viste el piso de arriba? - pregunto asomando la cabeza para
verme.
- No, pero ya voy - dije sonriendo un poco, antes quería ver que escondían
las cortinas, ella asintió, cerró la puerta y me acerque.
Corrí una y vi dos puertas de cristal corredizas unidas, baje el seguro y
entre abrí una, lo suficiente para que pudiera pasar al balcón que se extendía
afuera, al hacerlo me recibió una penetrante olor a bosque.
Había tres sillas de madera de caoba con una mesa en medio de base metálica
y supervine de cristal, el barandal era alto, de tubos blancos y el azulejo del
piso era brilloso y blanco como el del baño y seguramente como el de toda la habitación.
Me senté en una de las sillas y pegue mi nuca al respaldo y puse mis brazos
sobre las braceras, cruce una pierna sobre la otra, y vi las ultimas del atardecer
y la primera estrella del firmamento en medio del naranja, el rosa y el azul
marino.
Trague saliva y tome aire con la boca, cerré los ojos y empecé a contar, de
nuevo. Inhale profundamente y escuche el palpitar de mi corazón frenético,
estaba a marcha forzada. Sentí el punzante dolor en mi pecho en el centro, eso
se llama miedo.
Me hice consciente del temblor de mis manos, de mi cuerpo entero. El mundo
no estaba temblando, la que tiembla soy yo, el mundo no se acaba, la que se está
acabando soy yo, el mundo no se detendrá, la que se detuvo fui yo.
Recordé cuando me gustaba dibujar hadas, ninfas, flores, cuando era pequeña
me encantaban los cuentos de las hadas, no de hadas... Si no en los que
hablaban de ellas. Recordé lo que se sentía que el aire rozara las puntas de
mis dedos al girar, lo liviana que podía llegar a ser al saltar, podía volar
tan alto o sentía que volaba tan alto.
Inhale profundamente.
Recordé como lo suelo hacer a diario que mi mente era tan madura como no lo
era mi cuerpo, aparentaba muy difícilmente los quince años. No era por mi
enfermedad, simplemente así era... Mis parpados escocían cada vez que
parpadeaba y se hacían tan pesados... Y pronto caí en la inconsciencia,
Llegaba de la escuela, afuera un chubasco azotaba a Madrid y creía que lo seguiría
haciendo por un buen rato.
-¡Lélek! - grito a mi derecha, estaban debajo del resguardo de un árbol
cuyas ramas se doblaban por el agua, gire mientras metía la llave
apresuradamente en el candado de la reja-. Tomas un baño para que no te refríes
- asentí energéticamente regresando la mirada al candado y girando la llave
para abrirlo.
-¡Nos vemos! - grite sobre el ruido de la lluvia, se despidieron los tres con
la mano y dieron la vuelta, cerré la reja y corrí a las escaleras del umbral, metí
la otra llave que tenía una forma antigua en la cerradura, gire la llave y
entre al resguardo de mi casa que tenía todos las luces encendidas.
Me quite el impermeable negro, las botas negras por el agua, las puse junto
con los calcetines ahí enfrente de la puerta, camine descalza hasta la cocina,
me quite unas cuantas gotas del cabello.
Al alzar la mirada vi a mis padres sentados a la mesa, mi padre aferraba a
mi madre de los brazos y ella tenía la cabeza clavada en su hombro, se agitaba
un poco, estaba llorando. Mi sonrisa se borro.
-¿Qué pasa? - pregunte con voz estrangulada, los hombros de mi madre se
tensaron y la expresión de mi padre se crispo aun mas, se despego de mi padre y
me mostro su rostro, tenía sus ojos hinchados y rojos, había pequeñas manchas
rojas alrededor de ellos sobre su piel. Eso le basto a mi cuerpo para que algo
cálido al inicio se albergara dentro de él, eso basto para que lo que fue
cálido se hiciera más frio que el hielo.- ¿Qué pasa? - pregunte de nuevo, note
que mi padre estaba llorando y mis ojos comenzaron a escocer.
Me acerque a la mesa donde había unas hojas blancas por un lado y el teléfono
de la casa, tome las hojas que se notaban eran de un hospital.
Mis piernas temblaban, mis manos temblaban tanto que apenas y podía enfocar
las letras de las hojas.
Comencé a leer sin saber muy bien que leía, mi mente se disipo en el
recuerdo de hace un mes cuando me desmaye en la escuela, había sido leve pero
lo suficiente para que mi padre exagerara y me llevara al doctor quien
inmediatamente ordeno que me hicieran varios análisis.
Para mi sorpresa yo estaba...
Desperté precipitadamente con la pesadez en el pecho, la respiración era frenética,
igual que el latido de mi corazón, mire de un lado a otro de la habitación
oscura.
¿Dónde estoy? Pregunte en mi mente, vi por las ventanas a la noche oscura y
llena de estrellas. Estoy en Barcelona, Santander, me respondí a mí misma.
Trate de respirar con normalidad. Estoy en Barcelona, Santander, repetí,
controlando mi respiración. Estoy en mi cama, sonreí un poco y deje caer la
cabeza en la almohada seguí espirando.
Mire a la derecha, las dos cortinas estaban corridas, las puertas cerradas,
estaba bien arropada en mi cama. Mi papa y mi mama, pensé, si no aun estuviera
en el balcón siendo comida por todos los insectos.
Me frote los ojos con una sola mano y me levante de la cama de un salto. No
quería seguir durmiendo... No quería seguir soñando.
Fui al closet, tome un pants a rayas amarillas y una camiseta sin mangas y
tirantes gruesos que decía: "What the f*ck are you watching?", con
una tipa de anteojos oscuros, cigarro en los labios rojo cereza, pelo alborotado
y mostrándote el dedo medio con una uña rematada en verde fosforescente y un
dibujo dentro de la uña con el mismo gesto.
Entre al baño encendiendo la luz, abrí el grifo, el agua salió transparente
y fría, moje mi cara, mi cuello, cepille mis dientes y volví a mojar mi cara. Abrí
los ojos y mire mi reflejo mientras cerraba el grifo.
Mi cabello caía ondulado y alborotado por el sueño, pegándose a mi rostro
mojado de un rojo intenso, profundo, en algunas partes muy oscuro, mis ojos de
un azul turquesa como el del universo se iluminaron por la luz, mi labios
serios mostraban el palpable rojo difuminado de la sangre y mi piel mostraba el
color blanco un poco como el color del durazno y la leche mezclados, tenia
pecas solo en las manos y unas cuantas de un gris plateado sobre la nariz y los
pómulos, pero tan pocas que no se notaban. Parpadee un segundo y el recuerdo se
rompió.
Mi cabello caía casi recto sobre mis hombros y por mi espalda, en un color
opaco y de un naranja casi zanahoria, mis ojos habían ido descendiendo hasta un
efímero azul deslavado, mis labios estaban de un pálido color rosa y un tanto
reseco, mi piel se veía pálida y amarilla. Las pecas plateadas habían
desaparecido del rostro, las manos se había vuelto huesudas y aunque aun tenían
algunas cuantas pecas resaltaban aun mas los puntos de las canalizaciones. Me veía
frágil, parecía que si un viento muy fuerte llegara me rompería en dos mil
pedazos.
Siempre me había gustado como había sido, me gustaban mis pecas que muchos insistían
en que me quitara, me gustaba que el iris de uno de mis ojos invadiera la
pupila y aun así veía bien.
Nunca me importo si la gente veía algo hermoso en mí, de hecho me sigue sin
importar, lo único que quiero hacer es recuperar el reflejo que veía a diario y
era lo único que nunca jamás podre hacer.
Me mire con insistencia, estaba bien de peso... No como hace un año, me veía
normal, los huesos estaban cubiertos de un musculo resistente y si no era así,
lo haría resistente.
No moriría sin vencerla un poco, sin vivir un poco de lo que me quería
quitar.
Sonreí una sonrisa triste, las únicas sonrisas genuinas que brindaba eran
para mi propia pena. Apague la luz, camine para sentarme en la orilla de la
cama, estaba un poco encorvada así que trate de poner recta mi espalda.
Comencé de nuevo con el examen que tenía desde hace casi un mes, pero esta
vez comencé con el Si Hubiera... Imaginando como hubiera sido si hubiera
hecho.... Pero como humano se que él hubiera no existe, es un mito como la
inmortalidad.
No quería dormir, decidí salir para
ver el tercer piso, el único que no había visto, esperaba ver unas
enormes escaleras de cristal como las de abajo pero en lugar de ello encontré
unas escaleras de madera oscura con barandal a ambos lados. Subí sintiendo la
madera debajo suave contra la planta de mis pies descalzos.
Las escaleras giraban completamente a la derecha llevándome a un piso del
mismo material, aquí estaba todo pintado de gris, por la noche y demás, se veía
azulado. Camine un poco entre saltos a una puerta de cristal con persianas
blancas, vi entre los huecos que las persianas dejaban. Por la luz que brindaba
la luna pude ver el interior de la habitación, tan pronto mire en ella abrí la
pequeña puerta.
Esta era una habitación para mi, enfrente había unos grandes ventanales de
cristal que daban a otro balcón, la pared derecha era de espejos con unas
barras de madera enfrente de ellas, en la esquina de una pared estaban colgadas
mis zapatillas. Mi corazón sufrió un puck al verlas, corrí hasta ellas y pase
mis dedos por su punta, sentía los ojos a punto de derretirse, sentí ese calor
engañoso de nuevo, a parte la mirada.
En medio de la habitación estaba mi piano de cola negro, me acerque para
ver las teclas. Do, re, mi.... Notas que me llevaban a viejos recuerdos,
recuerdos añorados por mi corazón, subestimados por mi mente y amados por mi
alma.
No tocaría, mis padres si eran normales y si dormían, no significa que los
que alteramos nuestros relojes del sueño seamos unos raros... Suspire.
Había pasado tanto tiempo desde que estuve sola con mi piano, con mi violín...
Mi mirada descarrió hasta el, que estaba dirigido a las ventanas con un tripee
y las partituras al frente.
En la última pared estaban mis pinturas, algunas hechas por mí, otras
compradas para mí, eran copias pero no importaban, son mías. La maja (vestida)
de Francisco Goya, Paris de Camille Pisarro, La Mujer con Paraguas de Claude Monet,
Danae recibiendo la lluvia de oro de Tiziano, Giovanna Tanabuoni, The Ouasys at
Rouen Efeito deneve em Erogny, hecho también por Tiziano y todas mías...
Los caballetes estaban distribuidos por todas partes, había una mesa
pequeña donde los pinceles, las paletas, los diferentes tipos de pinturas y un
aparato reproductor se encontraban, pilares de diferentes tamaños colocados y
distribuidos por todas partes donde descansaban mis bonsáis.
Todo estaba arreglado para mí, para mi estadía aquí... Trague saliva, di
media vuelta y salí del Estudio, salí sin antes ver de refilón mi radical
reflejo.
Hacía mucho frio, me metí debajo de las sabanas y del mullido edredón
blanco y vi el techo. No lloraría, ¿quién era yo para llorar? ¿Quién era mi corazón
para juzgarme? ¿Qué era mi mente para quebrarse? Todas las respuestas a estas
preguntas las sabia, pero también sabia mentir y lo sabía hacer muy bien, lo
cual es lo más importante. Pero algún día, muy pronto, la verdad me alcanzaría
y se mofaría de mí por tratar de negarla, y hasta que ese día me alcance, la seguiré
negando.
Uno, el día que me llevaron a mi primera clase de ballet. Dos, el día que
mi madre me llevo a la semana de la moda en Italia. Tres, el día que mi padre
me enseño el secreto oculto en nuestros ojos. Cuatro, el día que conocí a los
amigos de mi alma. Cinco, el día que le rompí el corazón a tres personas al
mismo tiempo. Seis, el día que morí y mas sin en cambio sigo aquí.

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